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Kaze and the Wild Masks
Análisis

Análisis de Kaze and the Wild Masks, un plataformas que sabe a vieja escuela

Versión comentada: PS4

Las mascotas de los juegos de plataformas regresan con este homenaje de PixelHive a la época dorada del género. No te dejes engañar por sus coloridos gráficos: es un juego de saltos que te hará sudar tinta.

El apogeo de las consolas de 16 bits trajo consigo un verdadero festival de juegos de plataformas que, por lo general, estaban protagonizados por mascotas antropomórficas, desde Sonic hasta Bubsy. Esa etapa marcó a muchos niños que ahora son programadores y quieren homenajear la era dorada de ese género.

Con esa noble intención llega Kaze and the Wild Masks, el nuevo juego de PixelHive, que aterriza en todas las plataformas actuales, incluyendo Steam y Stadia. Como decimos es un juego de plataformas de vieja escuela, con gráficos coloridos en 2D, personajes muy cartoon y mundos divididos en niveles donde nos esperan montones de saltos, items por recolectar y fases secretas.

La historia, como suele pasar en el género, no tiene mucho misterio, pero nosotros debemos controlar a Kaze, una conejita muy "echá p'alante" que debe recolectar unos cristales mágicos para detener una extraña invasión de monstruos con formas de verduras y hortalizas. Oye, ¿por qué no?

Cada fase tiene como objetivo principal, simplemente, llegar al final (hay 6 mundos en total, que van teniendo un mundo creciente de fases), pero por supuesto, en cada uno hay items coleccionables. En concreto, hay 2 trozos de cristal en cada uno, que se obtienen superando minifases con retos especiales contra reloj (normalmente, conseguir un número de cristales o derrotar a un número de enemigos). Si conseguimos todos estos cristales en las fases de cada mundo, desbloqueamos una fase extra. Os va sonando la dinámica, ¿verdad? Y, por supuesto, al final de cada mundo, aguarda un jefe final. En total, hay más de 30 fases "normales" y unas 50 de bonificación.

Kaze and the Wild Masks

También podemos recolectar las letras K-A-Z-E para desbloquear ilustraciones especiales que van profundizando en la historia del juego. Y es que su apartado artístico invita a conocer más y más.

Sus gráficos, puramente 2D, recuerdan a una mezcla entre aquellos Tiny Toon y Donkey Kong Country (con este último, guarda también muchos parecidos jugables) de la época de Mega Drive y Super Nintendo, aunque con un nivel de resolución y colorido que nos habrían hecho babear en la época. 

Los personajes también están muy detallados y tienen divertidos diseños que recuerdan a verduras de todo tipo. Kaze tiene unas animaciones super fluidas y, además, en determinados momentos podemos transformarla en animales al estilo Wonder Boy (gracias a las máscaras que dan nombre al juego), cada uno de los cuales tiene sus propias animaciones y habilidades: un tiburón que puede bucear de forma indefinida, un tigre que se agarra a las paredes para rebotar...

Kaze and the Wild Masks

Los escenarios están llenos de movimiento y color y a veces tenemos efectos de lluvia, atardeceres super vistosos... Es una gozada disfrutar del juego en pantalla grande. Por su parte, el sonido tiene efectos muy justitos, pero las melodías sí tienen estilo agradable que recuerda a los juegos en los que se inspira.

El control también está a la altura de las circunstancias y nos permite saltar con absoluta precisión... Y ojo, porque os va a hacer mucha falta porque, aunque el primer mundo es razonablemente asequible, a partir de ahí la dificultad se dispara bastante, hasta el punto de que algunos niveles tienen un ritmo frenético que nos pide precisión casi milimétrica. Para muestra, este extracto de una fase, que se corresponde con un tramo anterior a la mitad del juego. Mirad, mirad:

Como podéis ver, la cosa no es nada sencilla y, de hecho, algunos de estos retos pueden volverse un pelín frustrantes porque en ocasiones nos damos de bruces con los enemigos o barrancos, sin tiempo a reaccionar. La única solución acaba pasando por el ensayo y error hasta acabar memorizando los tramos.

Por suerte, Kaze and the Wild Masks nos da algunas ayudas. Por un lado, tenemos vidas infinitas y autoguardado, así que nunca llegaremos a ese temido Game Over. Por otro, de vez en cuando encontramos corazones que hacen aparecer al hermano de Kaze, el cual actúa como un escudo para que podamos recibir un golpe y no morir. A mitad de nivel siempre hay un "checkpoint", de tal forma que, si morimos, continuaremos desde ahí. Pero cuidado, porque a partir de ese punto la dificultad suele subir un gran peldaño y podemos contar con que nos queda un tramo largo y más complejo. ¡Pero oye, si eres hijo de los 90, estarás a la altura del desafío, que para eso se homenajea esa época!

Kaze and the Wild Masks

Precisamente, parte de la gracia de este juego de plataformas está en dominar todos los movimientos de Kaze: saltar (si lo hacemos sobre los enemigos, los matamos), girar para atacar, planear utilizando nuestras orejas, agarrarnos a cuerdas, propulsarnos con ciertos objetos... Al principio puede "cortocircuitarnos" recordar tantos movimientos, pero cuando dominamos el recorrido y llevamos a cabo coreografías tan complejas, resulta muy satisfactorio.

Además, una vez superamos los niveles, podemos revisitarlos y tocar un icono para entrar en un modo contrarreloj, pensado para los saltarines más hardcore.

Como podéis ver, Kaze and the Wild Masks es un plataformas de lo más completo. Es cierto que resulta bastante poco original (hay niveles que copian muy descaradamente los de Donkey Kong Country, por ejemplo) y que quizá esa curva de dificultad impide que los jugones más jovencitos puedan disfrutar de las zonas más avanzadas, pero no cabe duda de que todo lo que homenajea lo hace bien. Cuando os pongáis a los mandos, la nostalgia os invadirá y recordaréis esas tardes jugando en la habitación mientras merendabais vuestro habitual bocata de callos... ¿Qué, de Nocilla? Uy, qué gustos más raros tenéis...

Valoración

Un juego de plataformas sólido como una roca en lo visual y lo jugable, que quizá se pasa a la hora de homenajear la época dorada del género con los 16 bits. No es muy original, pero lo hace todo bien.

Hobby

84

Muy bueno

Lo mejor

Su gusto por la estética clásica y la variedad de retos que tenemos que superar.

Lo peor

La curva de dificultad se pasa de despiadada en ocasiones. No es muy original.

Y además