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La opinión de
Alberto Lloret

Trabajar en Hobby Consolas: un sueño cumplido hace ya 23 años

Trabajar en Hobby Consolas - blog

Aprovechando que durante 2021 celebramos #Hobbycumple30 de muy distintas maneras,  quiero compartir con vosotros una parte menos visible de la revista, y en concreto cómo la vivimos algunos de nosotros. Así eran las pruebas de acceso para entrar a formar parte de la revista a finales de los 90 y cómo se trabajaba en aquella época. 

Para la gran mayoría de los que éramos jóvenes y lozanos en los años 90, y que además éramos lectores de Hobby Consolas, trabajar en la revista siempre tuvo el halo de ser un sueño inalcanzable. Mi amor por los videojuegos se venía forjando desde principios de los 80 con el ZX81, el primer microordenador que entró en casa, y que fue a más en EGB, cuando nos juntábamos cuatro gatos en los cuartos de baño del cole para cambiar cintas de juegos y los compañeros nos miraban como si fuéramos marcianos.

Entrando en el último semestre de la universidad, que todo sea dicho empecé sin demasiada convicción, me empezaba a agobiar qué derrotero profesional seguir, porque lo que había estudiado no terminaba de llenarme. Hasta que un día, leyendo la revista de marzo de 1998 (que se ponía a la venta el mes anterior, en febrero) algo me llamó la atención. Estaba en la sección "La Gran Ocasión", el wallapop de Hobby Consolas en los años 90 donde podías cambiar o vender tus juegos y consolas o dar a conocer un club.

Oferta de trabajo de Hobby Consolas 1998

"¿Te gustaría colaborar con Hobby Consolas?" era el titular de un recuadro diminuto, que casi parecía puesto ahí por error, y que salvo por el recuadro rojo, apenas llamaba la atención. Era una oferta de trabajo, bastante vaga en las formas y condiciones, que no estaba diseñada para llamar la atención quizá para evitar una riada de correspondencia. Pero en mi caso, bastó. Sin saber muy bien por qué y tras rumiarlo un poco, me puse a escribir una carta que finalmente acabó siendo un folio por las dos caras, con mi letra ultra apretujada, marca de la casa.

En la misiva, que todavía conservo en algún rincón de casa (una vez dentro la pude recuperar... soy un romántico para ciertas cosas), venía a resumir obra y milagros, lo que había jugado, lo que tenía en casa, desde cuándo jugaba, qué géneros me gustaban, cuáles se me daban especialmente bien, lo que suponía para mí trabajar en la revista... Puedo decir sin miedo que era cualquier cosa, menos un curriculum al uso, y totalmente en las antípodas de los que recibimos hoy día.

Especial 30 aniversario de Hobby Consolas

Con los nervios en el cuerpo, pedí a quien por entonces era mi novia, y hoy actual esposa, que le echara un ojo, a ver qué le parecía. Tras corregir algunas cosas (todos tenemos un pasado pateando el diccionario), me dijo que le había gustado, que no fuera tonto y la mandara. Yo no lo tenía claro... "Buah, habrá tortas para entrar". Pero finalmente lo hice. Recuerdo hasta los nervios agarrados en las tripas en el momento de dejar caer la carta al fondo del buzón.

Habéis leído bien: buzón. Hoy en día, con la comodidad del email, parece algo arcaico, y hasta a mí me lo parece, frente a la inmediatez  seguridad del correo electrónico. Pero en aquel entonces tenías que convivir con la desazón de no saber cuándo llegaría la carta, o directamente si llegaría. Y si te ponías a darle vueltas, podías caer en una combinación de posibilidades: ¿y si llega pero cae en manos equivocadas y acaba en la basura o en otra saca?

Al no tener noticias dos o tres semanas después de mandar la carta, como uno es un poco agonías, acabé llamando a la redacción. El "por mí que no quede", también conocido como un "hacer todo mal y al revés" de libro. Me acabó atendiendo la secretaria, Ana Torremocha, quien de manera bastante áspera, me vino a decir que todavía no se había iniciado el proceso. Que si me tenían que llamar, me llamarían. 

Redacción 1999

Y así fue, unos cuantos días después, mientras estaba comiendo para ir a la universidad, sonó el teléfono y sin saber quien podría ser dije "eso es para mí". Y así fue. La misma Ana con un tono menos antipático me dice que quieren hacerme una prueba y conocerme. No os puedo describir el subidón y los nervios que me entraron tras colgar.

La redacción estaba en San Sebastian de los Reyes, en un polígono industrial que por decirlo mal y pronto, quedaba de mi casa donde Jesucristo perdió la sandalia. Pero llegué a la hora acordada y tras avisar en recepción, bajó a buscarme Sonia Herranz, quien me guió al piso superior del edificio de dos plantas donde estaban las redacciones de todas las revistas de, por entonces, Hobby Press.. 

Recuerdo de manera nítida las escaleras, la puerta roja metálica que daba entrada a la redacción, y la mesa con una ristra de ordenadores y monitores gigantescos con la que te topabas nada más entrar. Mientras Sonia me enseñaba el sitio y yo la freía a preguntas (cómo capturáis pantallas de los juegos, cómo hacéis los mapas, cómo...), lo que más me llamó la atención era el cachondeo que había. Los servidores en los que se trabajaba estaban caídos (algo que sucedía de vez en cuando) y todo el mundo estaba ocioso. 

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Recuerdo a la mayoría de la gente haciendo el indio con Game Boy Camera, que todavía ni estaba a la venta en España, e imprimiendo fotos moñas entre risotadas. Había un gran ambiente, y desde ese momento supe que quería estar allí, con esos "desconocidos". Eso sí, imaginaos por un momento lo que es hacer una prueba en esas circunstancias, rodeados de gente haciendo ruido y cada vez con más ganas de dejarlo todo y unirte a ellos.

La prueba era bien sencilla: escribe un análisis de un juego reciente que hayas jugado y te guste. Recuerdo que el juego elegido fue Bushido Blade, con el que estaba super enganchado por entonces (se había lanzado en febrero en Europa)... pero no me pidas que recuerde como era el texto. Probablemente fue malo a rabiar, porque fue bastante complicado concentrarse con semejante jaleo. 

Fijaos hasta que punto fue surrealista la prueba, que incluso el maquetador jefe de Nintendo Acción, Miguel Alonso, que lleva jubilado desde hace años, vino a darme palique mientras redactaba la prueba.  Recuerdo hasta la última palabra : -"¿te gusta este trabajo?". -"Es el trabajo de mi vida". - "Bueno, pues estate tranquilo e intenta hacerlo lo mejor posible. Verás como tienes suerte". Desde ese día, sin saberlo, empezó una amistad con él que todavía hoy día perdura.

Algunos días después me llamaron para decirme que había sido seleccionado. Con el tiempo me enteré que habían pre-seleccionado a 20 personas, y que de esas 20, las pruebas que más les gustaron fueron la de Javier Dominguez, la persona con la que entré a media jornada en Hobby Consolas y con la que compartí sitio y ordenador durante el primer año, y la mía. Después, él pasó a ser redactor jefe de Nintendo Acción y hoy día es el cantante de El Mago de Oz (y todavía nos vemos cuando el tiempo lo permite).

Macintosh

La forma de trabajar en Hobby Consolas también era algo nuevo para mí. Tenía conocimientos de PC, pero nunca había trabajado en Mac, ni había tocado sus ratones con un único botón, entorno en el que seguimos trabajando, aunque ha cambiado mucho y para bien. Mi primer equipo, fue un Macintosh compacto con una diminuta pantalla monocroma, Era limitado a más no poder y servía para escribir los textos y poco más. De primeras, no teníamos ni email, y para editar las maquetas con las páginas de la revista, escribir los pies de foto o cambiar las pantallas, nos teníamos que poner en los ordenadores de los maquetadores cuando no estaban.

El proceso de captura era también bastante más laborioso que lo que ofrecen las consolas actuales. En los equipos que había nada más entrar conectábamos la consola, y capturábamos mientras jugábamos en una ventana, pantalla a pantalla que guardábamos de manera individual, una a una y poniéndoles nombre, y que luego se pasaban y se retocaban al servidor. Era un sistema poco habitual para la época (antes había que hacer fotos a la pantalla donde se jugaba), cuando las capturadoras eran algo raro y especializado. El proceso de captura era más laborioso que ahora. 

Hay que tener en cuenta que hace 23 años el mundo no era tan digital como lo es hoy día, e incluso las páginas, una vez terminadas, se "filmaban", que por hablar mal y pronto, era como revelar una foto... sólo que sacando cuatro planchas con distintos perfiles de color (el llamado CMYK o Cyan, Magenta, Yellow y Key/Black), que era lo que se mandaba a la imprenta.

Ken Kutaragi

Historias recortadas y comprimidas, que con la perspectiva del tiempo parecen antediluvianas, pero que siguen teniendo un encanto único... al menos para los que hemos tenido la suerte de vivirlos en primera persona. Y digo suerte porque me siento afortunado, y siempre lo he dicho. Primero, por haber tenido la suerte de empezar a trabajar en aquello que era y sigue siendo una de mis pasiones. Segundo, por seguir haciéndolo 23 años después, con todos los cambios que ha ido sufriendo la industria, sin olvidar a los compañeros que han ido cayendo por el camino, tanto en esta casa como en otros medios. 

Y es curioso porque hace pocos días, otro amigo, a quien conocí por ganar el concurso que organizó Hobby Consolas en 1998 para buscar a quien más sabía de videojuegos en España, me preguntó abiertamente: "¿y no te cansas de trabajar en lo mismo, después de 23 años?" Tuve opción de haber saltado de barco hace años, y no lo hice, pero lo cierto, es que echando la vista atrás, aburrimiento creo que es la única palabra que jamás ha tenido cabida (vale, salvo con algún juego contado). 

Y no ha sido por un único motivo o razón, sino por una variada mezcla de ellos. Ha sido por la gente que he tenido la suerte de conocer y con la que he trabajado o entrevistado, los viajes, las ferias y eventos, los juegos que he podido ver y disfrutar incluso meses antes de que estuvieran terminados y, por supuesto, todo lo que he aprendido por el camino (y sigo aprendiendo). A veces no es un trabajo fácil, por los tiempos y los ritmos... pero no me cabe la menor duda de que si volviera a nacer, repetiría una y mil veces.

Por eso, en lo alto de este artículo podéis ver las portadas de los números 78 y 80, números a los que tengo especial cariño, por ser en los que aparecieron tanto la oferta de trabajo gracias a la que estoy aquí, y en el que aparecieron mis primeros artículos publicados. Desde entonces, creo que no me he aburrido ni un sólo día en este trabajo. Ni uno solo.

Y además