Así se entiende Glass si eres un lector asiduo de cómics
Reportaje

Así se entiende Glass (Cristal) si lees habitualmente cómics

Por Jesús Delgado Manzano

Glass (Cristal) se entiende un poco mejor si eres un lector asiduo de cómics. En el siguiente artículo analizamos la película, explicándoos algunos de los pilares que sostienen la secuela de El Protegido y Múltiple de M. Night Shyamalan.

M. Night Shyamalan cierra una trilogía. Con el estreno se Glass (Cristal) concluye la visión de los superhéroes realizada sobre el mundo de los superhéroes, que el director de El Sexto Sentido inició con El Protegido (Unbreakeable) y continuó con Múltiple (Split). Con esta tercera entrega, se da carpetazo a su ensayo cinematográfico sobre estos personajes tan destacados dentro de la industria cultural y del entretenimiento del siglo XX y XXI.

Para este fin, Shyamalan reúne diecinueve años después a David Dunn (Bruce Willis) y a Elijah Price "Don Cristal" (Samuel L. Jackson). Pero esta reunión solo es la consecuencia de la liberación del peligroso psicópata conocido como La Bestia y su colección de personalidades múltiples, conocida como La Horda (James McAvoy). Y, todo ello, recurriendo al lenguaje y a convenciones propias de la industria del cómic-book de superhéroes, la base de la premisa de la que partía la primera entrega de la trilogía.

Al hilo de esta misma idea y en este texto que os proponemos, vamos a diseccionar y analizar Glass. Os vamos a ofrecer una crítica comicófila de Glass, ya que creemos que es una película atípica, cuya recepción podrá variar enormemente en función de si el espectador está familiarizado con las reglas que rigen el mundo de los superhéroes y de sus cómics o se trata e un espectador generalista, cuyos contactos con este tipo de personajes se deben sobre todo a cintas como Los Vengadores o El Caballero Oscuro.

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Por eso mismo, en las siguientes líneas, vamos a hablar un poco de Glass, pero explicando lo que Shyamalan intenta hacer en base a la teoría e historia del cómic: si lo consigue o no; y por qué. Eso sí, sin haceros ningún tipo de spoiler

Ensayo profano sobre el cómic de superhéroes

Recordemos que M. Night Shyamalan es el autor de los guiones de El ProtegidoMúltiple y Glass (Cristal). Por un lado, debe entenderse la construcción de esta trilogía desde un punto de vista semántico, que se pierde en la traducción de los respectivos títulos. Esto es, Unbreakeable (Irrompible), Split (Quebrado) y Glass (Cristal), en los que enfatiza la idea de la desintegración de un elemento, a través de características de los respectivos protagonistas de cada una de estas cintas.

Así construye un tema en torno al que gira la historia al completo. Esta misma idea conduce a la idea de una transformación que se va dando a lo largo de los 19 años que transcurren desde la primera entrega y cuyas consecuencias trascienden y se explican en este último capítulo. Toda la trilogía sirve de discurso a un ensayo en dos partes que el director ha estado elaborando.

De este modo, en El Protegido, el guionista y director propone un ensayo bastante tosco sobre el superhéroe en la Edad de Oro y de cómo las bases de los primeros héroes en mallas podrían aplicarse al cínico siglo XXI. Así, plantea la figura del americano medio, que dotado de habilidades excepcionales comienza a actuar al margen de la ley para ayudar a los demás. Todo, muy reconocible, al ser la base del superhéroe clásico, que es el patrón que siguen los superhéroes de DC desde los años 40 y que conforman la imagen de este tipo de personajes según el imaginario colectivo. 

A su vez, este discurso se sostiene con la presentación de Don Cristal. El personaje de Jackson cumple ciertas características propias del supervillano arquetípico, el genio maligno, al más puro estilo Doctor Sivana o Lex Luthor, las respectivas némesis de Capitan Marvel / Shazam! y Superman, respectivamente. Y, de esta manera, proponía la oposición de elementos pertenecientes a un mundo ideal dentro de un escenario que resulta alérgeno y tóxico a la misma idea del superhéroe: el mundo real. Así, desarrolla una utopía positiva y defiende un ideal contrapuesto al presentado en Watchmen (y otras críticas al género similares), defendiendo la viabilidad de un superhéroe con poderes en el mundo real, con un supervillano del todo deshauciado.

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Con todas sus virtudes, El Protegido presentaba algunas carencias a nivel documental. Quizá debido a la libertad creativa del cineasta o quizá porque solo reflejó los elementos más conocidos del mundo de los superhéroes, Shyamalan solo arañó la superficie. Su obra reflejaba ciertas inexactitudes, a pesar de ser un ensayo más que correcto. Estas incorreccciones, a su vez, demostraban que su autor no había profundizado en ciertos aspectos, evidenciando que no se trataba de un experto de la materia sobre la que trabajaba.

Este mismo problema se repite en el objeto de nuestro análisis, enfatizando las lagunas que ya se percibieron en Split. Sobre todo porque en estas dos úlltimas cintas, pero especialmente en Glass, se trasciende la idea primigenia del superhéroe de la Edad de Oro para adentrarse en la Edad de Plata. Y, así, reflejar la evolución que supuso la caracterización de héroes y villanos durante este periodo, suponiendo también la época del surgimiento de Marvel y sus arquetipos y convenciones revolucionarias.

Gracias a escritores como Stan Lee, y también a otros autorees, los años 60 cambiaron el rumbo de los superhéroes, humanizándolos, dándoles ciertas aristas, envejeciéndolos o, incluso, introduciendo anti-héroes como Hulk o La Cosa, que aun siendo criaturas, tenían motivaciones y elementos para ser considerados héroes, a pesar de no ser siempre percibidos así por todo su mismo universo. Paralelamente, también se dotó de cierta dimensión al villano, que durante esta época comenzó a ser una figura que rivalizaría en popularidad con la de los héroes, tal y como demuestran antagonistas del calibre de el Doctor Muerte o, salvando las distancias, Manta Negra de Aquaman. 

Estas mismas premisas argumentales son unos de los temas sobre los que gira la historia, pero pretende ir más lejos, añadiendo al cóctel un formato que comenzó a popularizarse en los años 70: los eventos (o mini-series limitadas). Y con él, conceptos como el retcon, la lucha final o el giro argumental inesperado. Sin embargo, nuevamente Shyamalan demuestra cierta ausencia de autoridad académica en la materia, cometiendo errores tanto de discurso como de contenido. Por un lado, equivoca términos como el de edición limitada, queriendo referirse a eventos o crossovers. Por otro, abusa del tópico manoseado y de los estereotipos facilones, que campan por doquier a lo largo de la trama. 

Esto se traduce en que el lector de cómic, habituado a un tipo de convenciones, detectará al vuelo los errores y sabrá corregirlos automáticamente en su cabeza, dando sentido a lo expuesto y al desarrollo de la película. Sin embargo, quien no cuente con estas herramientas y conocimientos, podrá tener problemas para digerir la propuesta. Sobre todo, porque el mismo fin de la cinta parecer ser el de asentar un "Universo Cinematográfico de Shyamalan" entre el público. Algo que tampoco acaba de quedar del todo claro, salvo que se sepa leer entre líneas.

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Ahora bien, al César lo que es del César. Nuevamente, Shyamalan demuestra ser un director con un buenísimo gusto para la fotografía y la composición de cuadros y escenas. El color de Glass es uno de los puntos fuertes, así como el uso de este y de la iconografía, que pretende ser una alegoría del mundo irreal e idílico de los superhéroes dentro del escenario del "gris" mundo real en el que los personajes se mueven. Este detalle artístico refleja una intencionalidad bien conducida a nivel visual. 

Igualmente, la narrativa de la película y la selección de encuadres y planos se han realizado con una fuerte inspiración en cómic. Tal y cómo se narra la película a través de sus secuencias, bien podría parecer que estamos viendo un cómic. Añadido a esto, vemos que el director pone un cuidado exquisito hasta en los detalles más superfluos, dejando perlas "ocultas a plena vista", que el espectador sabrá apreciar como merecen.

Póster de Glass, de  M. Night Shyamalan

En conclusión. Glass es un intento que merece su reconocimiento a nivel teórico, pero, en conjunto, dista mucho de ser lo mejor del director. Una mayor asesoría y una curación de guión hubieran salvado el proyecto. Debido a vicios inherentes del propio Shyamalan, la película se malogra y la consumación de la trilogía se convierte en una historia tan  frágil como los huesos del villano del que toma el nombre.