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Allen v Farrow
Análisis

Crítica de Allen v. Farrow, el documental de HBO que escucha a Dylan Farrow

Crítica de Allen v. Farrow, el documental de HBO que escucha a Dylan Farrow y analiza el escándalo derivado de las acusaciones de abuso sexual contra Woody Allen.

Resulta escalofriante comprobar la forma en la que socialmente se tratan determinados temas como el de los supuestos abusos a menores cuando los acusados son celebridades. El corazón de Allen v Farrow es mostrar la confrontación de dos figuras públicas de notable éxito a cuenta del sonado escándalo derivado del testimonio de Dylan Farrow cuando en 1992 señaló a Woody Allen como la persona que la había atacado sexualmente, con seis años de edad.

El documental saca a la luz bastante información inédita entre la que se incluyen las grabaciones de las conversaciones telefónicas entre Woody Allen y Mia Farrow sobre estos hechos y también sobre la relación del primero con Soon Yi, su actual esposa y madre de dos hijos y con quien habría comenzado a intimar antes de llegar a la mayoría de edad.

Se vale también de testimonios de personas cercanas a la familia Farrow además de abogados y periodistas que cubrieron la noticia en su momento e incluso críticos de cine cuya percepción del cineasta ha ido cambiando con el paso del tiempo.

Vaya por delante que no es fácil seguir los hechos, teniendo en cuenta, sobre todo, la amplitud y complejidad de la familia de Mia Farrow y la especial relación con Allen, quien ni siquiera vivía en el domicilio familiar y que en principio no mostró ningún interés por los niños aunque sin embargo tuvo luego episodios de, como poco, obsesión enfermiza por Dylan. La actriz adoptó a diez niños y tuvo cuatro biológicos.

Huja de ruta de una familia numerosa

La cronología sería la siguiente: con tan solo 21 años de edad Mia Farrow se casó con Frank Sinatra, un matrimonio que duró solo dos años. Después se casó con André Previn con quien tuvo tres hijos biológicos llamados Matthew, Sascha y Fletcher y adoptó a otros tres: Soon Yi, Lark Song y Daisy. Esta relación duró nueve años, del 70 al 79, y se alargó en el tiempo de forma cordial. El documental muestra que de hecho siguen manteniendo contacto con asiduidad.

Si nos atenemos a los hechos probados, Woody Allen perdió la custodia de los tres hijos que tuvo en común con Farrow: dos a los que él adoptó por voluntad propia después de que ella hiciera lo propio en 1985 (Moses y Dylan) y uno biológico que tuvieron en común, Ronan Farrow, ya en 1987.

El juez dictó una orden de custodia en la que señalaba el comportamiento de Woody Allen como "gravemente inapropiado" y enfatizaba la necesidad de tomar "medidas para proteger a Dylan" a quien se muestra como una niña temerosa que llegaba incluso a encerrarse para evitar tener contacto con su padre y con un enorme cambio de personalidad en fechas próximas al episodio de supuestos abusos. El fiscal decidió evitar que Dylan sufriera una violenta batalla legal declarando en juicio y retiró los cargos aunque anunció públicamente que tenía "una causa probable" para procesar a Allen.

Mia, ya como madre soltera, continuaría adoptando niños de modo que así llegarían Tam, Isaiah, Quincy, Frankie-Mihn y Thaddeus, aquejado de parálisis derivada de la polio, enfermedad que la propia actriz contrajo y superó de joven.

El foco, en la víctima y las consecuencias a las que tiene que enfrentarse

El documental Mia v Farrow recoge las declaraciones de la propia Dylan Farrow en la que detalla su experiencia así como la lectura de la carta que envió en 2014 al New York Times en la que se mostraba muy dolida por el homenaje de los Globos de Oro en los que se celebraba la carrera cinematográfica de Allen, dejando totalmente a un lado su vida personal. ¡De vuelta al debate de si debemos separar al hombre del artista!

Aquello fue de hecho el detonante de un debate público muy intenso acerca de la forma en la que como sociedad "decidimos" qué creer y mirar hacia otro lado cuando nos interesa. La calidad de la obra del cineasta no está en duda, su talento es evidente, pero ¿debemos diferenciar su obra de su persona?

Por primera vez después de tantos años, fue el movimiento #MeToo el que consiguió que Dylan pudiera explicarse sin tapujos y no sentirse sola. Ser la dueña de su relato, tantas veces puesto en duda. Y precipitó también una verdadera caída en desgracia de Allen y lo que él denomina en sus memorias "A propósito de nada" como "el tiempo de los sinvergüenzas": actores renegando de haber trabajado con él y donando sus salarios a causas benéficas, Amazon cancelando su serie, películas sin financiación ni estreno y Europa como única salida para seguir creando.

A la finalización del documental la vida ha seguido fluyendo: Allen prepara su largo número 51, Farrow sigue asociada a sus causas benéficas como embajadora de Unicef y hay dos bloques familiares enfrentados: solo Moses y Soon Yi se posicionan públicamente a favor de Allen, el resto apoya a Dylan y Mia Farrow.

¿Caza de brujas o luz de gas?

¿Cómo es posible que casi tres décadas después de los hechos todo este asunto siga dirimiéndose en en el terreno público en un cruce de acusaciones? Lo que Allen considera una caza de brujas es por el contrario para Dylan luz de gas. Siempre se acaba dudando de la memoria, la percepción de la realidad y hasta la cordura de las víctimas, que son juzgadas incluso con mayor crueldad que los presuntos perpretadores de los abusos (recordemos que también fue HBO quien lanzó el polémico documental Leaving Neverland, al que se alude durante el metraje, sobre los testimonios contra Michael Jackson y que aquello despertó toda una campaña a su favor en redes sociales).

Lo triste es que son ellos los que tienen que lidiar con la ansiedad, los problemas para relacionarse y los ataques de pánico sumados al desprestigio social. ¿Quién puede hacerle sombra a un genio mil y una veces aclamado por el público?

Allen v Farrow

También se hace alusión a la carta abierta en la que Moses apuntaba con el dedo a su madre Mia por considerarla una maltratadora psicológica, una manipuladora pero no que fuera la causante directa o indirecta del suicidio de dos de sus hermanos (sostiene en ella que Tam se suicidó con una sobredosis de pastillas tras años de sufrir una depresión que Mia se negó a tratar aunque oficialmente se achacó a un fallo cardiaco y que después Thaddeus también se quitó la vida al dispararse en un automóvil por la misma razón). Ni tampoco de la muerte de Lark Song, que fallecería por una neumonía complicada por el VIH.

Allen v Farrow no es un documental que vaya a hacerte cambiar de postura si ya te has creado en tu mente tu propia versión de los hechos, porque por desgracia es unilateral de forma forzosa. Solo los fragmentos de las memorias de Allen y alguna entrevista puntual a Soon Yi muestran su posición.

Diríamos que el documental está sesgado si no se les hubiera concedido la posibilidad de expresar su versión de los hechos, pero simplemente han decidido mantenerse al margen. Allen ya dijo todo lo que quiso decir en sus memorias en las que de alguna forma, gracias a su peculiar sentido del humor y de la autoparodia sigue escudándose tras su máscara de entrañable mujeriego.

Dicho libro ha sido tan reivindicado por unos como denostado por otros y, por así decirlo, símbolo de un posicionamiento ideológico mucho más profundo: quienes alardean de leerlas lo hacen como apoyo a una persona a la que consideran denostada sin pruebas, por el contrario quienes sienten aversión pura hacia un hombre señalado una y otra vez sin que medie en ello ya ningún tipo de interés más que el de aclarar la verdad, no se acercarán a ellas ni a tres metros de distancia... Y más de lo mismo con este documental, que viene a ser la contestación a aquella publicación.

Hay que verlo para comprender muchas cosas, aunque no se llegue a una conclusión definitiva. ¡Nos queda un largo trecho como sociedad para discernir cuál es el camino apropiado! ¿Censuramos a autores y sus obras, las contextualizamos, cancelamos o nos ponemos de lado? Cada cual que saque sus propias conclusiones, respetando eso sí, las dos posturas enfrentadas, los argumentos en un sentido y en otro y la dolorosa conclusión de que sin pruebas no hay nada demostrable aunque por desgracia sí la sombra de la duda.

Valoración

Partiendo de la base de que nunca sabremos a ciencia cierta qué sucedió en el ático de Connetticut, Allen v. Farrow es un interesante análisis de lo que suponen los escándalos mediáticos con abusos de menores de por medio cuando atañen a figuras públicas con una carrera artística consolidada.

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

Toda la parte que disecciona cómo la sociedad tiende a mirar hacia otro lado cuando se producen este tipo de acusaciones o a juzgar a las víctimas.

Lo peor

Es una historia unilateral a la fuerza dado que ni Woody Allen ni las personas próximas a él han querido participar ni contraponer sus argumentos.

Y además