María Bescós

Colaboradora

Ir al cine sola no es ningún drama ni reto... si eliges la sala adecuada

Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

No hace falta que te acompañe nadie al cine para ver una película, pues en algunas ocasiones hasta disfrutarás más de la experiencia en solitario. 

La semana pasada estuve charlando con un amigo cinéfilo sobre la práctica de ir al cine sin acompañante y me habló sobre una suerte de experiencia espiritual que él sentía al ir a ver una película solo

Al tener una tarjeta de fidelización con el cine que le permite ir a ver películas a lo largo del mes de forma indefinida puede acabar yendo a una sala hasta tres veces por semana, y muchas veces es imposible cuadrar horarios o intereses con alguien para que lo acompañe, así que tiene la costumbre de ir por su cuenta a ver los largometrajes en pantalla grande

Según me relataba, lo mejor para él era optar por un cine antiguo, en los que suele haber menos afluencia y donde casi todo el mundo va a ver la película sin nadie más. En cines en los que estrenan películas de nicho, en versión original, reestrenos de clásicos. 

En esas salas podía sentir una conexión con el resto de la gente que había ido a ver la película en soledad, al estar compartiendo ese momento a través de una especie de red invisible que unía a toda la gente desde sus butacas con aquellas imágenes en común proyectadas en la habitación oscura.

Yo nunca he sentido eso, un vínculo tan fuerte y profundo en una experiencia cinematográfica así de concreta, pero sí empatizo con algunos de los puntos que tenemos en común y que a ambas nos han llevado a terminar yendo al cine sin nadie más en varias ocasiones.

No necesitas a nadie para ir al cine

En mi caso, todo parte de la ubicación y, a partir de ahí, resulta natural poder ir a ver una película tú sola sin que eso sea un drama sino algo con bastante sentido. 

Cuando hablo de cine en general me estoy refiriendo a un espacio reservado para que conectes con la película: una sala llena de butacas ocupadas por personas donde la única interacción posible debería ser con el propio filme, que brilla en el centro de la habitación. 

Suele haber bastantes restricciones y avisos antes de que empiece la cinta, en los que te recuerdan que debes apagar tu teléfono móvil por deferencia hacia el resto de la audiencia. Y, a partir de este punto, empieza la desconexión total con el mundo exterior.

Un cine no te invita a ponerte a charlar para comentar la película, entre que el sonido de los altavoces es muy alto y hay otras personas en la sala a las que podrías molestar si alzas la voz por encima de lo que se está proyectando. 

La petición de que no saques tu móvil en medio de la sala también ayuda a que te sumerjas con más fuerza en la película. Ya no es que no puedas comentarla con alguien que tengas al lado, es que tampoco vas a comentarla con alguien que no esté ahí, pero a quien mantengas al día mediante mensajes.

El cine crea un lugar apartado de la realidad. Quizá aquí sí podría decir que se acerca a esa experiencia espiritual de la que hablaba mi amigo. El cine es un sitio que te empuja a poner toda tu atención en él, que no admite interrupciones y que busca hablarte de forma directa a ti, sin necesidad de que nadie más te acompañe.

No todos los cines son buenos para ir sola

La situación cambia mucho cuando dejamos de hablar de cine y pasamos a hacerlo de algún tipo de evento más desenfadado como podría ser el CutreCon, un festival de cine cutre anual al que he ido en un par de ocasiones acompañada y al que jamás se me ocurriría ir sola. 

Pese a que en espacios como este se utilicen salas de cine de diferentes tipos y haya diversas proyecciones, el ambiente que he experimentado al asistir siempre ha sido totalmente opuesto al del cine regular

En él la gente comenta la película en voz alta con todo el público, grita, vitorea, abuchea. Y, aunque haya personas que vayan solas, ir con alguien te da la oportunidad de comentar no sólo lo mala que es la cinta sino también lo agitado que está el panorama, y eso complementa al hecho de ver el metraje. 

Algo similar me ocurre cuando veo cine en casa. En una escala mucho más relajada, cuando estoy en el salón con más gente me cuesta concebir el hecho de ver una película y no hacer ningún comentario y, en muchas ocasiones, hasta terminar la cinta sin hacer ninguna interrupción. 

El escenario cambia para favorecer que la actitud ante la producción también, ya que dejas atrás la pantalla gigante que se convierte en el único entretenimiento de la sala sin luz en la que estás encerrada. 

El largometraje cambia su significado según donde sea proyectado, la forma en la que te relacionas con él y, por eso mismo, también la manera en la que se altera tu percepción de la soledad o ausencia de ella cuando ves una película.  

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