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La opinión de
Sonia Herranz

Muchas felicidades, Pac-Man... aunque me caigas gordo

40 Aniversario de Pac-Man
Hoy cumpleaños Pac-Man, nada menos que cuarenta añazos que, para un punto amarillo incompleto, es algo más que memorable. Hablamos de uno de los juegos más influyente de la historia de los videojuegos, cuyo legado va más allá del éxito que alcanzó en los salones recreativos de todo el mundo, acumulando recaudaciones récord, especialmente en Estados Unidos.

Pac-Man sacudió los cimientos de una joven industria que estaba volcando sus esfuerzos en los shooters, abriendo la puerta a experimentar con nuevas fórmulas. Además, en su concepción se tuvo muy en cuenta a las jugadoras, tratando de presentar un concepto que atrajera por igual a hombre y mujeres. 

Pac-Man cambió muchas cosas y supuso una revolución que no se ha detenido. Además, es seguramente el personaje de videojuegos más conocido, incluso más que cierto fontanero bigotudo. Puede que quien vea su característica silueta lo llame comecocos, pero todos sabremos perfectamente a quién se refiere. 

Aquí podéis consultar 40 curiosidades de este mito del videojuegos. Y en el número de Hobby Consolas que está ahora en el quiosco podéis leer un reportaje sobre sus cuarenta años de historia.

Hobby Consolas 347: Aniversario Pac-Man

Curiosamente, a mí Pac-Man nunca me ha gustado. Era asidua a los salones recreativos desde pequeñita, pero mis monedas de cinco duros estaban destinadas a acabar con hordas alienígenas

Defender me hipnotizaba, Scramble me las hacía pasar canutas, Galaxian era una obsesión y acoplar las naves de Moon Cresta me subía las pulsaciones. Phoenix me tenía fascinada, quizá porque era la recreativa que tenía más accesible. 

Sin embargo, Pac-Man no me hacía tilín. Los fantasmas me ponían muy, muy nerviosa, y estar limitada a las paredes del laberinto me agobiaba. Tenía la sensación de que el stick no me hacía caso… Ya sabéis, la típica excusa de “es que me ha tocado el mando malo”. Vamos, que se me daba fatal. Y con botones, no os digo nada… 

Tropecientos años después debo confesar que me sigue generando las mismas sensaciones. He probado con algunas de las docenas de versiones, recreaciones y adaptaciones que han ido saliendo a lo largo de estas cuatro décadas, y siempre me pasa lo mismo. Me aturulla. Jugar a Pac-Man nunca me ha gustado y sigue sin gustarme. 

Sin embargo, eso no me impide reconocer sus virtudes, entender porqué engancha y valorar su importancia para el mundo del videojuego. Me encanta ver jugar a la gente que sabe, y me admiran sus nervios de acero para fintar en el último instante al fantasma de turno y memorizar los laberintos y las rutinas de los espectros. Yo, de memoria, no ando bien. 

No hay que ser muy listo para valorar ciertas cosas, encajen o no con tus preferencias, con tus gustos o con tu manera de ser. Tengo la suerte, la increíble suerte, de entender que lo que no me gusta no tiene porqué ser malo y que yo no disfrute jugando a Pac-Man no lo convierte en un mal juego, ni me da ningún derecho a atacarlo. 

Es más, me da pena que no me guste, porque estoy segura de que me he perdido una experiencia especial. En mi defensa diré que lo he intentado (igual que comer ostras crudas), pero he sufrido más que disfrutado (en ambos casos). 

Nada me obliga a sufrir, que hay muchos juegos en el mundo (y muchos moluscos menos viscosos), pero nada me da derecho tampoco a atacar a los que opinen lo contrario, que seguramente tengan razones para disfrutarlos. Y sí, me gusta la tortilla de patata sin cebolla y me parece que la piña le da a la pizza un toque interesante. Raruna que es una. 

No me gusta jugar a Pac-Man, pero hago una reverencia y le deseo lo mejor en su cuarenta cumpleaños, agradeciéndole todo lo que ha hecho por esta industria y rindiéndome a su capacidad para convertirse en un fenómeno que nadie olvida, lo que le ha granjeado un puesto en el acervo cultural del siglo XX. 

¡Muchas felicidades, Pac-Man! Creo que te voy a esperar en los 50…
 

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