Crítica de Los aitas, mejor como retrato de costumbres que como comedia

Crítica de Los aitas, la nueva comedia de Borja Cobeaga sobre relaciones paterno-filiales protagonizada por Quim Gutiérrez, Ramón Barea, Juan Diego Botto y Sofía Otero. Estreno el 21 de marzo de 2025.
Hay películas que nacen de las vivencias propias y se nota: Borja Cobeaga, que acaba de estrenar la serie Su majestad, dirige y escribe, junto a Valentina Viso, el libreto de Los aitas. Se trata de una comedia en clave de road movie que sigue a un grupo de personajes en un imprevisto viaje de Bilbao a Berlín en 1989.
Las referencias autobiográficas están siempre presentes en un relato sobre la paternidad que busca enfrentar al espectador a otras formas de comprender la educación de los hijos (que afortunadamente hemos dejado atrás, por cierto).
Se nos muestra la España de los chándals de tergal, los cardados, los vasos de Duralex y las rifas para financiar excursiones. Ese ayer no tan lejano que nos resulta muy familiar a quienes empezamos a peinar canas y que a decir verdad no nos despierta ni mucho menos la nostalgia ochentera que se suele predicar a poco que se le den dos vueltas al asunto.
Derribando muros
Los aitas nos desplaza a Vizcaya donde los despidos masivos de los Altos Hornos han dejado en la calle a muchos padres de familia que están viviendo una verdadera crisis familiar y económica. Son tiempos de cambio a muchos niveles que afectan de lleno a la sociedad vasca.
En este contexto encontramos a cuatro familias unidas por el hobby de sus hijas: la gimnasia rítmica. El equipo tiene la oportunidad de desplazarse a la capital de Alemania para competir en un campeonato local y para ello han estado recaudando el dinero que les permite costearse fletar un autobús.
Sin embargo, en la víspera, sus madres se beben el vino de la rifa haciéndoles los bocadillos de mortadela, de modo que son incapaces de llegar a tiempo para salir de viaje con ellas por el resacón que les produce. Serán sus aitas quienes tendrán que embarcarse en este viaje, por más que no les interese demasiado ni la gimnasia rítmica ni sus propias hijas.
Para más INRI el conductor es el antiguo maestro de la escuela de varios de ellos, un cura malhumorado que les trataba con mano dura... literalmente.
Como decíamos al comienzo de esta crítica de Los aitas, en su centro está el mostrar los enormes cambios que se han obrado en las familias españolas en estos 35 años. No solo ha evolucionado el rol de los padres en la formación y el trato afectivo con los hijos sino también su implicación personal y el interés que demuestran en la crianza y el sostenimiento del hogar más allá de ingresar dinero.
El tema en sí no es fácil y la película tiene serias dificultades para congeniar el discurso con el humor. Porque, la verdad, que fuera lo más normal del mundo que el profesor te dejara sordo de un oído de un castañazo o que tu padre se avergonzara de ti por mostrar interés por la gimnasia rítmica no tiene la más mínima gracia. Y no se explota demasiado la diferencia de clases, que da juego.
Donde no llega el guión, llega la vis cómica del reparto, con Juan Diego Botto y Quim Gutiérrez buscando rematar bien el puñado de gags que les dan ocasión de brillar y son los que levantan alguna carcajada.
Menos lucimiento tienen las niñas jóvenes entre las cuales destaca Sofía Otero, que poco se lucen para el talento que tienen. Es más, quizás adoptando su punto de vista, la película estaría más equilibrada y resultaría menos tosca, teniendo en cuenta que encontrarle la ternura a estos toscos padres cuesta bastante.
Por lo demás Los aitas es una película en la que se echa en falta algo de brío y ritmo. El montaje resulta bastante plano y el viaje se hace largo... y eso que la duración total es de apenas 88 minutos. A su favor la cuidada puesta en escena y recreación de la época con todo lujo de detalles, desde los looks de los personajes, hasta los elementos del atrezzo (¡ay, las cantimploras!).
Valoración
Nota 50
Aunque concebida como una comedia familiar, Los aitas funciona mejor como retrato de costumbres de la España del 89 y de una sociedad en pleno proceso de cambio.
Lo mejor
El retrato de la idiosincrasia y de la época mediante fotografías de archivo y una cuidada ambientación. El talento de las niñas.
Lo peor
El humor no funciona y la película no tiene ritmo.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
