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La opinión de
Sonia Herranz

Una adicción que las englobe a todas

Niño jugando a videojuegos

Que el gobierno de China haya limitado las horas de juego online a los menores de edad ha levantado algunas ampollas y ha servido para reforzar la posición de los que defienden que los videojuegos son un peligro y crean adicción, como una droga peligrosa. 

La adicción, como tantas palabras de nuestro rico idioma, se está desgastando de tanto usarla y se está quedando hueca por dentro. No todo el que dedica muchas horas a la semana a una actividad es un adicto. Seguro que muchos de los que trabajan 10 o 12 horas diarias no son adictos al trabajo, son “adictos” a pagar las facturas… 

Además, todas las actividades que nos producen placer, que nos ayudan a evadirnos de la cruda realidad, que nos relajan, son susceptibles de convertirse en una adicción. Sí, los videojuegos también.

Nuestro cerebro está diseñado para repetir los comportamientos que le producen satisfacción. Cuando algo nos gusta generamos dopamina, la hormona de la felicidad, y nuestro cerebro nunca se cansa de ella. Siempre quiere más. 

Así, tendemos a repetir patrones que inundan nuestras neuronas de dopamina, que nos relajan, nos dan satisfacción o nos alivian de un dolor, sea físico o mental. 

Salir con amigos, jugar a las cartas, el sexo, leer, hacer deporte, ver la tele, jugar con videojuegos, navegar por las redes sociales, apostar o invertir (que viene a ser lo mismo)… son actividades que producen placer y todas, a la larga, pueden degenerar en una adicción

correr es perjudicial para las rodillas

Pero una adicción no es salir a correr dos horas todos los días, o meterse una panzada para acabar una serie en un fin de semana o irse a trabajar una noche sin dormir por terminar un libro (solo un capítulo más)… 

Sin embargo, sí hay mucha gente que piensa que eres adicto a los videojuegos si dices que juegas dos horas diarias, o que este finde no has salido por acabar un videojuego o que te quedaste sin dormir porque se te atragantaba un jefe final... 

Porque, por desgracia, los videojuegos siguen estando considerados por mucha gente como una opción de ocio de inferior calidad que el deporte, la televisión o la lectura. Más peligrosa. 

Yo conocí a un vigoréxico (adicto al deporte) y las cosas no acabaron bien para él. Cada segundo de su tiempo libre, escaso por culpa de un trabajo estresante y exigente, era para practicar deporte. Llevaba el maletero lleno de raquetas, pelotas, balones y palos de golf. 

Dejó de comer (los batidos y yogures no los considero comida), de ver a su familia (solo volvía a casa para dormir), y de relacionarse con nadie ajeno a maratones, crossfit, gimnasio o torneos de lo que fuera. Tenía la cara demacrada y las piernas como palillos. Eso sí, duro como una roca. No sé qué ha sido de él.   

Muchas cosas pueden llegar a convertirse en una adicción. Una de verdad, de esas que desplazan de tu vida todo lo demás. Una adicción que provoca que baje tu rendimiento escolar o laboral, que te aísla, que te hace abandonar tus otras responsabilidades. Que se coloca como la prioridad número 1 de tu vida.

Y sí, podría llegar a ocurrir con los videojuegos. Igual que con el cine, el juego, el sexo, el deporte, las redes, las compras, la comida, el riesgo… 

Pero no todo el que echa una bonoloto, no perdona el sábado sabadete (ni el lunes, ni el martes…), corre maratones o las celebra en casa con Star Wars, es un adicto. No son ludópatas, donjuanes, vigoréxicos…

Imagen de una máquina tragaperras

Quizá deberíamos dejar de usar la palabra adicción con tanta ligereza, para no confundir ni confundirnos. Una adicción destruye tu vida, una afición le da un puntito de alegría. 

Nadie está libre de caer en una de estas adicciones de comportamiento (sin sustancia de por medio), pero los videojuegos no son peores que otras fuentes naturales de dopamina. 

He leído que “están diseñados para crear adicción”. Toma, no. ¿Es que se hacen series, películas, libros o quedadas con amigos esperando que sean aburridas? 

Aquí, el problema de fondo, como siempre, son los niños, mucho más susceptibles que los adultos a quedarse enganchados con lo que les gustan en un momento concreto (no sé la de veces que vi Cars). Y sí, hay que cuidar a los niños. 

Pero eso es una tarea de los padres, que deben vigilar qué hacen sus hijos, cuánto de su tiempo dedican a cada actividad, compartir con ellos los momentos de ocio. Si un niño se hace adicto (de verdad) a los videojuegos, no se puede culpabilizar a la industria, si no a su educación

adiccion niños moviles

Quizá es adicto a lo que tiene a mano, porque sus educadores no le estimulan de otra manera. Porque es mucho más cómodo tener al niño entretenido con la maquinita que sacarlo al parque, llevarle al zoo o sentarse con él a ver una peli. 

Como jugadores, no debemos negar que puede haber adicción a los videojuegos. Se calcula que el 10% de las personas es susceptible de caer en este tipo de adicciones conductuales (en todas)

Sí, es posible que haya adictos al videojuego y habrá que ayudarles, pero son un pequeño porcentaje.

Como sociedad no deberíamos alarmarnos porque haya adicción a los videojuegos, deberíamos preocuparnos porque estemos más tiempo pegados a una pantalla que disfrutando de la vida. 

No son los videojuegos en particular los que nos absorben el cerebro, son las nuevas tecnologías en general. Y, me temo, que la solución no pasa por regular, pasa por despertarnos y descubrir qué nos está pasando. 

También me vi muchas veces Wall-e con mi chaval y ese es el mensaje que más asustó.

Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no tienen por qué coincidir necesaria o exactamente con la posición de Axel Springer o Hobby Consolas.

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