¿Son Los Minions tan divertidos? Una fórmula que sigue triunfando en la animación aunque no se reinvente

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
Los Minions triunfan en taquilla con cada nuevo estreno, aunque tengan pocas cosas nuevas que aportar, pero Illumination ha dado con la clave de su éxito.
Los Minions han perdido su gracia. No es que hayan dejado de ser divertidos, al contrario, cada vez que aparecen en pantalla se la comen como el primer día. El problema es que llevan 16 años haciendo los mismos chistes, sin evolucionar ni un ápice.
Es curiosa la historia del auge de los Minions. Nacieron ligados al universo de Gru con Gru, mi villano favorito en 2010, y se consolidaron con su secuela en 2013, pero no tardaron en distanciarse del supervillano para iniciar su propia franquicia con Los Minions en 2015.
Y ahí ya demostraron algo importante: los Minions no necesitaban a Gru para triunfar. Es más, estos personajes gozan de una ventaja de la que no puede fardar Gru, que al mismo tiempo es su mayor inconveniente.
La clave para el éxito de Los Minions

Illumination dio en el clavo al diseñar a los Minions: unas criaturas de formas tan simplificadas que las puede dibujar cualquier persona independientemente de su talento artístico, a las que coloreó de un amarillo único que ha pasado a ser bautizado como los personajes que lo lucen.
Basta un vistazo rápido para saber que lo que estás viendo es, en efecto, un Minion. La mercadotecnia estaba asegurada, y la marca era muy fácil de reconocer. Tan sólo faltaba darles carisma. Y en eso también acertaron de pleno.

Los Minions tienen un humor inmarcesible. Son sólo unos bichillos graciosos, tontorrones y, de tan torpes que son, su maldad no puede escapar de ellos más que con monerías. Se tropiezan, y hacen fracasar cualquier belicoso plan.
Su incapacidad para comunicarse en una lengua corriente hace que combinen palabras de muchos idiomas, y que repitan cosas como “papaya” mientras ponen muecas exageradas, en sintonía con el slapstick que predomina en sus chistes, muy centrados en lo físico, aptos para todas las edades.

Todo ello permite que los Minions tengan una vida eterna, porque no han sido diseñados para tener profundidad ni evolución. Los Minions simplemente son. Y eso los diferencia de Gru y el universo que hay a su alrededor, porque él, a diferencia de sus secuaces malvados, es humano.
Gru ha tenido tres secuelas principales, en las que Illumination necesitaba seguir pincelando al villano, mostrando sus grises como maestro del mal al tiempo que exploraba su relación con la paternidad.
Pero también creó una precuela, en la que conectaba la historia de origen de los Minions con la de origen del propio Gru cuando era un niño a través de Minions: El origen de Gru (2022).
Y es que para lanzar nuevas películas de Gru hace falta seguir una coherencia que se debe limitar a narrarnos su propia historia. Pero esta vertiente ya está casi agotada, pues hemos conocido al personaje desde su infancia hasta su adultez.
En cambio los Minions se pueden ver desde muchos ángulos más allá de la influencia de Gru. Y ahí es donde Illumination ha encontrado tanto potencial.

Los Minions se adentran en un Megaverse como el UCM
Estos pequeños villanos amarillos pueden protagonizar aventuras infinitas. Como bien prueba la saga, ya que ellos no necesitan cambiar ni evolucionar, tan solo divertir, basta con situar el concepto de lo que son en cualquier época o país para ofrecernos una historia novedosa.
Es más, en los últimos años habíamos tenido incluso un hilo conductor en los Minions, a través de los carismáticos personajes de Kevin, Bob y Stuart, con cada uno de ellos adoptando un rol dentro del grupo. Lo típico de tener uno que es el líder y otro el graciosillo, aunque al final todos sean un chiste.
Pero ahora los Minions ni siquiera dependen de ellos, y su nueva aventura se desliga todavía más de las líneas cronológicas previas que intentaban plegarse a la historia de Gru, probando una vez más su capacidad de adaptación.
Minions & Monsters nos trae a un nuevo trío protagonista -James, Henry y Ed- y nos traslada a los años 20 para narrarnos una película que apunta a ser una carta de amor al cine, con metanarrativa sobre la creación de películas, combinada con un adorable universo lovecraftiano.

Una locura que es más bien una genialidad, porque Illumination es más que consciente de lo que está haciendo con los Minions. Ya antes del lanzamiento de su anterior largometraje, Gru 4. Mi villano favorito (2024), anunció un paródico Megaverse al más puro estilo el Universo Cinematográfico de Marvel, con decenas de películas ficticias de la saga en camino.
Aquello era un chiste para promocionar la película del momento, pero también tenía mucho de cierto, una profunda autoconciencia de que estaban desarrollando su propio UCM. Uno que atendía a las cifras más que a la originalidad.

Cada nueva entrega de la saga se ha ido recibiendo con menos entusiasmo por parte de la crítica -con sus altibajos a lo largo del camino-, pero la taquilla ha continuado reflejando que la fórmula está lejos de agotarse.
Desde que se estrenó la segunda película de Gru, la recaudación mundial de los largometrajes siempre ha rondado los 1.000 millones de dólares por filme, hechos con presupuestos que nunca han superado los 100 millones. Es decir, siempre son éxitos rotundos.
Por eso Illumination no ha reinventado a los Minions en 16 años: porque no necesita hacerlo, ya que tuvo el acierto de inventar a unos personajes inmutables cuyas historias admitieran tantas variaciones como las que el público fuera capaz de sostener. Y, por ahora, lo sigue haciendo.
