Vivarium
Reportaje

El final de Vivarium, explicado al detalle para que no te pierdas nada

Por Raquel Hernández Luján
A la vista de la expectación que ha despertado la película de ciencia-ficción y terror Vivarium, os explicamos el final para que no os perdáis un solo detalle.

Podréis ver Vivarium muy pronto, a partir del 8 de abril tanto en la web salavirtualdecine.com (que estará disponible desde el 6 de abril) como en plataformas como Vodafone, Movistar+ y Rakuten TV. Nosotros tuvimos acceso a ella en la pasada edición del Festival de Cine de Sitges, donde, por cierto, la actriz Imogen Poots se alzó con el premio a la mejor interpretación femenina... ¡Y no es para menos! 

A la vista del interés que ha suscitado entre vosotros, queridos lectores, procedemos a explicar con pelos y señales el final de la historia de Vivarium y a aclarar las posibles dudas que pueden surgir tras el visionado. Como es evidente, éste es un reportaje que contiene spoilers, así que os pedimos que no sigáis leyendo si preferís descubrir por vosotros mismos lo que sucede en la película.

Para empezar, una breve sinopsis del arranque de Vivarium, que tiene su miga. Los títulos de crédito iniciales y primeros minutos nos muestran el modus operandi de los cucos: unos pájaros que ponen un huevo en el nido de otra especie. A medida que el polluelo de cuco crece sus padres impostados se vuelven locos para atenderlo, dado que su tamaño es mayor que el de sus propios vástagos. Conforme va creciendo, va sacando del nido al resto hasta que es lo suficientemente fuerte como para salir adelante. El cuco es, por así decirlo, un ave parasitaria y este arranque ya nos pone sobre la pista acerca de qué es lo que vamos a ver y, sobre todo, de a qué amenaza se han a enfrentar los protagonistas de la historia.

Ellos son Gemma y Tom, una pareja en busca de un hogar. Se acercan a una inmobiliaria atraídos por los carteles de un barrio residencial llamado Yonder. El dependiente, Martin, se ofrece a llevarles para ver una casa allí: el número 9. 

Al llegar descubren que todas las casas son iguales y ellos, que son jóvenes y dinámicos, rápidamente se dan cuenta de que no están hechos para ese lugar. Sin embargo, Martin desaparece sin dejar rastro y ellos deciden marcharse. Todo se complica cuando se meten en su coche y descubren que todas las calles les conducen de nuevo al número 9. El coche se queda sin gasolina y no les queda más remedio que permanecer allí. Tras barajar sus opciones deciden quedarse a dormir en la casa y al día siguiente tratan de nuevo de escapar sin éxito. 

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Tom escala hasta subirse al tejado y comprueba alertado que las casas parecen seguir hasta la línea del horizonte, ad infinitum. No obstante, deciden intentar seguir al sol artificial, en busca de una salida. Igualmente terminan en el número 9. Encuentran eso sí, una caja en la que hay comida y enseres para mantenerse. Tom, iracundo inicia un fuego y ambos caen en un extraño letargo. Cuando despiertan encuentran a un bebé con las siguientes instrucciones "Criad al niño y seréis liberados".

A partir de ese momento, el tiempo empieza a correr más deprisa, sobre todo para el bebé, que experimenta un crecimiento acelerado y en dos meses alcanza el tamaño de un niño de siete años. Demanda atención constante gritando y observa con minuciosidad a la pareja cuando no está absorto en los patrones que aparecen en la televisión. 

La relación de Gemma y Tom se deteriora a medida que se enfrentan a esta realidad de formas distintas. Su confinamiento forzoso les pasa factura a nivel psicológico y Tom se obsesiona con descubrir una salida cavando en el patio. Pasado un tiempo descubre que Yonder está fabricado con una sustancia artificial y cava de forma compulsiva, encontrando en esta tarea un propósito personal. El agujero cada vez es más grande, y en un momento dado incluso escucha voces al otro lado, pero no consigue llegar hasta ellas.

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La salud física y mental de Tom sigue empeorando hasta que llega a intentar agredir al niño, lo que hace que Gemma se distancie aún más de él. Así, ella intenta comprender al pequeño descubriendo que es incapaz de imaginar cosas. Un día, el niño desaparece y ella casi se vuelve loca hasta que regresa con un extraño libro. Cuando le pregunta quién se lo ha dado y qué ha estado haciendo, él se muestra ante ella de una forma desconcertante y perturbadora.

A medida que sigue pasando el tiempo Gemma y Tom se van debilitando cada vez más. Él lleva ya mucho tiempo durmiendo dentro del agujero y ambos están unidos por su miedo a la criatura, que ha crecido hasta convertirse en un adulto y se va todos los días de la casa sin que ellos sepan a dónde va. Tom termina encontrando una bolsa con un cadáver dentro del hoyo y empeora hasta morir él mismo. Gemma le suplica que la ayude y el hombre le da una bolsa para que meta en ella a Tom, que termina siendo arrojado al agujero.

Gemma, enloquecida ya y en busca de venganza trata de matarlo, pero él abre la acera como si fuera blanda y se introduce dentro de la propia calle hasta alcanzar un corredor subterráneo que por el que Gemma le sigue. Siguiendo este camino, pasa por hogares paralelos al suyo en el cual sucede lo mismo: jóvenes parejas se enfrentan a la crianza de niños similares. Finalmente, este viaje surrealista termina donde empezó: en el número 9. Tras amenazarlo por última vez, Gemma muere. El hombre la entierra en el agujero con Tom y sale de Yonder. Se va a la inmobiliaria y reemplaza a Martin como agente, a la espera de nuevos clientes.

Referencias estilísticas

Como ya os contamos en la crítica de Vivarium, la película podría ser un episodio de una de las series antológicas de ciencia-ficción y terror como La dimensión desconocida o Más allá del límite.

El propio guionista y director, Lorcan Finnegan, ha reconocido la influencia de relatos como esos en su trabajo y hay que reconocer además que ha sabido exprimir al máximo los 4 millones de dólares de presupuesto para conseguir unos efectos especiales muy funcionales y adecuados a la historia narrada, que pueden traeros a la cabeza los paisajes infinitos o las arquitecturas imposibles de Escher o cuadros de maestros como Magritte en los que se contrapone lo natural y lo artificial. Hasta el tratamiento del color es similar, con una fotografía virada a tonos verdosos.

En lo que se refiere a películas similares, no podemos dejar de nombrar la magnífica El pueblo de los malditos basada precisamente en la novela "The Midwich Cuckoos", la novela del 57 de John Wyndham en la cual se presenta la metáfora del cuco como ave que parasita otros nidos y que preside esta cinta antes de que aparezcan por primera vez en escena los protagonistas.

Cuidado con lo que deseas

Lógicamente, lo primero que encontramos al principio de la película, antes de que se desborde por el plano fantástico, es cierta crítica al concepto de los suburbios y la estandarización del modo de vida que tenemos hoy día en buena parte de las ciudades "modernas".

El culmen parece ser una vida indistingible de la del vecino de al lado con metas paralelas: unirse, procrear y saltar de hito para llegar al mismo sitio sin que se diferencie demasiado el trayecto recorrido.

Hay también por supuesto otra reflexión acerca de lo que difiere la realidad de las apariencias, algo que tan bien han explorado antes series y películas desde distintas perspectivas: desde Mujeres desesperadas hasta Breaking Bad o Hapiness, por nombrar algunos ejemplos. En todas ellas podíamos atisbar que bajo la apariencia de perfección se ocultaba todo un submundo de mentiras, conflictos subyacentes y/o hipocresía brutal. En el perfecto jardín del vecino podía haber oculto un cadáver o bajo la sonrisa angelical de la vecina una tristeza infinita de vacío existencial.

Un último apunte, ya casi personal: lo estándar da mal rollo. El mundo es caos, no entropía. Cuando todo es idéntico, perfecto e ilimitado, da escalofríos porque no puede ser natural, ni espontáneo, ni, si me lo permitís, hermoso. Hasta los perfumes más exquisitos contienen una determinada cantidad de aromas que por su cuenta serían desagradables.

¿Quiénes son Martin y los bebés precoces?

La película no le da al espectador todas las respuestas, ni falta que hace. Queda a su interpretación que Martin y los suyos puedan ser extraterrestres, androides o lo que cada uno prefiera pensar. Lo que está claro es que las criaturas de Vivarium no son humanas y que su modo de vida implica parasitar a los humanos... Así que una de las reflexiones que podemos hacer es cómo tratamos los seres humanos al resto de los seres vivos con los que nos relacionamos. 

Si al ver la cinta te genera repelús, piensa que quizás los peces que dan vueltas en el acuario de tu salón se sienten igual que Gemma y Tom buscando una salida imposible. Si eso te hace sentir pequeño, o pensar que puede que estés en una suerte de Matrix o de terrario de una mente superior, significa que Lorcan Finnegan ha conseguido su objetivo con la película: hacerte pensar. Disfruta de los escalofríos.

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