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La opinión de
Antonio Sánchez-Migallón

Hay una nueva era de Dragon Ball, te guste o no, y a mí me encanta

Dragon Ball Super 130

Como cada sábado, os traemos una publicación especial relacionada con el mundo de Dragon Ball. En esta ocasión, dejamos aparcados los reportajes, los programas en vídeo o las entrevistas para abordar un artículo de opinión sobre la situación actual de la franquicia y lo que está generando en el fandom. Repito, que nunca está de más, es un texto completamente subjetivo, así que si estás de acuerdo o en contra con todo lo que diga a continuación, lo entenderé. ¡Empezamos!

Siempre que escribo un blog de este tipo en Hobby Consolas, me embriaga una profunda emoción e ilusión por tener la oportunidad de compartir con vosotros, sin rodeos, todo lo que se me pasa por la cabeza. En los últimos días, meses y años me he empapado de comentarios sobre la franquicia, y he presenciado la constante evolución del comportamiento de los fans de Dragon Ball en las redes sociales, derivando en el amor ciego o en el odio gratuito a la obra. Y esto mismo se puede extrapolar a cualquier sector y plataforma de la red, donde en ocasiones impera el radicalismo por encima de la razón, asustando a las personas más sosegadas que reprimen su propia opinión con tal de no entrar en conflicto o en debates sin sentido. Libertad de expresión sí, siempre, pero respeto y educación también. Si estos elementos no van de la mano y confluyen todos en un mismo punto, el civismo y la comunicación, terminamos atentando contra la libertad, reprimiendo al prójimo y dejándolo sin expresión. ¿Tú también crees que esto se ha ido un poco de las manos? 

Dragon Ball Z: Battle of Gods
Dragon Ball Z: Battle of Gods

Desde el estreno de Dragon Ball Z Battle of Gods en 2013, el primer largometraje con el que regresaba la nueva era de la franquicia, ya se empezaron a escuchar las voces más críticas que negaban, rotundamente, un posible regreso de la serie. Algunos fans no querían ver ni en pintura a Akira Toriyama, detestaban cualquier producto nuevo que pudiera truncar la infancia de sus vidas, incluso sin consumirlo en primer lugar, reaccionando contra cualquier atisbo de novedad o cambio en la serie. Todo era malo, todo es un desastre. En contrapunto, empezaron a alzarse los aficionados que veían todo esto con muy buenos ojos, que defendían a capa y espada cualquier novedad, sin tener siquiera una simple noción de la misma. Todo era bueno, todo es una maravilla. Y claro, cuando dos polos tan opuestos estallan, la polémica está servida, salpicando a los fans que nos situamos en mitad de este abismo, viendo cómo unos y otros se lanzan Kamehameha mientras intentamos disfrutar de la obra, analizando sus puntos buenos y criticando todas sus carencias. Sí, hay mucho ruido alrededor, pero pese a ello, lo conseguimos. Disfrutamos. 

Llegar a este punto de tranquilidad, donde uno mismo es capaz de valorar lo que tiene delante de sus ojos, es complicado. ¿Y por qué es difícil? Porque necesitas personalidad, cierto grado de madurez y ganas de aprender e investigar por ti mismo. Vivimos en la época del consumo cómodo e inmediato, donde estamos influenciados por miles de frentes, con referentes de dudable experiencia y con nicks en los que confiamos sin pararnos a contrastar dos veces. La de mentiras y desinformación que se ha llegado a publicar sobre Dragon Ball Super en YouTube, por el amor de Kami Sama, y el daño que se le ha hecho a este anime a raíz de la masa social nerviosa, mal informada y destructiva (me río yo de Beerus). Tú podrás tener tu opinión sobre esta serie, yo podré tener la mía (ya sabéis que para mí roza el notable bajo, después de abordar varias veces sus 131 episodios -algunos la evalúan y le ponen nota sin haberla visto entera, cosa que jamás comprenderé-), pero nunca debemos caer en el insulto, el desprecio o la adopción de una idea u opinión que no nos pertenece. ¡Sed vosotros mismos!

Dragon Ball Super 5

Sin lugar a dudas, el capítulo 5 de Dragon Ball Super marcó este anime, poniéndolo en el punto de mira mundial y haciendo saltar las alarmas sobre lo que estaba pasando. Pues bien, lo cierto es que no estábamos ante algo nuevo. Cada fin de semana analizo Dragon Ball Z en profundidad, no con los ojos de aquel niño que veía la serie en el Club Megatrix, sino con un prisma totalmente diferente. ¿Y sabéis qué? Que fuera de estos análisis, en el material gráfico que no llego a publicar, "juego" a capturar las peores escenas de los episodios, y tenemos frames y tomas de varios segundos horribles (tanto o más que lo vivido en el malogrado episodio 5). ¡Y no, no es una cuestión plena de avance tecnológico, no está justificado que un dibujo sea horrible a finales de los años 80 o principios de los 90 simplemente por ser "viejo"! Sí, yo también flipo con este argumento. ¡Es una cuestión de destreza artística y de tiempo de producción! ¿Sabías que la saga de Golden Freezer, la más horrible gráficamente, fue una de las más caras de toda la serie? Esto tumba otra gran mentira que se proliferó en la red, donde se afirmaba que "con un gran presupuesto, Dragon Ball Super tendría más calidad". Falso. El dinero puede ayudar, pero no es determinante para el arte.

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Golden Freezer

Tic, tac. ¡El tiempo es la clave! En la era Z, los animadores tenían muchísimo más tiempo para producir los episodios, horas preciosas de las que han sido privados los trabajadores de Dragon Ball Super. Naoki Tate fue el encargado de supervisar el dichoso episodio 5, uno de los animadores más competentes de Toei Animation caracterizado por la gran fluidez de movimientos (que todo sea dicho, participó en Dragon Ball Z, al igual que otros artistas de Super como Masahiro Shimanuki o Tadayoshi Yamamuro). Y claro, el estilo artístico de cada uno se adapta mejor o peor a los plazos. Pero siempre, SIEMPRE, hemos tenido dibujos horribles y maravillosos en este anime. La calidad gráfica que tenemos hoy, a veces es mejor y otras peor que la de los años 90 (sí, has leído bien, en ocasiones Dragon Ball Super es mejor que Dragon Ball Z, y esto no es opinión), y todos los episodios están sujetos a condiciones muy diferentes a las del pasado. 

Dragon Ball Super 130

En esta nueva era de la serie, también se ha contaminado la acepción de "animación". ¿Acaso no has visto a alguien ver un frame de Dragon Ball Super y decir "qué mala animación tiene esta serie"? Una cosa es un diseño, un dibujo totalmente estático que se puede capturar a muy mala idea, y otra cosa el movimiento que se despliega en pantalla, esto es, animación. Efectivamente, los inicios de este anime, concretamente las tres primeras sagas y media, adolecen de una animación (movimiento) muy pobre, con frames toscos que en ciertos momentos me dieron hasta vergüenza, y más tratándose de la serie de mi vida. Tuvimos que esperar más de 50 episodios para ver algo decente en el campo de la animación, exceptuando un par de episodios como el 13 o el 39 (menos de la mitad de toda la serie, que conste). Pese a todo esto, la gran crítica social que se forjó desde los inicios y el odio y fanatismo creciente, Dragon Ball Super logró superar todos y cada uno de los obstáculos hasta arrasar en todo el mundo, con enemigos como Zamasu o Black que ya son parte nuclear de la cultura de la serie o sagas como el Torneo del Poder, con momentos que me erizaron la piel como cuando era un niño, logrando lo que no consiguió Dragon Ball, Dragon Ball Z o Dragon Ball GT: llenar las plazas públicas de las ciudades y pueblos en Latinoamérica. A veces pienso que las malas críticas que recibió al comienzo fueron su mejor promoción. 

Ante esta evolución positiva, pocos podían imaginar que un 25 de marzo de 2018 la serie iba a dejar de emitirse en Fuji TV. ¡Ahora que había alcanzado una calidad más que decente, enganchando incluso a los más escépticos, todo había "terminado"! Y claro, lo tengo que entrecomillar porque toda esta aventura de Dragon Ball Super había sido la carta de presentación para algo más grande, un renacimiento con todas las letras que estaba a punto de desatar un nuevo debate en el fandom. Si bien el marco del manga está cubierto con Toyotaro, que ha conseguido enganchar a gran parte de los fans con su arte (a mí todavía me tiene que ganar, no soporto sus manías creativas), el campo del anime está determinado por el próximo 14 de diciembre, fecha en la que se estrenará Dragon Ball Super Broly en Japón, y con ello, una nueva época de la serie en el campo artístico.

Volvemos al estilo de finales de los años 80 y principios de los 90, con una apuesta clara por la fluidez en la animación y un arte más suave, esbelto y aparentemente menos detallado. Naohiro Shintani es el artista escogido por Akira Toriyama para llevar la batuta de este renacimiento de la serie, con estrellas invitadas como Yuya Takahashi (para mí, el mejor artista de la obra en los últimos 20 años). Pese a ser un arte que aboga por el estilo original, me da la sensación de que Shintani se basa ocasionalmente en los diseños actuales de Akira Toriyama, algo que me aterra, pues no me agrada el estilo renovado del maestro en Dragon Ball (vamos, que algunos de sus últimos diseños de Goku o Vegeta me parecen malos de narices). Afortunadamente, en la película tendremos la participación de diferentes artistas que mostrarán estilos diferentes, y vuelvo a repetir algo que llevo diciendo hace mucho tiempo, estaremos ante la película de Dragon Ball con mejor animación de la historia. No me cabe duda.

Ahora, de lo que no estoy tan convencido es del argumento. Como sabéis, en este largometraje se abordará Dragon Ball Minus, la historia canónica de Akira Toriyama sobre los orígenes de Son Goku, la cual rompe con el especial de TV de El último combate y la esencia de personajes como Bardock, pasando de ser un tipo frío e impío, sin ningún apego afectivo a su hijo, a un saiyan familiar con complejo de Jor-El. Sí, en Minus, más que nunca, vemos una referencia clara al origen de Kal-El en Superman, algo que estaba más tapado en la antigua concepción de la obra. ¿Ahora tenemos que enterrar la carga emocional de aquella mítica bandana de color rojo? ¿Veremos a Bardock empapado en sangre frente a Freezer? ¿Se romperá realmente con el contenido que conocíamos hasta la fecha? Por lo menos veremos a Gine, la madre de Goku, en el anime, algo que llevaba años esperando. Lo que está claro es que Dragon Ball se está reescribiendo, en mayor o menor medida, en los últimos tiempos. Conceptos que antes parecían una locura, una incoherencia o no estaban definidos, ahora son una verdad absoluta (guste o no), están clarificados o son más incoherentes todavía.

Dragon Ball Minus

Es la magia de Dragon Ball, una obra en constante crecimiento cuya evolución no es armónica con la de sus espectadores y lectores. Los fans nos desarrollamos junto a la serie, nos hacemos mayores, pero la obra siempre será más joven que nosotros, se retroalimentará con las futuras generaciones, y puede que muramos sin saber cómo continúa el próximo episodio. Son Goku, Vegeta y Bulma siguen más vivos que nunca, y yo me niego a darles la espalda simplemente porque sea algo nuevo o rompa con detalles que viví en mi infancia. Les seguiré abriendo las puertas de mi casa, les diré lo que me parece bien y mal de sus nuevas aventuras, pero seguiré apoyándoles hasta mi último hálito de vida. 

Dragon Ball Super Broly en cines

No sabría describir mi perfil como fan de la serie, pero soy un amante de la obra original, primero del manga de Akira Toriyama (leedlo, por favor, sobre todo las nuevas generaciones) y después de su versión anime. Sí, reconozco que incluso simpatizo con Dragon Ball GT, hecho que no me impide señalar todos y cada uno de sus puntos negativos, pues son más abundantes que los positivos. ¡Pero no pasa nada por decirlo, ni soy menos fan de la obra por ello! Parece que es tabú decir que te gusta esta serie, Dragon Ball Super o la pizza con piña. ¡Nadie debería montar un drama o dictar sentencia por temas tan inocentes! Lo que está claro, y esto debemos tenerlo muy presente, es que ni el Dragon Ball más añejo ni el Dragon Ball más actual podrá convencer a todo el mundo. ¿Mi consejo? Disfrutad de esta franquicia si podéis, y si es imposible, dejad disfrutar a los demás. ¡Kai, Kai!

 

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