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Hobby Consolas 30 años de presentaciones parte 2
Reportaje

Hobby Consolas: 30 años de eventos y presentaciones (parte 2)

En la celebración del 30 aniversario de Hobby Consolas seguimos rememorando algunas de las presentaciones más extrañas, locas por planteamiento o, simplemente, especiales para los miembros de la redacción que pudieron asistir y vivirlas. Y como han sido tantas en todos estos años, ahí va una segunda sartenada...

Seguimos celebrando #HobbyCumple 30, y tras la primera entrega de la semana pasada, volvemos a echar la vista atrás para rememorar otra ración de presentaciones y eventos de videojuegos que, por un motivo u otro, han dejado huella en los miembros de la redacción de Hobby Consolas. Porque aunque no lo creáis, en 30 años no sólo hemos dado la vuelta al globo unos cuantos cientos de veces para traeros las mejores exclusivas: también hemos participado en eventos por todo el planeta. 

Y algunos de estos eventos de presentación han sido francamente inolvidables... Bien por lo único de su planteamiento, bien por lo arriesgadas que eran, por el contexto en que tuvieron lugar porque nos permitireron realizar algo al alcance de pocos. Por eso, hoy queremos compartir con vosotros esta segunda parte de las presentaciones que más ha marcado a la redacción de Hobby Consolas.

Javier Abad - presentación de Pro Rally 2002 en Finlandia (2002)

La que os voy a contar no sé si es la presentación más loca en la que he estado, pero desde luego que me sirvió para comprobar que, si hablamos de locura, los finlandeses están en el top mundial

Os pongo en situación: estamos en febrero del año 2002 (quedaos con el mes) y se acerca el lanzamiento de Pro Rally, un simulador para PS2. ¿Qué hacer para presentárselo a los chicos de la prensa? Pues nada mejor que llevarlos a Finlandia (quedaos con el lugar) aprovechando que se celebra allí el Rally del Ártico.

Hazte con la historia de Hobby Consolas Volumen 1

Recapacitemos: hemos dicho Finlandia y febrero, así que hablamos de una temperatura de unos 20º bajo cero, desde luego mucho más frío del que yo había sentido sufrido nunca. En la maleta metí toda la ropa de abrigo que pude pedir prestada a familiares y amigos, y también me compré algo que me vendieron como ropa interior térmica, pero como hay confianza puedo decir que eran unos calzoncillos largos igual que los que llevan los vaqueros en los spaguetti western.

Pro-Rally 2002

Mi destino era Rovaniemi (donde por cierto está la casa de Santa Claus), y cuando llegué se confirmaron todas las previsiones: hacía frío, mucho frío. Para que os hagáis una idea, allí al respirar notas que se te congelan los pelillos de la nariz.

Un español no concibe que nadie pueda vivir en un sitio así, pero es que los finlandeses no solo lo hacen, sino que además compaginan la supervivencia a temperaturas inhumanas con la afición por los rallies, como lamentablemente pude comprobar. Y es que la principal actividad del viaje consistía en asistir en directo a un tramo del Rally del Ártico. Un planazo, os lo aseguro.

Pro Rally 2002 Javier Abad

La cosa consistió en madrugar para aprovechar las escasas 3 o 4 horas de luz del día, coger unas motos de nieve y adentrarnos en un bosque hasta llegar a un punto indeterminado en el que había un grupo de personas de pie. Yo pensaba que serían supervivientes de un accidente aéreo a los que íbamos a rescatar de una muerte segura por congelación, pero resultaron ser aficionados locales que esperaban para ver pasar los coches junto una fogata donde asaban salchichas con la ayuda de un palo. ¿Veis como era un planazo?

Los periodistas nos sumamos a la “fiesta”, y mis pies no tardaron en dar señales de hipotermia. Os aseguro que el frío puede llegar a doler mucho. Siempre recordaré mi sufrimiento en medio del Círculo Polar Ártico mientras esperaba salchicha en mano a que pasaran los coches a toda velocidad. A cada uno lo veíamos apenas 3 segundos antes de perderse de vista en la espesura del bosque. Los finlandeses se emocionaban. Yo lloraba.

Alberto Lloret - presentación de Call of Duty Modern Warfare (2007)

Después de tantísimos años, resulta difícil, por no decir imposible, quedarme con un único evento o momento, porque han sido tantos, y tan buenos, que reducirlo a uno sólo es realmente inviable. Empezando por mi primer viajes con presentación, con DNI caducado atravesando la frontera con Francia para ir a Montpelier para ver Rayman 2, y siguiendo por la sesión de preview de Ocarina Of Time en el famoso pueblecito "primo germano" de Kakariko antes del lanzamiento en 1998... lo cierto es que he tenido la suerte de poder asistir a eventos únicos.

Presentación Ocarina of Time en Alemania 1998

Otros han sido surrealistas, ya sea por la escenificación o por el planteamiento. Subir maniatado y con los ojos vendados por la Gran Vía de Madrid, en un camión militar descubierto, sin loneta, a la vista de todo el mundo, ha sido cuando menos, de esas cosas que no se olvidan así como así (y que fue con motivo del lanzamiento de Call of Duty World at War, si no me falla la memoria... Sí, soy el que está detrás del soldado del centro.

Presentación Call of Duty World at War - Alberto Lloret

Podría seguir con la visita a un desaliñado caserón en mitad de la campiña francesa donde Konami y el Silent Team optaron por celebrar la lúgubre presentación de Silent Hill 2 en Europa. Todo muy tétrico, incluidos colchones tirados por el suelo para las sesiones de prueba del juego. Y es que lo tétrico ha sido a menudo una constante: sin ir más lejos, para el lanzamiento de The Man of Medan, nos metimos en la sala de máquinas de un barco para vivir una suerte de escape room con pasaje del terror.

También he podido estar a escasos metros de ballenas, y como Indiana Jones, he subido en hidroavión, y hemos hecho otras mil y una chaladuras. Pero sin duda alguna, una de las que más intensamente recuerdo fue en otro evento de la multimillonaria saga de shooters de Activision, y más en concreto, de la presentación Call of Duty Modern Warfare en 2007 (el primero, no el reboot de 2019).

Activision preparó un completo día al aire libre en Ocaña, en el que pudimos tener un primer contacto con el juego, hablar con sus creadores y, de postre, participar en diversas actividades, entre ellas, paintball, volar en ultraligero o salto tándem en paracaídas. Saltar en tándem es algo que cualquiera puede hacer, pero yo nunca antes me lo había planteado... y con la excusa de la presentación me animé.

Tras rellenar todos los papeles posibles sobre exención de responsabilidad (por si algo fallaba y acababa con todos los dientes repartidos por el suelo), nos explicaron rápidamente todo lo que debíamos saber y, nos metieron en la avioneta. Yo quedé sentado al lado de la puerta, y la tensión de abrirla al llegar a la altura indicada, y sacar las piernas fuera, es de esos momentos que no se olvidan, como el chorro de aire frío que entraba por las perneras del pantalón.

Presentación Call of Duty Modern Warfare - Alberto Lloret

Son unos segundos intensos, pero una vez que caes al vacío, la sensación es indescriptible. Adrenalina pura. No es especialmente largo, pero si de esas cosas que difícilmente se olvidan... como el aterrizaje. Como diría Cartman de South Park, yo estoy "fuertecito", y por resumirlo rápido, fue como la escena en la que la nave de Superman cae en la Tierra, pero menos glamuroso, sin nave, más polvo y sin granjero que viniera a rescatarnos. El surcazo que dejamos en el suelo todavía se ve desde la estación espacial internacional. 

Álvaro Alonso - Evento de preview de Mafia III en Nueva Orleans (2016)

Hablando con mis compañeros, tengo la sensación de que las presentaciones, viajes de prensa etc. han cambiado bastante y ya no son tan… grandilocuentes como antaño. Es habitual encontrarse una decoración con motivos del juego en el sitio del evento (a veces curradas, otras no tanto), pero no se acercan a las cosas locas que me han contado.

Recuerdo con especial cariño el evento de preview de Dark Souls III, en Hamburgo, que fue DENTRO de una catedral. Se habían traído armas y personajes del juego, pero el ambiente del lugar ya bastaba para sentirte parte de ese universo. Y bueno, también estaba Miyazaki; eso suma muchos puntos.

Dark Souls 3
¿La Catedral de la Oscuridad?

También recuerdo uno de mis primeros viajes, la primera vez que fui a Londres, de hecho, con motivo de Candy Crush (¿se acuerdan de Candy Crush? Madre mía los 80). El evento (más bien fiesta) se realizó en el interior de un barco que navegaba por el Támesis. 

Cuando se hizo de noche, nos pidieron que nos asomásemos para contemplar cómo un osito gigante de gominola se abría paso por las aguas del río, junto a un espectáculo de luz y color. Debido a su enorme tamaño, tuvieron que levantar el London Bridge para que el osito pudiese cruzar… Y no me quiero imaginar la cantidad de dinero que hizo falta para eso.

Candy Crush
¿Era un osito de gominola de verdad? Probablemente.

Pero sin lugar a dudas el evento más flipante en el que he estado, y el que probablemente más se acerca a las historias de mis compañeros, fue el de Mafia III, en Nueva Orleans. En el momento en que llegué a la habitación del hotel y me encontré una guitarra española junto a la cama (wtf?) supe que ese viaje iba a ser especial.

Al día siguiente, por la mañana, cuando salimos del hotel para dirigirnos al lugar del evento, noté que pasaba algo raro. En la calle, esperando, no sólo había periodistas de otros medios; también había gente vestida de blanco, con instrumentos musicales en sus manos. Tardé un rato en comprender que era una banda. “Pero bueno”, pensé, “Nueva Orleans es una ciudad con fuertes raíces musicales (de ahí la guitarra en la habitación), así que será normal encontrarse bandas por la calle”. Ja.

Mafia III

En cuanto echamos a andar, la banda empezó a tocar y nos acompañaron durante toda la travesía hasta el lugar del evento. Sin darnos cuenta, dejamos de ser un grupo de periodistas que iban a probar un videojuego y nos convertimos en un desfile que marchaba trayendo felicidad a las calles de Nueva Orleans; la gente asomaba desde las ventanas de sus casas para verlo, algunos incluso se unían a la fiesta. Era como estar viviendo dentro de un musical. 

Fue una forma alucinante de dar comienzo a un viaje que también contó con una visita guiada por los barrios de la ciudad en compañía de un experto en mafia, un paseo en ferry al atardecer (con espectáculo de un mentalista incluido) y una excursión en barca por los pantanos para conocer a los alligators.

¿Sabíais que, pese a sus similitudes, los alligators no son ni cocodrilos ni caimanes? Para que luego digan que los videojuegos no son didácticos.

Rafael Aznar - Shadow of the Tomb Raider (2018)

Uno de los aspectos más agradecidos de trabajar en una revista de videojuegos es el hecho de poder asistir a presentaciones para probar los futuros lanzamientos por anticipado y hablar con sus desarrolladores. No obstante, el procedimiento no suele ser el más gustoso del mundo, pues, cuando se celebran fuera de España, implican darse una pequeña paliza, así que, para conmemorar el trigésimo aniversario de Hobby Consolas, cual Peter Griffin, he pensado que podía venir a cuento contar ‘aquella vez’ que estuve en Montreal.

Al menos hasta que estalló la pandemia de covid-19, eran tremendamente habituales los viajes exprés para asistir a esos eventos (ojalá regresen en el futuro, aunque no las tengo todas conmigo). Por regla general, se celebraban en Londres, para que los periodistas de toda Europa pudieran coger un vuelo matutino, acudir al evento de marras a tiempo, aprovechando la diferencia horaria, y regresar por la tarde a sus países de origen. En ese sentido, yo he tenido que ir tantas veces allí que he perdido la cuenta, pero imagino que el número puede estar cerca de las cincuenta, y no es particularmente alto si se compara con el de otros compañeros de esta nuestra prensa especializada.

Un viaje supersónico y sombrío a Montreal

Ahora bien, a poco que un viaje fuera para realizar una cobertura en exclusiva, lo lógico no era ya que fuera a la capital inglesa, sino a la ciudad donde estuviera el estudio de desarrollo del juego en cuestión, para poder ver las oficinas, probar alguna demo y entrevistar a los creadores. Cuando se trataba de viajar a Japón o Norteamérica, lo habitual era que el calendario se repartiera, como poco, en tres días: uno para llegar al lugar, otro para el evento en sí y un tercero para regresar. Sin embargo, yo he tenido el infortunio de ver uno de esos viajes relámpago condensado en menos tiempo aún.

En marzo de 2018, me tocó ir a Montreal para probar en primicia Shadow of the Tomb Raider, que todavía no se había anunciado por aquel entonces. Aquel viaje supuso el mayor ataque que han sufrido nunca mis ciclos circadianos, pues salí de Madrid un martes a las diez de la mañana y el jueves a las dos del mediodía ya estaba de vuelta. Por medio, hubo cuatro vuelos, debido a la necesidad de hacer escala en Casablanca. Esas 52 horas se repartieron entre dieciocho horas de vuelos, nueve horas de espera en aeropuertos y veinticinco horas en la propia ciudad de Montreal. No tuve tiempo casi ni para sufrir el temido jet lag, pero sí para acumular alguna que otra anécdota de pitiminí.

Un viaje supersónico y sombrío a Montreal

La primera es que, cómo no, me paró una vigilante de seguridad cuando iba a salir de la zona de equipajes del aeropuerto de Montreal. Al ver que sólo llevaba una mochila a la espalda (¿para qué iba a cargar con una maleta, teniendo en cuenta la duración del viaje?), me preguntó cuál era el propósito de mi viaje y cuánto tiempo iba a estar en la ciudad. Cuando le respondí que había ido para asistir a la presentación de un videojuego y que me marchaba al día siguiente, arqueó la ceja (como para no hacerlo), pero, por suerte, acabó desfrunciendo el ceño y creyéndome, pues nadie en su sano juicio se inventaría tal historieta.

Como la diferencia horaria respecto a España era de ‘sólo’ cinco horas, pude encontrar el sueño con relativa facilidad al llegar al hotel, pese a que me temí que estuviera muy escondido. A la mañana siguiente, asistí a la presentación del nuevo juego de la trilogía sobre los orígenes de Lara Croft, pero, para mi sorpresa, no fue en las oficinas de Eidos Montreal, como dictaba la lógica, sino en un bar cualquiera que habían inundado con un montón de consolas. Tras probar la primera sección del juego, que acababa con un devastador tsunami, pude hablar con los principales responsables del proyecto.

Un viaje supersónico y sombrío a Montreal

A mediodía, aquello ya estaba más que finiquitado, pero mi vuelo de vuelta no despegaba hasta la noche, así que fui con varios periodistas a dar un paseo por Montreal… o por una serie de calles que, supuestamente, eran las de Montreal. En Canadá, están más acostumbrados que nosotros a los temporales ‘filoménicos’, así que, esos días, la ciudad estaba cubierta de nieve y la niebla no dejaba ver más allá de unos pocos metros. De hecho, subimos a lo alto de una de las torres turísticas de la ciudad y lo único que vimos fueron las vagas siluetas de los edificios perdidos en medio de la bruma. Pensé que el tiempo (el del reloj, no el de los termómetros) se había vuelto loco y, en realidad, la presentación era de Rise of Tomb Raider, y no de su secuela.

Superado el día, el cuerpo me pedía tierra, pero lo que le di fue aire, porque el vuelo de regreso salía a las diez de la noche. Intenté dormir unas horas como buenamente pude (cosa que nunca se me ha dado bien mientras voy enlatado cual sardina en un asiento de clase turista, y eso que mido lo que un pigmeo), hice la escala de rigor en Casablanca y, cuando llegué a Madrid, siendo ya jueves, fui volando a casa (porque Metro de Madrid vuela, según el eslogan), pero no para meterme en la cama, sino para ayudar con el cierre del número 321 de Hobby Consolas, que debía entregarse a imprenta esa misma tarde. Recuerdo que el análisis que yo mismo había escrito de Life is Strange: Before the Storm, casualmente otro juego de Square Enix, iba finalmente a una página, en lugar de a dos, que era como yo lo había dejado cuadrado antes de saltar al otro lado del charco, así que saqué fuerzas de flaqueza, cogí la podadora textual y lo cuadré.

Un viaje supersónico y sombrío a Montreal

Y así fue como culminó aquel viaje. La parte visceral de mi cuerpo casi ni se había enterado de que había cambiado de continente cuatro veces en dos días, pero, con el tute, me acordé de la manida frase de que a los periodistas especializados en este sector "nos pagan por jugar". A veces, sí; a veces, no. No obstante, he de decir que lo echo mucho de menos y, ahora, hasta pagaría yo por volver a Montreal y saber en qué está trabajando Eidos Montreal. Si no es un viaje tan supersónico y sombrío, quizá hasta pueda averiguar si la ciudad es tan bonita como dicen…

Y hasta aquí esta segunda toma de contacto con las presentaciones que más han marcado a la redacción de Hobby Consolas. La semana que viene, seguiremos buceando en los 30 años de historia de Hobby Consolas.

Y además