La nueva Xbox podría ver comprometido su rendimiento si usa un procesador Qualcomm Snapdragon ARM, según Digital Foundry

Los expertos de Digital Foundry consideran que, si la próxima Xbox usa tecnología ARM, supondría un gran conflicto para la retrocompatibilidad.
Mientras los usuarios han atravesado el ecuador de la actual generación, en Microsoft trabajan en su futuro reemplazo, la próxima Xbox.
Una nueva consola que vendrá acompañada de una portátil, y cuyo desarrollo ganó velocidad después de recibir el visto bueno de las altas esferas, a comienzos de este año.
Desde Xbox han prometido que nos espera “el mayor salto tecnológico hasta la fecha”; y ahora, Digital Foundry ha revisado la validez a esa afirmación según las posibles especificaciones de la consola.
Microsoft corre riesgos si la nueva Xbox se basa en ARM
Los expertos de Digital Foundry consideran que, de ser ciertas las últimas filtraciones, Xbox se toparía con problemas de rendimiento al usar un procesador ARM.
Desde hace años sobrevuela una gran pregunta sobre el futuro del hardware de Xbox: ¿seguirá apostando por arquitecturas x86 o explorará el salto a ARM y su tecnología?
La reciente aparición de una oferta de trabajo de Qualcomm apunta a que Microsoft podría estar colaborando con ellos para desarrollar la nueva Xbox, con procesador Snapdragon.
Si Microsoft decidiera apostar por ARM en su próxima consola de sobremesa —posiblemente en 2028— estaría asumiendo riesgos considerables, sobre todo en cuanto a retrocompatibilidad.
Emular un procesador Zen 2 (como el que usan las Series X|S) en ARM, sin perder rendimiento, es un reto técnico enorme.
A día de hoy, incluso los portátiles Surface con Snapdragon muestran limitaciones notables en juegos debido a la capa de compatibilidad PRISM, que no siempre ejecuta correctamente el código x86. Muchos títulos, directamente, ni arrancan.
Además, aunque los chips Snapdragon han mejorado su rendimiento gráfico, su rendimiento aún está lejos del nivel de una GPU dedicada basada en RDNA como la que ofrecen actualmente las consolas de Microsoft.
Y cambiar de arquitectura gráfica no es trivial: aunque DirectX ayuda, Microsoft ha confiado tradicionalmente en AMD para garantizar la compatibilidad entre generaciones, incluso a nivel de hardware.
Microsoft ha prometido que su próxima consola marcará un antes y un después en cuanto a capacidad técnica. Pero para justificar su existencia, ese salto debe ser realmente sustancial.

Al mismo tiempo, la consola no puede salirse de un presupuesto razonable, algo complicado en un momento en que los precios de producción no paran de subir.
Ahí es donde entra en juego el equilibrio: una GPU de tamaño moderado, reforzada con soporte nativo para trazado de rayos y aprendizaje automático (como el caso de PS5 Pro), parece el camino lógico para Digital Foundry
Por ahora, lo más razonable es pensar que la futura Xbox seguirá utilizando una arquitectura x86 personalizada de AMD, posiblemente fabricada en 3nm.
ARM podría formar parte del ecosistema Xbox en forma de dispositivos alternativos o portátiles, pero pensar en una nueva Xbox basada en Snapdragon es, para estos analistas, una apuesta demasiado arriesgada.
Todo puede cambiar, pero si algo ha dejado claro Microsoft estos años es que la retrocompatibilidad es sagrada. Saldremos de dudas tan pronto como la nueva Xbox se anuncie de manera oficial.