¿Es Tiburón apta para todos los públicos? Utiliza el sentido el común en el reestreno de esta obra maestra

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
Reabrimos el debate: ¿a partir de qué edad es apropiado ver determinadas películas de alto impacto? Medio siglo después de su estreno, Tiburón vuelve a los cines y con ella, la polémica.
No hay respuestas sencillas a preguntas complejas. La recomendación por edades es, a día de hoy, solo eso, una recomendación. Como con los buenos consejos, se puede seguir o hacer oídos sordos porque no todos somos iguales ni tenemos las mismas circunstancias. Y además es algo que determinan personas, que a veces también pueden equivocarse.
Cuando una buena amiga me dijo a principios de verano que había estado viendo con su hija de 8 años la película Tiburón, solo pude echarme las manos a la cabeza. A ella le traía buenos recuerdos, la tenía en alta estima como un "clásico del verano"... pero probablemente la memoria le jugó una mala pasada.
Detrás vinieron las pesadillas, las nulas ganas de ver otra película "de personas" con su madre, de la que ya no se fía, y una aversión al mar que les ha costado unas vacaciones encerradas en el hotel, bien lejos del líquido elemento.
Que es una obra maestra, nadie lo discute. Su reestreno en cines por su 50 aniversario es una de esas ocasiones que no se.pueden dejar escapar, pero antes de meter a menores tan pequeños en la sala... ¿qué tal si echamos mano del sentido común, a veces el menos común de los sentidos?
Si atendemos a la calificación por edades oficial de Tiburón, nos hallamos ante una película "para todos los públicos" pero quizás hay que echarle una pensada antes de meter a un niño a ver una película que arranca con una secuencia (hablo del mismísimo comienzo solo) que puede dejarle huella.
No lo digo por decir: precipitarse cuesta caro. La impresión que pueden causar ciertos estímulos visuales y auditivos en un niño en una sala de cine, pueden dejarle una huella duradera en el tiempo.
Habrá quien piense: "Si es una película que tiene 50 años, ¡mis hijos ven cosas mucho más realistas ahora!". Bueno, no se trata solo de realismo, se trata también de sugestión.
El buen cine envejece bien, porque en su día se tomaron la molestia de no tomarle el pelo al espectador y ofrecerle un producto bien acabado (de ahí que triplicara los días de rodaje y el presupuesto), pero es que además ejerce en la audiencia el mismo efecto que un sortilegio.
Dicho así habrá quien me tome por loca, pero cuando se apagan las luces en la sala del cine es como si vendiéramos nuestra alma durante un par de horas: nos ponemos a merced de la ficción, nos ofrecemos a esas mentes creadoras que nos cuentan una historia como si se tratara de un encantamiento. En la mente de un niño no hay un "stop" que marque el final de ese embrujo.
Sencillamente y en pocas palabras, no tienen las herramientas para diferenciar la realidad de la ficción y, sobre todo por debajo de los 12 años, son mucho más vulnerables de lo que podamos pensar, por más que sean maduros en otras facetas de sus vidas: responsables, valientes, inteligentes...
¡Despierta! Sus 8 no son tus 8
Hay otro error que cometemos a menudo que es pensar que lo que nosotros vimos siendo niños es apropiado para ellos en el mismo momento de sus vidas. Pues no. Las películas son hijas de su tiempo y nosotros la suma de lo que hemos vivido y experimentado aunque sea de manera vicaria a través de las historias que hemos visto, escuchado y leído.
Así que ya no es que caiga o no en su área de interés lo mismo que nos interesó a nosotros en su día (de por sí improbable), sino que su manera de consumir y procesar audiovisual a día de hoy, en 2025, es completamente diferente al que teníamos cuando teníamos su edad. Todo es distinto: la cantidad de estímulos, la variedad de dispositivos, la finalidad de consumo... ¡Todo, todo!

Si vamos a exponer a un niño a una obra que tiene elementos perturbadores: violencia, sangre, angustia, estrés... tenemos que tener muy claro que es capaz de soportarlo, manejarlo y digerirlo. Como mínimo hay que hacer el esfuerzo de pensar dos veces qué consecuencias puede tener para él porque somos los adultos los responsables de su desarrollo emocional, intelectual y cognitivo.
Spielberg es un demiurgo de primera y supo apoyarse en talentos como el de Verna Fields, quien se alzó con un Óscar por su sensacional montaje, combinando las tomas de tiburones mecánicos manejados por expertos marionetistas con escualos reales que le dieron una especial verosimilitud a las imágenes, además de un ritmo endiablado, marcado por la BSO de John Williams.
El autor de la novela, Peter Benchley, se convirtió años después en un activista medioambiental que luchó contra la fama de depredadores implacables que le dio a los tiburones, así que... Cuidado, porque nosotros mismos, adultos, somos sugestionables y tenemos mucho que aprender a la hora de distinguir la fabulación del estado real de las cosas...
