Crítica de Una ballena, una inmersión en el género fantástico críptica y fascinante

Crítica de Una ballena, la propuesta escrita y dirigida por Pablo Hernando que navega entre el thriller noir y el cine fantástico con una ambientación especatular.
Esta semana el cine español está de celebración con el estreno de tres películas dispares entre sí, pero de gran calidad: Tierra de nadie es la más comercial y asequible para el gran público; más exigente es La furia, centrada en fabulosas interpretaciones y una historia devastadora y finalmente tenemos que hablaros de la más abstracta y difícil de desentrañar, de Una ballena.
Se trata de una coproducción entre España e Italia especialmente críptica y muy atmosférica que se guarda muchas respuestas a los interrogantes que plantea. Uno de los personajes lo verbaliza: "buscar por qués es muy humano". Y lo que aquí se nos narra entra en el terreno de lo fantástico o sobrenatural, por expresarlo de algún modo.
Escrita y dirigida por Pablo Hernando con la inestimable colaboración de Sara Gallego como directora de fotografía y operadora de cámara, nos propone una historia que se mueve en dos planos entrelazados: la deshumanización que subyace tras el mercadeo de la mafia en las inmediaciones del puerto de Bilbao y la aparición de una figura misteriosa anclada en lo mitológico y el horror cósmico.
Ingrid (Ingrid García-Johnsson) es una asesina a sueldo metódica, fría e indetectable que recibe el encargo de matar a una persona sin dejar rastro. Esto pone sobre aviso a Melville (Ramón Barea), el capo local que está a punto de ser derrocado por un enemigo que le desprecia desde que décadas atrás le infligiera un daño irreparable.
Entre tanto aparece varada en la playa una ballena e Ingrid conoce a un hombre llamado Jonás (Kepa Errasti) que despierta su curiosidad. Contra todo pronóstico se aventurará a volver a verlo e intimar con él.
Melville ansía dominar el poder de Ingrid, cuyo origen se remonta a un encuentro con una enorme criatura abisal mientras cierra los detalles de su última entrega de contrabando con su comprador.
Nada es (solo) lo que parece
Lo primero que hay que decir de Una ballena es que es una película que a más de uno le va a resultar directamente incomprensible, pero que tiene sentido si se analiza con detenimiento (hay que interpretar los nombres de los personajes, los seres de los que hablan, sus objetivos y motivaciones...).
No vamos a entrar en "terreno spoiler" para no reventar la película, pero sí que señalaremos al menos que hay margen para disfrutarla más allá de su arriesgada y rompedora propuesta formal, que es sublime. Lo que concierne a la puesta en escena sitúa a Una ballena en el terreno de las obras maestras destinadas a trascender en el tiempo.
La fotografía es oscurísima porque Sara Gallego ha querido mezclar el plano de lo real y lo fantástico por medio de la iluminación que se ha planteado como pintar con luz sobre un lienzo negro. En otras palabras: se ve lo que se ilumina, que se despega del fondo creando la forma y el movimiento como hizo en su día Ridley Scott en la original Blade Runner.
Es un reto técnico tremendo que contribuye, en connivencia con la banda sonora de Izaskun González, a crear una atmósfera fría pero harto atractiva por aportar una pátina extra de misterio.
El grueso de la historia se centra en la relación que hay entre los dos personajes principales: Ingrid y Melville, interpretados con mucho acierto por una casi irreconocible Ingrid García-Johnsson que recuerda a los androides de la saga Alien y al prolífico Ramón Barea, que estrenó la semana pasada Los aitas.
Una ballena es, en definitiva una rara avis en el cine español que destaca mucho por su mezcla de géneros y por su indomable tratamiento de la información: hay que hilar fino para entenderla y no lo pone nada fácil. Eso sí, es una estupenda virguería de las que genera debate a la salida del cine.
Entra por los sentidos y remueve el intelecto de manera que fascina y despierta la curiosidad. ¡Más cine así, por favor
Valoración
Nota 80
Pablo Hernando se desmarca con un thriller noir atmosférico rodado en Bilbao en el que introduce tintes fantásticos que nos remiten a Lovecraft. Por su originalidad y arrojo es cine a celebrar, aunque resulte de lo más críptico.
Lo mejor
La fotografía de Sara Gallego, como si se hubiera dedicado a pintar con luz sobre un lienzo negro. En términos generales es hipnótica.
Lo peor
Es una propuesta difícil que puede desilusionar a los espectadores que la encuentren demasiado opaca.

Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
