Glass M Night Shyamalan
Análisis

Crítica de Glass, la nueva película de M. Night Shyamalan

Por Daniel Quesada

Hay vida más allá de El protegido y Múltiple. M. Night Shyamalan presenta Glass, la culminación de una inesperada trilogía acerca de la naturaleza de los superhéroes. ¿Qué saldrá de mezclar a James McAvoy, Samuel L. Jackson y Bruce Willis? La respuesta, como siempre, está en Mr. Glass...

Está claro que M. Night Shyamalan es el amo de los giros del guión en el cine reciente. Sin embargo, lo que nos brindó con la película Múltiple estuvo a otro nivel. Por muy acostumbrados que estemos a sus sorpresas in extremis, lo de conectarla con El protegido fue una jugada maestra que dejó boquiabierta a la mayoría de la audiencia. Ahora, llega el momento de explicar esta jugada con la película Glass, el cierre de esta jugada que comenzó a gestarse hace 18 años, nada menos.

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Pongámonos en situación: David Dunn (Bruce Willis), el héroe de El protegido, sigue trabajando como vendedor de dispositivos de seguridad de día y héroe clandestino de noche, gracias a su fuerza sobrehumana. Elijah (Samuel L. Jackson) está recluido en una institución mental, después de que se descubrieran las masacres que perpetró. Kevin (James McAvoy), sigue suelto y secuestrando chicas jóvenes para ofrecerlas en sacrificio a La Bestia, al amparo de su trastorno de personalidad múltiple.

Tras unos primeros compases, los tres acaban bajo la tutela de la doctora Ellie Staple (Sarah Paulson, que recordaréis de American Horror Story), la cual les quiere demostrar algo descorazonador: ¿y si nunca han tenido poderes de verdad y todo ha sido fruto de su mente deseosa de ver lo que no hay? ¿Cómo van a existir los superhéroes en la vida real?

Tranquilos, no vamos a entrar en spoilers con esta crítica de Glass, porque a partir de aquí ya hay mucho que rascar. Para empezar, este proyecto de M. Night Shyamalan tenía una patata caliente muy particular: sobrevivir al "hype" generado por el final de Múltiple y, sobre todo, por lo bien valorada que está El protegido entre el público, pues es una peli que ha ido mejorando su reputación con el paso del tiempo, como el buen vino. Pues bien, ya os adelantamos que no es buena idea ir con las expectativas demasiado altas a la hora de ver Glass, porque quizá salgáis planchados. No, no estamos ante una mala película, pero seguramente no ha estado a la altura de lo que parecía prometer.

Trastorno de personalidad cinéfila múltiple

¿Qué tono tiene Glass? Parece una mezcla de lo que vimos en El protegido y en Múltiple, a todos los niveles. Por un lado, confluyen los personajes de ambos proyectos: Anya Taylor-Joy, Charlaine Woodard como la madre de Elijah... Incluso vuelve Spencer Treat Clark, que era un niño cuando hizo de hijo de Bruce Willis en El protegido y aquí vuelve hecho un hombretón. Aunque parecen añadidos interesantes en esta película, muchas veces sus papeles parecen forzados, hasta el extremo de tener comportamientos algo inverosímiles (por mucho que sea la madre de Elijah, las justificaciones que hace esta señora de las maldades de su hijo no hay quien se las trague).

Glass - James McAvoy

Por otro lado, hay tantas líneas abiertas en torno a los personajes, que no queda claro hasta muy avanzada la película qué es lo que se nos quiere contar. ¿La historia de quién se nos está contando, exactamente? ¿Qué objetivos hay? Es verdad que, una vez están todas las piezas sobre el tablero, M. Night Shyamalan se lanza a por una historia múltiple que es meritoria por arriesgada, pues consigue embutir a David Dunn en un triángulo que abarca su nueva relación de némesis de La bestia (ambos son superfuertes, uno representa el orden y el otro el caos) y su voluntad de frenar a la mente maestra de Mr. Glass (Don Cristal), el villano que interpreta Samuel L. Jackson.

Glass M Night Shyamalan

Narrativamente, es complicado hacer confluir todas esas historias hasta un clímax que ate cabos. La trama lo consigue pero, sin entrar en detalles, la resolución parece poco satisfactoria. Los más que esperables giros de guión (sí, hay más de uno) aparecen un poco porque sí, sin que hubiéramos tenido pistas suficientes para ello, por lo que te los tienes que creer y punto. Precisamente, la grandeza de Shyamalan está en proyectos en los que nos va dejando pistas por aquí y por allá (como en El sexto sentido) y al final te deja diciendo "qué puñetero, cómo me lo ha colado".

Sin embargo, aquí parece que los giros responden a una plantilla fija a la hora de hacer películas y, por tanto, no consiguen emocionar. Sobre todo, porque el último de ellos parece demasiado autocomplaciente: los personajes se comportan de una forma muy inocentona, en un mundo demasiado escaldado e incrédulo como para pasar por el aro que se nos propone. No decimos más, pero ya lo comentaremos cuando hayáis podido verla en el cine, ¿ok?

A través del cristal de la cámara

Lo hemos comentado en otras críticas: Shyamalan es mejor director que guionista (aquí vuelve a adoptar ambos roles). Y eso también tiene su parte positiva: cuando se pone a juguetear con los ángulos y las secuencias, es capaz de grandes proezas. Así, Glass es una película que, a pesar de tener alma de bajo presupuesto y tener lugar en muy pocos escenarios, nos presenta imágenes muy poderosas: la sala de terapia rodeada de un llamativo color rosa, el uso de los morados para abarcar el universo de Mr. Glass... A lo largo de la historia disfrutamos de zooms compensados muy elegantes, planos aberrantes o rotaciones verticales de cámara de 180 grados, composiciones simétricas en las que el personaje mira directamente a cámara... También hay mucho uso de la siempre impactante Snorricam, especialmente durante las peleas.

Glass M Night Shyamalan

Los cinéfilos también encontrarán otras curiosidades, como un uso pequeño pero atractivo de planos inéditos de El protegido, por lo que podemos ver a unos Bruce Willis y Spencer Treat Clark muy jovencitos sin necesidad de un rejuvenecimiento digital. La música de West Dylan Thorson, por cierto, tiene un cierto aire experimental y por desgracia no consigue emocionar de la forma tan rotunda como lo hacía James Newton Howard en El protegido. Aun así, tiene algunos tramos realmente curiosos, como ya demostró en la anterior película de la trilogía.

Y claro, llegados a este punto, también cabe preguntarse: ¿entonces esta es también una película sobre los superhéroes de los cómics? Pues sí, vuelve a haber mucha reflexión acerca de qué suponen los cómics para la cultura popular y qué de real puede haber en todo ello, aunque tanto este aspecto como las reivindicaciones de Elijah Price parecen un poco redundantes. Ya nos habían contado todo esto en El protegido, no parece que el fin último de la película aporte nada relevante a esa historia. Sí, hay alguna anécdota vinculada a Superman y Batman por aquí y por allá y (como os cuenta mi compañero Jesús Delgado en su crítica comiquera) se nota influencia de la Edad de Plata de los cómics, lo cual llama la atención de los que disfrutamos de ese mundillo, pero el foco último vuelve a ser el mismo: ¿pueden existir hombres con habilidades extraordinarias? ¿Y de ser así, cuál debería ser su papel en el mundo? Como decíamos, todo eso ya se vio en la primera película y da la sensación de que Glass no para de dar vueltas sobre el mismo tema en escenarios diferentes.

Glass M Night Shyamalan

Pero claro, uno se deja llevar por las interpretaciones y la cosa cobra energía. Nos referimos sobre todo a James McAvoy, que debido al trastorno de su personaje tiene que interpretar a un montón de personajes diferentes (La Bestia, Hedwig el niño, Patricia la señora inquietante...) y lo hace a una velocidad de vértigo. Debido a ciertas particularidades de la historia (un poco forzadas para dar pie a este lucimiento, la verdad), hay momentos en los que se transforma en 3 ó 4 personajes diferentes en menos de 30 segundos. McAvoy cumple con nota su cometido y demuestra una entrega física y psicológica a sus personajes realmente impactante. Así, es capaz de dar miedo como La Bestia y pasar a resultar super cómico como Hedwig, que sin duda es el protagonista de los alivios cómicos de la película. Vamos, chapeau por James.

Como supondréis en este punto, Glass es una película diferente, extraña y capaz de polarizar las opiniones. Estamos seguros de que habrá a quien le parezca una "ful de Estambul" y a quien le deje un satisfactorio sabor de boca. Desde luego, no es la mejor película de M. Night Shyamalan (ni tampoco la peor, ejemAirbenderejem), pero consigue hacerte pensar y debatir con los compañeros de sala una vez se encienden las luces (no esperéis a la escena postcréditos, no la hay), lo cual es meritorio. Glass es puro Shyamalan (cameo incluido), para bien y para mal, así que no esperéis que vaya a cambiar vuestra concepción sobre el director. Eso sí, quizás lo haga sobre usar el morado como color de moda en vuestras prendas. Queda muy cuqui.

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Valoración

Una conclusión llamativa, pero algo endeble para un proyecto cinematográfico tan ambicioso y original. La película es puro Shyamalan para bien y para mal: hay propuestas visuales y argumentales muy valientes, lo cual hace que el resultado cuaje solo en ciertos aspectos.

Hobby

68

Aceptable

Lo mejor

La espectacular interpretación de un James McAvoy entregadísimo. La incesante experimentación visual que nos propone.

Lo peor

Shyamalan se supera en eso de forzar giros de guión (no para bien, en este caso). Arranque lento y personajes secundarios que no son creíbles.