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Wonder Boy: Asha in Monster World
Análisis

Análisis de Wonder Boy: Asha in Monster World, el colorido regreso del clásico

Versión comentada: Nintendo Switch

Una de las franquicias más queridas de las consolas SEGA regresa con un buen lavado de cara y una aventura que es puro reto nostálgico. ¡Volvamos a Monster World!

En 1994, las andanzas de Wonder Boy (Monster World en Japón) llegaban a su fin con Monster World IV, una de las aventuras más coloridas y pulidas de Mega Drive... Pero solo lo vieron en Japón. Aunque a lo largo del tiempo el juego ha estado disponible en packs para consolas recientes, el resurgir de la franquicia ha servido para traerlo de vuelta con Wonder Boy: Asha in Monster World para PS4, Switch y PC.

Hace poco disfrutamos del remake de Wonder Boy: The Dragon's Trap y del juego "no oficial pero como si lo fuera" Monster Boy y el reino maldito. Mientras uno de los proyectos más curiosos de sus desarrolladores, Clockwork Aquario, sigue en busca de su resurrección, por fin tenemos en Europa este Asha in Monster World, solo unas semanas después de su llegada a Japón.

Por si tantas entregas os tienen despistados, el juego que nos ocupa es una adaptación casi, casi literal del original de Mega Drive de 1994, pero con control y gráficos remozados, más algún pequeño cambio extra. El desarrollo, a grandes rasgos, parece el propio de un juego de plataformas, pero con diferentes elementos de exploración y aventura.

Nosotros controlamos a Asha, una joven aventurera del pequeño pueblo de Rapadagna que por fin se embarca en su gran odisea: rescatar a los cuatro espíritus elementales de su mundo, que han sido secuestrados por unos misteriosos magos. Como suele ser habitual en los Wonder Boy, el juego nos permite cierta libertad para explorar. 

Una ciudad sirve como nexo para las diferentes fases. En ella podemos entrar en tiendas para mejorar nuestra arma o escudo, hablar con personajes que nos expliquen el contexto y avance la historia... Y, por supuesto, encontrar cofres secretos o caminos secundarios que nos revelen algún extra.

Asha in Monster World

Explorar para dar con estos secretillos es una constante en la franquicia y aquí nos ayuda no solo a mejorar a Asha (podemos encontrar lágrimas azules y al coger 10, ganamos un corazón de salud, por ejemplo), sino también al Pepelogoo (toma nombre molón), nuestro compañero de viaje. El Pepelogoo es una especie de pájaro "peluchil" que resulta imprescindible para ciertas tareas, como auparnos para dar un salto doble, apagar llamas o congelarse para generar una plataforma. Además, si morimos y teníamos una poción, nuestro compañero nos resucitará.

Esta dinámica de cooperación con nuestra mascota es una de las señas de identidad de esta entrega y sirve para que vayamos cogiendo cariño a la relación de ambos, que con simples gestos transmite mucho. Por supuesto, la propia Asha también es muy capaz y con su cimitarra puede ejecutar ataques ascendentes, frontales o hacia abajo en pleno salto. También hay un Golpe Mágico más dañino, que podemos usar tras rellenar el medidor correspondiente con ataques normales.

Asha in Monster World

Combinar todo esto con buenos escudos (no solo para frenar ataques, sino también para ser resistentes al fuego o a la electricidad, por ejemplo) es fundamental para enfrentarnos a los enemigos, pues muchos se protegerán o lanzarán proyectiles y habrá que usar una estrategia especial. Conseguir cimitarras más dañinas y aumentar nuestro número de corazones (con las lágrimas o con pulseras que aumenten nuestra resistencia) resulta clave para acabar de una pieza.

Cada mundo que visitamos (un templo congelado, un entorno magmático...) es enorme y está plagado de esa mezcla de saltos y puzzles basados en interruptores tan clásica. Tanto la disposición de los enemigos como el mapeado de los mundos es prácticamente idéntica a la del original y, por supuesto, al final nos espera un jefe final que no suele ser especialmente complicado, si hemos hecho buen acopio de pociones o raíces curativas.

Asha in Monster World

A medida que vamos superando los mundos, la ciudad central va cambiando, al igual que nuestro Pepelogoo, lo que da sensación de que cada vez nos vamos sumergiendo más en la aventura. Además, podemos revisitar los mundos ya superados o salir de alguno de ellos sin tener que llegar al final (aunque perderemos el progreso, claro), simplemente usando la lámpara mágica de nuestro inventario, dentro de esa ambientación tan "arábica" del juego.

Un cambio importante respecto al juego original es que ahora no hace falta encontrar a un misterioso anciano para salvar la partida, pues podemos hacerlo en cualquier momento desde el menú de pausa. Además, tenemos un montón de slots de salvado diferentes, con lo que hemos ganado en comodidad. También se incluye un modo fácil para los que no quieran complicarse tanto.

Por supuesto, el cambio más grande de Asha in Monster World está en su apartado técnico. Por un lado, los gráficos pasan a ser poligonales, con escenarios y personajes recreados en 3D. Aún así, la gran mayoría del tiempo el desarrollo sigue siendo puramente 2D, aunque en contados momentos podemos avanzar en profundidad.

Asha in Monster World

El apartado visual mantiene todo el colorido y ese irresistible encanto alegre del original, desde el "bailecito" de Asha cada vez que abre un cofre hasta sus divertidas expresiones, sus poses de alegría o las muecas del Pepelogoo. Han sabido dar los retoques justos para que se mantenga fresca esa mezcla de aventura y simpatía que embriagó en 1994. ¡Hasta los jefes finales son muy cuquis!

Esto sirve también para que haya algunas escenas de corte en tiempo real para los momentos más importantes de la historia.

Asha in Monster World

Aún así, es cierto, que se habría agradecido un pelín más de detalle en los modelos, pues a veces se nota de más el borde poligonal de los mismos. No es nada grave, ni mucho menos, pero en ese sentido el juego parece de un par de generaciones atrás.

La música también recupera el icónico tema original y sus "remixes" para las melodías de cada mundo, pero con el nivel de detalle que se espera en una consola actual. Además, algunos personajes tienen voces digitalizadas (en japonés) y vuelven los típicos efectos de sonido de las monedas cayendo, por ejemplo. Solo con escuchar eso, los veteranos ya tendréis un subidón de nostalgia.

Y es que Wonder Boy: Asha in Monster World es muy consciente de dónde proviene, especialmente porque cuenta con la implicación de varios miembros creadores de los juegos originales. Así, tenemos al mismísimo Ryuichi Nishizawa, padre de Wonder Boy, a cargo del proyecto; o a Shinichi Sakamoto de nuevo firmando la música.

Esto se nota en pequeños detalles por aquí y por allá, desde la fiel recreación de los personajes hasta sus versiones pixeladas en los tiempos de carga o mensajes de pistas que nos recuerdan que el juego ya existió en Mega Drive.

Asha in Monster World

El control es razonablemente preciso, aunque es cierto que a veces cuesta de más ejecutar algunos ataques o agarrarse a cuerdas porque el juego no detecta a tiempo nuestros comandos. En cualquier caso, la experiencia suele ser directa y agradable, aunque eso no quita que tengamos que estrujarnos un poco el cerebro (o hasta tomar notas, como en los viejos tiempos), para según que puzzles, como está mandado.

Superar Wonder Boy: Asha in Monster World os llevará unas 6 horas, lo cual no es una barbaridad, pero es más que suficiente para disfrutar de una aventura así. Por cierto, podréis comprarlo en digital, tanto en PS4 como en Switch (en PC sale unos días más adelante) por 35,99 euros o en físico por 39,99 (en este último caso incluye además el original de Mega Drive). Sea como sea, disfrutaréis de una aventura sencilla, quizá simple para los estándares actuales, pero sin duda encantadora como el vuelo de un Pepelogoo. ¡Monster World está de vuelta y es tan divertido como siempre!

Valoración

Gracias a los cambios justos y necesarios para mantenerlo al día, este clásico de Mega Drive sigue siendo una aventura que sabe atrapar y hacernos disfrutar del alegre desafío.

Hobby

84

Muy bueno

Lo mejor

Su desafío de vieja escuela, con retos que requieren esfuerzo, pero sin ser injustos. Su encantadora estética.

Lo peor

Tener que saltar a ciegas a veces, dejando nuestro destino en manos de la suerte. Lo reiterativo de algunos enemigos.

Y además