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La opinión de
David Martínez

Los videojuegos tienen derecho a ser politicos

The Last of Us 2
Los desarrolladores de videojuegos se han implicado en movimientos políticos como #BlackLivesMatter, es un derecho como representantes de una industria cultural y creadores de arte que además tienen cada vez más influencia sobre la sociedad.

Aprovecho esta columna de opinión para recordar que no representa la opinión de Hobbyconsolas, sino que se trata de una reflexión personal y que -espero que no- puede herir algunas sensibilidades. En este caso, se trata de defender la libertad de los creadores de videojuegos (y sus propias obras) a ser políticos. 

Tom Clancy's Rainbow Six Siege

En este caso, ha sido el movimiento #BlackLivesMatter que ha arrancado en Estados Unidos para luchar contra las diferencias raciales y que se ha convertido en un movimiento en las calles y en las redes. Y no me refiero a los disturbios, sino a la vertiente ideológica, que en este caso, es indiscutible. De hecho, es un movimiento con tanta fuerza que ha hecho que Sony posponga la presentación de PS5 (además de las manifestaciones de distintos estudios a favor del movimiento). 

Como en todas las ocasiones, hay a quien le ha parecido mal. ¿Debería una industria que se dedica al entretenimiento meterse en asuntos políticos? Pues en mi opinión se trata de un derecho que les asiste, no sólo como ciudadanos (que en todo el mundo está reconocida la libertad de pensamiento) sino, especialmente como representantes de la industria cultural y artística. 

La literatura, teatro, pintura y cine han sido herramientas de protesta (o de doctrina) a lo largo de nuestra historia, y si le queremos reconocer a los videojuegos el status artístico, también se debe reconocer su función política. En algunos casos, es algo que no se puede separar de la propia obra (intentad leer Rebelión en la granja o 1984 de Orwell sin la clave política... a ver si sois capaces) y en otros, se trata de algo más sutil (especialmente cuando se trataba de pequeños detalles críticos, casi imperceptibles, en la pintura de corte). 

Análisis Ghost Recon Breakpoint 2

Ahora, cuando los videojuegos son un lenguaje mucho más influyente que otras artes, no es el momento de extrañarse de que toman partido. 

Pero, que no se me malinterprete. También creo en la libertad de los videojuegos de no ser políticos. Y en este terreno, parece que en contra de la tendencia popular. Hace un tiempo que compañías como Ubisoft o Activision declararon que sus juegos no eran políticos, que narraban historias emocionantes sin tratar de implicarse en ninguna ideología (incluso hay un disclaimer al comienzo de los Assassin´s Creed que determina el respeto por una variedad de creencias e ideologías realizado por un equipo multicultural y multiracial). 

Assassin's Creed Valhalla

Está bien que haya quienes no quieran implicarse en consideraciones políticas, del mismo modo que es bueno que otros estudios lancen mensajes en sus juegos (y no hace falta entrar en títulos más profundos como The Last of Us, ni en juegos que hablen de disturbios como State of Emergency. No hace mucho, en Maneater, nos hemos encontrado con algunas críticas a la sociedad de consumo o al cambio climático). Qué menos que reconocerles derecho a expresarse y su papel, cada vez más protagonista en los tiempos que corren.  

Y por supuesto, hay que respetar que una compañía retrase un evento para no desviar la atención de lo que es realmente importante. Puede que personalmente me fastidie, pero, como hemos hecho con la crisis del coronavirus COVID-19, es el momento de reconocer qué es lo que de verdad importa. 

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