Buta San: nos ponemos cerdos

Llegó el momento de rendir homenaje al clásico de los cerdos dinamiteros de Jaleco, una maravilla que muchos descubrimos en ordenadores domésticos bajo otro nombre: Psycho Pigs UXB.

Cerdos lanzándose bombas. ¿Puede haber algo mejor? Valiéndose de este y simple poderoso concepto Jaleco irrumpió en los salones recreativos japoneses, allá por 1987, con Buta San, una placa también conocida como Butasan aunque seguramente la mayoría de vosotros lo recuerde más con el exótico nombre de Psycho Pigs UXB, pero de eso hablaremos un poco más abajo.

¿Queréis saber de qué narices hablamos? Echad un vistazo a este curiosiete gameplay que hemos preparado:

En realidad, Buta San fue obra de Nihon Maicom Kaihatsu, más conocida como NMK, una compañía japonesa cuyas creaciones solían llegar a los recreativos bajo la marca de otras compañías, como Jaleco, para quienes crearon no solo esta porcina y divertidísima recreativa, sino otras joyas del calibre de P-47: The Phantom Fighter o Saint Dragon. Incluso firmaron el Zed Blade de Neo Geo, bajo el sello de SNK.

Entre las filas de NMK había varios de los responsables del Bomb Jack de Tehkan/Technos, lo que explicaría la explosiva mecánica de Buta San, consistente en encarnar a un cerdo (o a dos, en caso de jugar junto a un amigo) con el objetivo de liquidar al resto de marranos de cada pantalla a base de lanzar bombas, encadenando explosiones en cadena a lo Bomberman, pero sin las limitaciones de los muros: aquí los duelos eran a campo abierto, a cara de cerdo.

El control no podía ser más simple: cada jugador contaba con un joystick para controlar la dirección de su cerdito y dos botones: uno para arrojar las bombas que ibas recogiendo del suelo (y para dar cogotazos a los rivales, en caso de no cargar con explosivos) y otro botón para agacharse y así esquivar las bombas de los rivales.

Unas encantadoras bragas a topos distinguían a nuestro cerdo de los puercos controlados por la IA del juego, entre los que iban desfilando cochinos con distintas personalidades y habilidades. Esto aumentaba la dificultad y aportaba algo de variedad a una mecánica que solo cambiaba con la aparición de las rondas de bonus, consistentes en una especie de “casca-topos”, con cerditos asomándose por agujeros y a los que debíamos lanzar una colleja.

Otro punto en común con Bomberman, además del uso indiscriminado de explosivos, era la aparición de ítems aleatorios, como la bola de arroz (que aumentaba la velocidad de nuestro cerdo), la mochila (que nos permitía cargar con más bombas), el refresco (que nos permitía lanzar bombas a mayor distancia) y mi favorito: el disfraz de Godzilla, que protegía contra las explosiones.

La mecánica de Buta San era, y sigue siendo, tan sencilla como divertida. Es un auténtico caos de explosiones, carreras y mala uva, en el que quedarse quieto equivale a morir, ya que cada bomba tiene su propia cuenta atrás, lo que las convierte en verdaderas trampas o un arma poderosa si tenemos la suficiente sangre fría para agarrar una bomba a punto de estallar.

Aunque la recreativa no llegó a salir oficialmente de Japón (salvo las placas importadas ilegalmente o directamente las placas piratas que llegaban a los recreativos de nuestros barrios), U.S. Gold supo ver enseguida el potencial de esta masacre porcina y adquirió la licencia a Jaleco para adaptar el juego a ZX Spectrum, Amstrad CPC, Commodore 64 y MSX.

Tanto la demencial estética de la carátula occidental, que contrastaba con el adorable look japonés del original, como el nombre que usaron para rebautizar el juego fueron de juzgado de guardia. Buta San pasó a llamarse Psycho Pigs UXB. Y para rematar el absurdo, U.S. Gold lo publicitó en la prensa británica con uno de los anuncios más chuscos de la historia de los videojuegos (y ya es decir).

La historia de cómo llegó Psycho Pigs UXB a España es ciertamente divertida. En ERBE Software no debían confiar mucho en el producto, así que lo colaron como el quinto juego del pack ERBE 88, lo más deseado de aquella campaña navideña, principalmente porque era la única forma de conseguir el ansiado port de Operation Wolf, y porque veníamos de recibir, en las navidades precedentes, los maravillosos packs Los Super 10 y El Lingote.

Lo gracioso es que todos nos compramos el pack ERBE 88 por el Operation Wolf, pero la gran mayoría acabamos jugando más a Psycho Pigs UXB que al resto de títulos del lote, que incluía además tres creaciones de Topo Soft: Chicago’s 30, Coliseum y Titanic. Aquel desconocido juego de los cerdos se convirtió en una sensación entre mis amigos, aunque por desgracia pasaron muchos años antes de volver a verlos en acción.

Los usuarios japoneses de X6800 recibieron en 1993 un port de Buta San, pero las consolas no quisieron saber nada de los cerdos de Jaleco, al menos hasta 2016, cuando Clarice Games lanzó en la eShop (incluyendo la española) una adaptación para Nintendo 3DS con gráficos poligonales, rebautizada como Psycho Pigs.

Aunque el tamaño del campo de batalla se redujo muchísimo en comparación al original (aumentando con ello el caos y al dificultad), esta versión incluía detalles bastante majos, como partidas para cuatro jugadores (tanto local como online), además de nuevos gadgets y poderes para los cerditos.

Durante mucho tiempo los fans de Buta San tuvimos que acudir al MAME para participar en la mascletá porcina, pero una vez más Hamster y su sello Arcade Archives acudieron al rescate de los amantes de las recreativas clásicas, al lanzar en 2016 sendos ports para Nintendo Switch y PlayStation 4, disponibles en eShop y PlayStation Store, respectivamente, que os recomendamos de todo corazón. De hecho el vídeo de gameplay que habéis podido ver arriba está grabado directamente desde una PlayStation 5.

Podéis llamarlo Buta San, Butasan, Psycho Pigs UXB o los cerdos dinamiteros, pero esta maravilla de NMK y Jaleco merece ser reivindicada a bombazos. Si aún no la habéis probado ya estáis tardando, y si lo descubristeis en aquellos ports para 8 bits, cuando os reencontréis con los marranos no os extrañe si se os empiezan a humedecer los ojos.

En ese caso, no os avergoncéis, podéis decir que es culpa del humo de las explosiones. Como decían en aquel inolvidable capítulo de Rick y Morty: "¡Pongámonos cerdis!".

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