The Batman Poster

Hemos podido ver The Batman, la nueva adaptación del Hombre Murciélago liderada por Matt Reeves y Robert Pattinson. Estamos delante de la mejor película jamás hecha sobre el Caballero Oscuro

Existe un axioma que, conforme uno va ganándole años a la vida y restándoselos al tiempo, se va acrecentando hasta constituirse como el sonido de lo inevitable. Es una letanía amortiguada, lenta e incesante, que culmina en la comprensión de que, a menudo, la realidad suele ser decepcionante.

Ayer fui al pase de prensa de The Batman. Creo que nunca —quizás a excepción de Batman v Superman: El amanecer de la Justicia— he entrado tan nervioso a una sala de cine. Nervioso de verdad, ¿eh? Como si estuviera ante una cita importante, algo que recordaría toda mi vida.

Vivimos inmersos en la cultura del hype. Nuestra generación ha convertido la expectación, lo emocional, en una mercancía con la que se puede comerciar. Es la sociedad del espectáculo que denunciaba Guy Debord hace unos años. Tampoco hemos cambiado mucho en todo este tiempo, aunque queramos creer que sí.

En esa vorágine de esperar lo inesperado, de anhelar la experiencia más puramente bruta posible, los productos de entretenimiento subsisten en base a inflar su delivery. Las empresas son conscientes de ello y abusan de nuestra más que generosa recepción mediática en las redes sociales.

Con esto quiero decir —y excusarme— que llegaba al estreno de The Batman con la emoción a flor de piel, completamente desbordado. Muchos hemos sufrido la decepción en nuestras carnes y nos hemos culpado cuando una película, una serie o un videojuego no ha cumplido nuestras expectativas.

Pero ¿son éstas reales? ¿Se fundamenta el hype en una realidad objetiva? Por supuesto que no, depende de cada uno. La expectación es una opinión previa, y una opinión no deja de ser algo completamente subjetivo; de la misma forma que la gestión de la emoción depende en última instancia de nosotros, a pesar de vivir bajo el bombardeo constante de hype ilimitado.

En ese sentido, tenía cierto «miedo» de ver la película The Batman y no poder esquivar la decepción. Llevo viviendo pegado a esta producción desde que se confirmó, siguiendo sus pasos, buscando cualquier recoveco de la filmación para introducirme y dejarme llevar por la emoción, «vivir la película» en lugar de permitir que ella me encuentre.

No sería la primera vez que un producto me decepciona precisamente por esto, por haberlo agotado antes de consumirlo, por haberlo exprimido sin darle tiempo a presentarse en público. Creo que esto nos ha pasado a todos alguna vez. Y, desafortunadamente, nos seguirá pasando.

Desde el primer tráiler que publicaron hace dos años en la DC FanDome tuve claro que The Batman iba a ser algo histórico, apoteósico y sublime, algo que estaría conmigo y me acompañaría en mi relación de amor con este personaje.

Me equivocaba. Es mucho más que eso.

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The Batman: crítica rápida y sin spoilers

The Batman es la mejor película del Caballero Oscuro porque es, al mismo tiempo, la mejor adaptación que se ha hecho jamás del personaje. Es la película de Batman que siempre había soñado con ver, empleando todos los elementos de la mitología del murciélago en una cinta asombrosa.

Este filme es un neo-noir sucio y oscuro. Un viaje de tres horas agotador, que te empuja y bambolea sin permitirte respirar, que te deja felizmente exhausto e imprime un poso de esperanza en tiempos aciagos. Te mira y te habla a los ojos como nunca antes se había hecho con este personaje.

The Batman es una película grandísima y compleja. Tan grande que el único concepto que se puede aplicar para hablar de ella es el anglosajón «huge». Es monumental tanto por tamaño como por longitud, pero también por el corazón que posee su protagonista, que nos lo entrega a nosotros como un recordatorio indispensable para todos los que amamos a los superhéroes.

Matt Reeves se toma todo el tiempo del mundo para contar una historia que ha gestado durante cuatro años. No tiene ninguna prisa y esto queda claro desde los primeros compases de la cinta. La trama se cocina a fuego lento, cortando y añadiendo los ingredientes a un ritmo acorde al tono y la atmósfera, muy consciente y segura del destino al que nos quiere llevar.

Para cuando te has sumergido en la mejor Gotham que se ha hecho nunca en una película —hablaré de esto más adelante—, el acto final se precipita como una llamarada de fuego que nos explota en el corazón y nos entrega la mejor versión del Caballero Oscuro en la historia del cine.

La cinta tiene capas y capas de subtexto, desde un profundo arraigo psicológico (menos tangible que en Joker) que despliega elementos importantísimos para comprender y aprehender a este personaje hasta una crítica sociopolítica durísima contra todos nosotros.

The Batman es tremendamente demoledora con las clases altas. El libreto de la cinta no pretende esconder esta dureza, pero tampoco adopta una lectura nihilista o revolucionaria como la mencionada de Todd Phillips. Esto siguen siendo superhéroes. Salvar vidas está por encima de todo, sea cual sea el precio que tengas que pagar para hacerlo.

Sin embargo, no queda exento el resto de la población de la inteligente, mordaz y fría crítica que realiza Matt Reeves con The Batman. Hay algo de Batman: La Secta en esta película que no soy capaz de describir sin spoilers, así que no lo haré.

Quédense con el hecho de que, cuando se pierde toda esperanza, cuando no hay nada a lo que agarrarse, cuando miramos al abismo, tendemos a aferrarnos a lo que sea con tal de sobrevivir. Y a menudo suele ser una mentira. Una mentira cruel, violenta y despiadada, como en este caso.

Dicho todo esto, os animo a que leáis la crítica cinematográfica de mi compañera Raquel. Ella desgrana mejor que yo todos los elementos audiovisuales. Hoy, aquí, nos centraremos en explicar por qué esta es —para mí— la mejor adaptación que se ha hecho nunca del Caballero Oscuro.

Por qué The Batman es la película del Hombre Murciélago que siempre había soñado con ver.

El origen de una leyenda: la rabia y el miedo

The Batman

Todos conocemos a Batman, ¿cierto? No os voy a descubrir al personaje en esta crítica. Tampoco va a hacerlo la película, aunque no esquiva los elementos narrativos que han aupado al justiciero a los altares de los superhéroes, siendo considerado como «el mejor de todos los tiempos».

The Batman nos cuenta el origen del personaje, pero lo hace de la forma más inteligente que he visto nunca en una película del Hombre Murciélago. No necesita caer en las mismas trampas narrativas de sus predecesoras, autoconsciente como era Matt Reeves de que se había mostrado decenas de veces antes.

En lugar de invertir tiempo en esto —que desea emplear para construir una trama gigantesca—, hace que el origen del personaje forme parte de la propia narrativa. Y lo hace anclándose en lo fundamental del séptimo arte: mostrar antes que contar, ver antes que escuchar.

The Batman parte del miedo y la rabia, pero nos lleva a lugares que no habíamos imaginado. La ira sólo es un vehículo superficial, una carta de presentación al mundo. No obstante, es una carta equivocada. Y eso es lo que hace grande a este personaje: su constante evolución en una simbiosis con Gotham City que aquí queda inmortalizada para la posteridad.

Esta película te lleva desde la oscuridad hacia la luz, desde la venganza hacia la verdad y la justicia. Bruce Wayne no tiene que «regodearse» en la pérdida y en el dolor, pero está sometido a una mascarada voluntaria que saca lo mejor de sí mismo. 

Una dualidad no narrada que pervive bajo todas las capas que constituyen la solidez del filme, pero que no la hacen desaparecer, aunque algunos no quieran verla más allá de los golpes.

Es brillante cómo ha hilado Matt Reeves en The Batman una profundidad psicológica que apenas se percibe. Una mano que se desliza, una caricia, una lágrima, unos ojos brillantes, el perfume de Catwoman a través de la banda sonora, la soledad del justiciero, la ciudad perdida y olvidada, la nostalgia por tiempos mejores que ya nunca volverán.

The Batman se aferra a lo más profundo de nuestra psique a partir de retazos. Bruce Wayne es un espejo roto en el que nos miramos, recogiendo los pedazos de cristal del suelo para tratar de recomponerlo, cortándonos con ellos, sangrando en el proceso, cosiéndonos por dentro y por fuera.

No es casual la elección de Robert Pattinson. El actor lleva siendo despreciado por una amplia mayoría desde hace más de una década, a pesar de haber demostrado con creces el talento que atesora. Su Bruce Wayne es nuestro Bruce Wayne. Conectar con el Caballero Oscuro nunca ha sido tan sencillo como ahora. Y todo ha sido gracias a él.

Todo lo que ha hecho grande a Batman en los cómics está aquí. Tiene, usa y vemos un montón de artilugios. No huye de lo fantasioso, aunque se ancle en lo real; aunque Matt Reeves haya visto en David Fincher lo mismo que vio Nolan en Mann; aunque esto sea una película de detectives más cerca de Seven que de Capitán América: El Soldado de Invierno.

The Batman es la mejor adaptación que se ha hecho nunca del personaje en el cine porque logra el equilibrio perfecto entre la narrativa de una película y la de un cómic. Bebe de uno y de otro. Su entidad se fundamenta en las virtudes que engrandecen ambos medios.

Es difícil hacer algo tan completo, tan fiel, tan inteligente, tan interesante, tan genuino… y no perderse por el camino. Pero The Batman no se pierde. De hecho, ha dejado la puerta abierta a una saga que —de materializarse y mantener el nivel— formará siempre parte de nuestras vidas.

The Batman de Robert Pattinson es mejor adaptación que Batman Begins y El Caballero Oscuro, y come en la misma mesa que ambas películas en el aspecto cinematográfico. De hecho, ésta rehúye menos del género que los filmes de Nolan, no se distancia tanto del personaje en base a «lo real».

Va a ser muy complicado superar esto, honestamente. Estamos delante de la «versión definitiva» —odio ese concepto, pero para que se me entienda— de este personaje. Puede gustar más o menos; se puede preferir a un actor u otro; puedes formar parte de esta generación o de aquella…

Pero es innegable la voluntad de The Batman por traer al Caballero Oscuro de los cómics y mezclarlo con el mundo audiovisual, regalándonos una adaptación sin precedentes. Una película que marca un antes y un después tanto en el Hombre Murciélago como en el cine de superhéroes.

Gotham y su relación con el Hombre Murciélago

The Batman

Siempre se ha dicho que la Gotham creada por Tim Burton en Batman (1989) es la mejor de la historia. Lo cierto es que los diseños de producción de aquella película están a un nivel altísimo, pero no es menos cierto también que están supeditados a un tono y una visión muy concretos de un autor con una personalidad visual específica y arrolladora.

La ciudad del Caballero Oscuro en la trilogía de Nolan no dejó de ser Chicago, alejándose del componente fantasioso de la misma manera que lo hizo Joker con la Nueva York setentera de Martin Scorsese. Y lo que vimos de Zack Snyder fue tan escaso que apenas podemos valorarlo.

Gotham en The Batman es… Creo que no tengo palabras para describirla. Descubridla vosotros mismos. Lo que sí diré es que Matt Reeves ha puesto toda la carne en el asador para sumergirnos de lleno en una ciudad fría y cruel, triste y oscura, apagada y lluviosa, terriblemente hostil y olvidada.

Parece abandonada, pero todavía no ha dicho su última palabra. Está construida con tantos puntos de vista que se me eriza la piel de recordarlo. Gotham habita en cada plano de Batman, Catwoman, El Pingüino o Enigma; en la música de un Michael Giacchino totalmente desatado; en las gotas de agua teñidas por el color dorado de la luz de la batseñal.

Gotham se construye con diseños de producción, pero también con una dirección de fotografía portentosa, tan acorde y adecuada al tono de la película como el resto de los elementos que la componen. Y Gotham se construye —«insane», que diría un anglosajón— también desde la narrativa.

La relación de Bruce Wayne con la ciudad es real y ambiciosa. Podemos llegar a intuir incluso el tamaño de la urbe gracias al movimiento constante de los automóviles sobre ella, un ejercicio cinematográfico denso y pesado, pero que constituye una sólida base para lo que se pretende narrar.

Durante una parte del metraje creemos que estamos delante —nuevamente— de una cinta que no quiere explicarnos cuál es la relación del entorno con el justiciero, y viceversa. Pero sí lo hace. El héroe enmascarado y la ciudad son indivisibles. Siempre lo han sido. Se necesitan el uno al otro para sobrevivir, y eso está reflejado en la película.

Los villanos: un breve análisis de Catwoman, Enigma, El Pingüino y más

The Batman

Una de las constantes que han dotado al personaje de DC Comics del status quo que posee actualmente es su galería de villanos. Pocos superhéroes cuentan con tantas némesis y tan magnéticas como éste. Y aquí, en esta cinta, tenemos hasta tres enemigos, por si no fuera suficiente con uno.

Empecemos con Catwoman. Zoë Kravitz se ha adueñado del personaje con una naturalidad sorprendente, como si hubiera estado destinada a interpretarlo. Su Selina Kyle es brillante y poderosa, una «femme fatale» de órdago, más de los setenta que de los años cuarenta, menos Rita Hayworth y más aguerrida y superviviente; más actual, por decirlo de algún modo.

La relación que construyen Batman y Catwoman en esta película es deliciosa, tanto o más que la química de ambos actores. Esa química se traslada de la pantalla a la sala. No puedes evitar abrir la boca y sentir envidia por cómo se miran, se tocan, se buscan y se necesitan. Tremendo. Recuerda inevitablemente a la reciente etapa de Tom King.

En cuanto a Enigma… Bien. Digamos que va a pasar a la historia. Lo que ha hecho Paul Dano es… Vale. Mejor les dejo a ustedes que lo descubran. No diré nada más sobre Enigma. Podría extenderme muchísimo, pero no lo haré. Baste decir que es, quizás, lo menos «comiquero» de la cinta. Y eso que está más juguetón de lo que esperábamos.

Por otro lado, El Pingüino de Colin Farrell se inspira en la perspectiva más mafiosa del criminal. Su relación con Gotham es esa, de la misma forma que Carmine Falcone —interpretado por un irreconocible John Turturro— es el pilar de la corrupción de una ciudad al borde de la quiebra psicológica.

¿Qué cómics me ha recordado esta película?

Primer vistazo a la figura de The Batman con el héroe montado en su bat-moto

Para concluir, quería poner el foco en los cómics de Batman que más he recordado al verla. Pensaba que Año Uno había sido «esencial» nuevamente a la hora de construir los cimientes de otra trilogía, pero me equivocaba rotundamente. Va mucho más allá, como casi todo lo que posee.

Quizás bebe de El Largo Halloween y Victoria Oscura, eso desde luego. Reniega completamente de Ego, aunque insisto en que la profundidad psicológica del personaje es tan compleja que se puede perder a simple vista y con sólo un visionado. Coge alguna cosilla de La Secta, como he mencionado anteriormente, y quizás incluso alguna semilla de Tierra de nadie.

Creo que The Batman es una historia que se ha inspirado en conceptos, no en cómics. Ha cogido de aquí y de allí, se ha nutrido de lo que necesitaba, lo ha mezclado con David Fincher y el neo-noir y ha creado algo nuevo, pero que nos recuerda al héroe de siempre, a nuestro Hombre Murciélago.

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En definitiva, la película de Matt Reeves y Robert Pattinson es una obra maestra del género de superhéroes. Un filme grande, enorme, gigantesco, lleno de referencias, con el Batman más detective y comiquero que se ha hecho nunca, con un montón de capas de subtexto, con un componente audiovisual soberbio y una banda sonora portentosa.

Una película complejísima que borda el diez absoluto y que —no tengo ninguna duda de esto— ganará con cada revisionado. Hay tantas cosas por descubrir y desentrañar, tanto que disfrutar de este filme, que no voy a poder dejar de pensar en él hasta que no exprima todo lo que esconde.

Decía Francis Bacon que la venganza iguala a un hombre con su enemigo. Lo pone frente a frente. Sin embargo, al pasar sobre la venganza, como al pasar sobre el miedo, uno acaba superando al enemigo.

The Batman pasa por encima del miedo y la venganza; por encima de las expectativas, el hype y la emoción; por encima de todo lo que se había hecho antes y quién sabe si se hará con este personaje. Esa es la grandeza de Batman, su naturaleza inmortal.

No importa cuánta desesperación haya en sus calles, cuántas heridas lleve marcadas en la espalda, cuánta sangre se haya derramado o cuántas veces haya tocado fondo.

Siempre habrá un hueco para la esperanza entre tanta desesperación. Siempre habrá una luz encendida que nos recuerde cómo de grandes podemos llegar a ser los hombres si no nos dejamos vencer por el miedo.

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Argumento:

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