María Bescós

Colaboradora

Ya no nos reímos apenas en el cine: ¿qué ha pasado con la comedia en los últimos tiempos?

Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

Hace bastante que no me río a carcajadas viendo una película porque las comedias que se han estrenado en los últimos meses han tenido varios fallos.

El otro día me vi Otro pequeño favor de Paul Feig, la secuela de Un pequeño favor (2018). Creo que es la película que mejor se enmarca en el género de la comedia de lo que me he visto durante lo que llevamos de año. Y es muy floja.

Me suelo ver películas malas, porque consumo bastante cine y muchas veces es difícil acertar de pleno y que todas se conviertan en grandes exponentes del género. Sin embargo, tengo un cierto criterio para mi selección inicial, antes de ponerme con alguna.

Ese criterio parece haberme alejado de las comedias pese a que suela preferirlas antes que un drama, y tal vez eso se deba a que los conceptos que plantean no me resulten atractivos o que la comedia no sea el eje central de la película sino un elemento más, que en muchos casos acaba dando como resultado algo difícil de clasificar.

Comedias que no son comedias del todo

Hay extrañas conjunciones de este tipo en cintas como Mickey 17, una película de Bong Joon-ho en la que Robert Pattinson hace uno de sus papeles más extravagantes. Es ahí donde reside la gracia de esta cinta: en ver a Robert Pattinson siendo estúpido, muy estúpido.

Mickey 17 tiene un contraste entre la solemnidad de la situación de una sociedad abocada a la extinción y los personajes esperpénticos que habitan este universo ficticio, con el actor de Crepúsculo en el eje de todo. ¿Y funciona? A medias, porque esa comedia no termina por explotar. 

Algo similar he sentido con Una película de Minecraft, como si dos mundos estuvieran compitiendo entre sí: el de querer satisfacer al público mayoritario infantil que adora el videojuego y el que quiere decirles a sus acompañantes mayores que la entrada ha merecido su dinero. 

Porque si algo destaco de esa película después de verla es a Jack Black cabalgando sobre un Jason Momoa que vuela mientras lo agarra de los pelos, para terminar casi haciendo un 69. No es que el resto de la cinta fuera seria, como le podría ocurrir a Mickey 17 por momentos, porque siempre se mantiene en un tono muy ligero, muy a lo copiar la fórmula Marvel de acción distendida. 

Más allá del absurdo

Tampoco termina de culminar la comedia en Bodegón con fantasmas, un ejercicio interesante por llevarte a un terreno conocido y, a partir de ahí, construir situaciones extravagantes con naturalidad, haciendo que esa extrañeza se vuelve humorística. 

La cinta de Enrique Buleo lleva a sus fantasmas a convivir con las gentes de un pueblo, pero la comedia en ella es más sutil, tienes que encontrarla mientras te familiarizas con la película. 

Death of a Unicorn, en cambio, quiere ser comedia desde su premisa: Paul Rudd y Jenna Ortega atropellan a un unicornio. Como un Robert Pattinson que no para de morir para después revivir, esta comedia es absurda. Absurdamente mala. Porque no es graciosa por sí misma más allá de su planteamiento, ni siquiera por sus mejorables efectos especiales.

Mis expectativas por esta película eran relativamente altas, ya que confiaba en reírme con ella aunque fuera por su baja calidad, y al final no me reí por nada. Con Otro pequeño favor pequé de nuevo al albergar esperanzas en pasar un buen rato tras el buen recuerdo que tenía de la primera entrega, acaso mejorado por la nostalgia. 

En esta ocasión, la película iba en un acelerado declive a medida que avanzaba. Me estoy resistiendo muy fuerte a no hacer ningún spoiler sobre el final por si alguien todavía no la ha visto y siente alguna mínima curiosidad, pero… 

Digamos que, una vez más, el humor estrambótico se convierte en la apuesta de sus guionistas, quienes fallan al convertir todos los plot twists de la película en algo ofensivo y que sólo busca una risa fácil para un público muy poco exigente en todos los aspectos, no sólo en la consumición de comedias. 

Pero si he llegado hasta aquí quejándome de la comedia y de lo poco pulida que ha estado en mis películas vistas más recientes, es sólo para destacar lo personal que puede resultar el humor. No recuerdo ninguna producción que me haya hecho reír más últimamente que Periquitos, un cortometraje de Álex Rey estrenado a finales del 2024.

En él, su cineasta imaginaba en tan sólo seis minutos cómo Hayao Miyazaki habría podido concebir el guion para el El chico y la garza (2023), en un corto tan específico que no te puede hacer gracia si no conoces la carrera del cineasta nipón ni has visto su último trabajo. Un ejemplo muy bueno para demostrar cómo este género es el más complicado de hacer satisfactorio.

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