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La opinión de
Rafa Domínguez

¿Qué tuvo de especial Avatar que la hace inalcanzable en taquilla?

Avatar

La guerra por ocupar el trono de la recaudación está más candente que nunca: Vengadores Endgame sigue en la batalla contra la todopoderosa Avatar de James Cameron y todos los análisis parecen indicar que Iron Man y compañía terminarán imponiéndose a los Na'vi, pero... ¿qué hizo de Avatar un hito en taquilla tan colosal?

Muchos fantaseábamos con la idea desde hace años. Avatar, líder en las clasificaciones del 'box office', tendría que hincar la rodilla ante un nuevo rey. La bola de nieve de Vengadores Endgame, el culmen de más de 10 años de trabajo en el Universo Cinematográfico de Marvel, parecía obligarnos a coronarla antes incluso de su estreno.

Hoy, un mes después de su lanzamiento mundial, de una abrumadora campaña de publicidad, de una ingente base de seguidores fraguados a lo largo de decenas de películas, de su histórica entrada en la taquilla con más de 1200 millones de dólares recaudados en el primer fin de semana, todavía seguimos esperando. El sorpasso, que tanto gusta a los economistas, se terminará produciendo, pero esta batalla tan encarnizada trae a colación un análisis algo más interesante: ¿cómo pudo Avatar, surgiendo prácticamente de la nada, alcanzar una cifra que parecía imbatible hasta para la todopoderosa franquicia de Disney?

James Cameron, director, guionista y productor de la película, comenzó a fraguar el proyecto allá por principios de los 90, antes incluso del estreno de Titanic. La tecnología disponible en la época y su ambición por lograr lo nunca visto en la gran pantalla le obligaron a trabajar en en otros menesteres... sólo para volver a la carga unos años más tarde. Un "no" siempre ha sido toda la motivación necesaria para Cameron.

Estudiaron, idearon y prototiparon durante años hasta que fueron capaces de construir herramientas de producción con las que capturar una nueva realidad. La realidad que Cameron había soñado para Avatar, basada en un nuevo sistema de captura de movimiento que dotase a su universo de emociones. Pero emociones de las que remueven por dentro, que traspasasen la pantalla con una calidad sin precedentes y que fuesen capaces de atraer a verdaderas hordas de espectadores a las salas. Una nada que se convirtió en un todo: Avatar conseguiría la friolera cifra de 2.788 millones de dólares de recaudación en todo el mundo.

Con los números en la mano, juguemos al análisis de datos. En su primer fin de semana en la taquilla doméstica, Avatar recaudó 77 millones de dólares; en el segundo consiguió 75,6 millones. Vengadores Endgame, por su parte, logró más de 357 millones de dólares de recaudación en su fin de semana de estreno en Estados Unidos y casi 148 millones en el segundo. Una lectura a vuelapluma nos diría que, efectivamente, los Vengadores son mucho más poderosos que los Na'vi, pero el éxito de Avatar está ahí, delante de nuestros ojos. Entre fines de semana, Avatar apenas bajó un 1,8%, mientras que Vengadores reduce su recaudación en más del 50%.

La rueda siguió girando durante meses; el resto de la historia la conocemos. Para conseguirlo, Avatar necesitó tres puntas de lanza: a James Cameron, tecnología que aprovechase como nunca antes las virtudes del 3D y, cómo no, el boca a boca.

James Cameron tiene un don para hacer vibrar los resortes del espectro demográfico global. Avatar fue capaz de reunir sectores tan opuestos como el agua y el aceite: de los que buscan un cine más romántico, melancólico y poético a los que desean acción, aventura y grandes efectos especiales, o incluso a quienes desean una crítica social. Sus protagonistas no eran hombres blancos occidentales, sino unos seres azules con nariz y cola de gato en los que cualquier habitante del planeta se podía proyectar y las subtramas que vivían apenas tenían complejidad más allá del maniqueísmo. Cameron los reunió a todos con sencillez y elegancia. Lo difícil era hacerlo tan fácil.

La tecnología, por otro lado, era la gran obsesión de su creador; un requisito imprescindible que no le hizo dudar a la hora de posponer el proyecto más de 10 años. Aprovecharon el 3D como nunca antes se había hecho: no era cualquier chorrada que salía disparada hacia nuestra cara para hacer la gracia, provocando más malestar que interés, sino que consiguieron hacer de la tecnología un elemento narrativo más. La profundidad de las escenas la erigía como un universo al alcance de la mano en el que era muy fácil sumergirse. La gente volaba de su papel de espectador para formar parte de su mundo.

No podemos restar méritos a la publicidad, por supuesto. Avatar se vendió como una experiencia en 3D nunca antes vista, pero fueron los espectadores quienes trasladaron las líneas del marketing hasta sus círculos, completando una campaña sin precedentes. Todos hablaban de Avatar y todos decían lo mismo: "Tienes que ir a verla al cine y en 3D".  De no ser por esto último, el fenómeno del 3D habría desaparecido un par de semanas después de su estreno y el globo se habría pinchado. Incluso había gente que repitió varias veces en el cine. En España, sin ir más lejos, pasó de recaudar 10 millones de dólares en el primer fin de semana a casi 13 en el segundo.

Sí, es cierto que la película se estrenó con menos competencia que Vengadores Endgame, que permaneció muchas semanas en cartelera con sus reestrenos a posteriori y que el precio de las entradas para el 3D era más elevado, pero ninguna producción se convierte en la más taquillera de la historia por suerte. Avatar fue una película evento, una revolución en el cine que ni tu vecino el del cuarto, que también te dijo que la vieras, se quería perder. Los datos de Vengadores son abrumadores, por supuesto, pero ahora que parece que tendremos un nuevo líder no estaría de más aplaudirle un par de méritos a esa "Pocahontas" que rompió barreras que hasta ahora parecían inalcanzables.

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