Crítica de Bodegón con fantasmas, espíritus y costumbrismo español en cinco actos

Crítica de Bodegón con fantasmas, el primer largometraje de Enrique Buleo, en el que nos narra cinco historias interconectadas por un pueblo y la muerte.
No hay nada tan cotidiano como un pueblo, nada tan familiar como uno castizo. Bodegón con fantasmas lo sabe bien. Todos ellos albergan esos lugares comunes que conocemos de sobra:
No faltan sus gentes con una media de edad avanzada, las mentes proclives a la tradición influidas por la iglesia, sus calles poco transitadas, los comercios locales y los grupos de recreo en los que marujear... El cementerio.
El pueblo es un lugar que no esconde secretos entre sus habitantes y que no guarda ningún misterio para las personas de fuera, no llama la atención. El pueblo es un pueblo, sin más, demasiado ordinario como para despertar el interés.
Es el escenario idóneo para una historia costumbrista en la que recrearte con los pequeños quehaceres rutinarios de sus residentes, sus inquietudes, sus relaciones interpersonales. No necesitas demasiados preámbulos para ser capaz de adentrarte en él y conectar con las vivencias narradas.
Bodegón con fantasmas es un reflejo muy fidedigno de la “experiencia pueblo”. Enrique Buleo, junto con su pequeño equipo, se ha trasladado hasta el lugar en el que nació y creció para traernos su primer largometraje, rodado en un terreno que domina a la perfección.
Abraza los planos amplios, los encuadres que juegan con los elementos de la escena para enmarcar la imagen, a la que acompaña un sonido ambiente que realza el realismo de lo mostrado. Su música, que navega entre los tonos españoles y los serbios, muchas veces es diegética y, cuando no lo es, suele haber algún chascarrillo; fantasmas.

Su elenco ofrece interpretaciones tan naturales como si hubieran cogido a cualquier vecina de ese lugar perdido limítrofe de Cuenca para acto seguido meternos en su casa, con un diseño de producción tan cuidado que nadie diría que es falsa. Las moscas están estupendas, no son de CGI, son de carne y exoesqueleto, revoloteando por la pantalla.
Pero sí que hay CGI, algo burdo en lo evidente y llamativo, cuando no son figuras con baja opacidad o actrices con sábanas y agujeros en los ojos. Y no es cutre, es efectivo, porque para poder llegar hasta aquí primero te has tenido que creer al pueblo.
Un pueblo que introduce con naturalidad una ouija tejida en el mantel del comedor para que la familia de la casa practique una invocación mientras almuerza, en el que se da la noticia de que el Papa ha clausurado el Limbo, donde sorprende más descubrir que una muerta es trans antes que verla aparecerse como un espectro.

Realismo mágico a la española
El cine español no ha conocido un cineasta mejor que José Luis Cuerda para llevar esta corriente del realismo mágico a la gran pantalla, convirtiendo lo convencional en surrealista sin llegar al absurdo, transformando un típico pueblo de nuestro país en un lugar donde las personas brotan del suelo, o en el mismísimo Cielo.
Lo extraño se fusionaba con lo corriente, con sus personajes reaccionando de manera impasible ante situaciones que para el resto no tendrían sentido, propiciando el humor absurdo. Ahí residía la magia de su cine, conseguía que pudieras desplazarte a un espacio tan singular como habitual para hacer sátira sobre España sin que torcieras el gesto.

Resulta blasfemo compararlo, pero hay algo de ese cine en el que aquí firma Enrique Buleo, con algo menos de gracia en su comedia comedida y un ritmo más pausado, a través de una película por episodios de 88 minutos de duración en lugar de un largometraje al uso.
A veces da la sensación de que algunos de esos cortos interconectados por sus secundarios y localizaciones proponen ideas que podrían tener un desarrollo más largo y se limitan al gag, y gags que no han sido tan bien planteados y pedían menos tiempo en pantalla.
Su director lo admite, este es el formato con el que mejor conecta y con el que mejor cree que lo hará su audiencia: si una historia no te gusta lo suficiente, tienes otras cuatro para elegir que tal vez encajen mejor contigo, así que tiene la excusa adecuada para permitirse esa irregularidad.
Empezando y terminando por el pueblo, todos los relatos arrojan una mirada particular sobre la muerte a través de los personajes que tienen una relación directa con ella, aunque al final nada parece haber cambiado y todo sigue su curso, tal y como sigue el de cualquiera de nuestros pueblos.
Bodegón con fantasmas habría querido estrenarse en Halloween pero su estreno se ha ido posponiendo y posponiendo hasta el viernes 7 de febrero de 2025.
Valoración
Nota 77
Bodegón con fantasmas es una suerte de heredera espiritual del cine más curioso de José Luis Cuerda, convirtiendo a un pueblo español en un lugar donde la gente viva acepta con relativa normalidad las presencias del más allá.
Lo mejor
El costumbrismo como puente para el surrealismo.
Lo peor
Algunos capítulos gustarán más que otros. No es tronchante.

