¿Un efecto dominó con Warner? 2026 puede ser el año en el que la industria del cine cambie por completo

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
Netflix ha compartido sus planes de negocio de cara a los futuros estrenos de Warner Bros. en los cines antes de su rápida llegada al streaming.
Leonardo DiCaprio temía a finales de la semana pasada que los cines fueran a desaparecer como también lo hicieron “los bares de jazz”, convirtiéndose en espacios de nicho poco frecuentados.
Su temor partía de una preocupación real que vivimos en el día a día, con las proyecciones en salas de películas de ficción siendo de forma prograsiva más limitadas porque “la gente espera para verlas en streaming”, haciendo que el protagonita de Titanic se preguntara si el público “todavía tiene ganas” de ir al cine.
Esta es una situación que llevamos experimentando de manera generalizada durante los últimos años, con el auge de los servicios de streaming en los que se ofrece cada vez más oferta a través de un mayor número de plataformas.
Pero no ha hecho sino incrementarse en estas semanas ante la salida a la venta de Warner Bros. y los esfuerzos de Netflix por hacerse con la productora antes de que Paramount se la arrebate.

Todo parece indicar que Netflix saldrá victoriosa en las negociaciones, y con ello un nuevo modelo de negocio sobre el que ya ha empezado a dar pistas para iniciar sus primeros movimientos en los meses venideros.
A principios de 2026, Netflix anunció que tenía intención de seguir manteniendo los estrenos en cines de Warner Bros., aunque por un tiempo muy limitado, permitiéndole a las nuevas películas estar tan solo 17 días en cartel, reduciendo todavía más la ya escasa cifra de unos 30 días que era habitual en las producciones del estudio antes que llegaran al formato digital.
Un cambio que no lo fue tanto
Todo empezó con la pandemia, que supuso un antes y un después en la forma en que el público consumía cine. Nos dejaron sin salir de casa y la única vía de escape era la televisión, así que todas las compañías se volcaron en reforzar o lanzar sus propias plataformas de streaming.
Eso acabó teniendo consecuencias curiosas, como el caso de Disney: después de empezar nuevos desarrollos que estaban destinados a Disney Plus, se dieron cuenta de que había dejado de ser viable un estreno exclusivo para el streaming en cuanto la gente volvió a salir de casa sin miedo.
Vaiana 2 fue una de las afectadas más evidentes del fenómeno, que mutó en un largometraje tras haber sido concebida como una serie. Pero Disney no fue la única que decidió apostar por el cine.
Incluso la propia Netflix, que defiende a capa y espada su modelo digital, recurre a la gran pantalla cuando lo cree necesario.
Ya sea estrenando de manera limitada películas con las que espera optar a los Óscar y conseguir una buena recaudación en taquilla durante sus primeros días como en el caso de Frankenstein (2025) de Guillermo del Toro, como llevando los finales de sus series a las salas para crear un gran evento y espectáculo, tal y como hizo con el de Stranger Things en Estados Unidos.
¿El cine está condenado a extinguirse?
El cine y el streaming son, con el paso del tiempo, un complemento del otro, dos medios distintos para disfrutar de lo mismo según tus circunstancias del momento, pero que podrían llevar a error.
Lo mismo que me equivoqué al ver Vaiana 2 en cine, también fallé al ver Frankenstein de Guillermo del Toro en Netflix, y temo que este último caso me siga ocurriendo cuando la cadena de streaming empiece a forzar esas cortísimas proyecciones de Warner Bros.
Como yo, sé que a mucha gente le ocurrió algo parecido, y prefirió esperar para ver la película gratis antes que pagar una entrada de cine. Por eso, en los próximos meses tocará estar muy alerta y ser selectiva de verdad con el contenido que te interesa, porque tal vez se escape alguna joya que en el fondo preferías ver en grande.
No hay una respuesta clara sobre cuál será el futuro del cine y qué consecuencias reales veremos a lo largo de los siguientes meses y próximos años, pero hay algo que no dudo: el cine no se extinguirá.
Es posible que acabe convertido en esos bares de jazz que tanto teme Leonardo DiCaprio, aunque yo creo que, mientras siga siendo accesible, el público continuará acudiendo porque ofrece una experiencia única que no puedes trasladar al salón de tu casa, ya sea por el equipo de audio y vídeo, por sus butacas, o por el componente social que implica acudir a una sala dedicada a ver películas.

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