Crítica de Su majestad: siempre podremos reírnos de la realidad... si los jueces lo permiten

Sátira afilada sobre la monarquía, Su majestad en Prime Video mezcla humor y crítica social con Anna Castillo y Ernesto Alterio en estado de gracia.
Cualquier parecido con la realidad es... bochornosa y, redundantemente, realidad. Amazon Prime Video estrena Su majestad, la serie española de los padres de Ocho apellidos vascos que ahora se atreven con la monarquía.
Un estreno de Borja Cobeaga y Diego San José siempre es buena cosa. Llegué tarde a la maravillosa saga de Vamos Juan (Vota Juan y Venga Juan), así que no podía repetir el error por segunda vez. ¿A quién no le va a gustar una sátira política y social de nuestra sociedad? Se me ocurren un par de ejemplos y eso lo hace aún más divertido.
Su majestad quiere ser Anna Castillo en el papel de Pilar, la futura Reina de España, una princesa soberbia e insoportablemente insolente que hace de España su patio de recreo tras ser señalada por el dedo de Dios.
Es una experta mandando a paseo todas sus responsabilidades y a quienes quieren hacérselas cumplir, pero la dinámica va a reventarle en las narices cuando su padre, el rey Alfonso XIV (Pablo Derqui), debe abandonar el país por un escándalo fiscal.
A la tutoría de rescate llega Guillermo, su nuevo secretario y la luz que alumbrará la oscura realidad que Doña Pilar todavía no ha descubierto. En manos de Ernesto Alterio, su personaje completa la dupla sobre la que se sostiene una historia que no tiene la gracia sencilla, estúpidamente sincera y descarnada de Vota Juan, pero sí el carisma tan morboso de una realidad que todavía supera a la ficción.
Si The Crown busca glorificar a la monarquía británica con elegancia, Su majestad nos recuerda que aquí, en España, nuestras élites son más del vodevil. Con aires de superioridad, pero sin ningún tipo de solemnidad, el trono se tambalea entre titulares escandalosos, el himno de España pinchado en Pachá y una princesa brindando con los jueces del Supremo a la salud del artículo 14 de la Constitución.
Se han equivocado... y volverá a ocurrir
Pilar es Leonor. Pilar es Letizia y es Felipe, en tanto en cuanto su padre, Alfonso XIV, es Juan Carlos de Borbón. Las dos figuras monárquicas de la ficción reúnen todas las bondades y defectos de una realidad que siempre ha ido por delante.
Ese es el punto de partida de la serie: una familia real en crisis, un escándalo financiero y una heredera que tiene el carisma de una influencer con demasiados followers y pocas ideas claras. Dirás que te suena la trama; es porque en España la realidad hace ya mucho que dejó de tener guionistas creíbles.
Así lo contaba Anna Castillo en La Revuelta: cinco años de proyecto que ha tenido que permanecer en constante renovación ante la inclemencia de un estamento que no ha dejado de darnos sorpresas, a cada cual más insólita.

Huelga decir que la popularidad de Pilar ha sido el disparadero de memes entre la sociedad española de Su majestad, siendo una princesa fiestera a la que han descubierto en más de una ocasión con una copa de más. Pero, ¿quién le va a decir las copas de vino que tiene o no tiene que beber?
El humor de Su majestad se sitúa en una cuerda relativamente floja. Aunque se mantiene siempre mordaz y ácido, evita ser panfletario y huye de regodearse en la sorna. Por lo que no, no es la serie desternillante que saca punta al costumbrismo si venías con el marketing de Ocho apellidos vascos; es una sátira más calculada que sacará los colores a un contexto que todavía parece natural.
A lo largo de los siete capítulos de media hora la serie dispara no sólo contra la monarquía, sino que también pone en fila a los jueces con escenas de farra, puros y golpes en el pecho ante el abuso discriminado de su poder. Pero en esa mesa también comerá la Iglesia, los medios de comunicación y la clase política en general.
Su enfoque menos incisivo consigue que nuestro interés como espectadores, además del morbo, siga pendiente de cómo va a conseguir Pilar estar a la altura de aquello para lo que se ha preparado toda su vida.
Con precisión narrativa y un trabajo soberbio de Anna Castillo, Su majestad también pone frente al espejo una vida que también merece lágrimas. Una jaula de oro —bendito problema, pensarán algunos— que llevará a Pilar a enfrentarse a la validación y el propósito.
Su majestad, Anna Castillo
Si Su majestad supera el complejo bache que suponen los dos o tres primeros episodios hasta eclosionar con la marca de identidad de sus autores en un fantástico cuarto capítulo, es gracias a Anna Castillo y Ernesto Alterio.
Pilar es un personaje diseñado para ser odioso. Lo consigue. Pilar tiene que parece absolutamente despreocupada, pero siempre manteniendo un brillo de perspicacia que permita crecer al personaje. Lo vuelve a conseguir. Y tiene que hacer la más difícil: caernos bien en su torpe camino de maduración. La corona es suya.
Su versión de una princesa atrapada en una burbuja de privilegios y el artificio de la sociedad influencer se siente natural y nos lleva a ese paradójico razonamiento de por qué nos estamos preocupando por alguien que no habría hecho absolutamente nada para merecerlo.
En el retén está Ernesto Alterio, el espléndido secretario que se embarca en la titánica tarea de convertir a la niña consentida en la futura Reina de España. Es su Pepito Grillo entre croquetas —ya lo entenderéis— y tiras y aflojas entre la inconsciencia de ella y su resignada experiencia. Hay química y cinismo, pero cada minuto que comparten en escena es el mayor valor de la serie.
Construyendo a los personajes han tenido la deferencia de evitar una caricaturización excesiva y superficial, desarrollando trasfondos y potenciando carencias emocionales que nos permitan llegar a esa tan difícil como necesaria empatía sin la que se derrumbarían sus cimientos.
Aún así, también tiene importantes momentos de debilidad en su interés por apostar artísticamente por el chonismo. No por esto último en sí, sino porque pierde demasiado tiempo alargando conversaciones y escenas que no aportan ni a la trama ni a sus personajes hasta llegar a un clímax poco alentador.
El último episodio adquiere notas de thriller para terminar siendo solucionado de un plumazo por decisión súbita de sus personajes, arrebatando la necesidad de venganza y cumplimiento que me habrían hecho esperar su segunda temporada.
Su majestad no va a ser la nueva comidilla local, pero seguro que permitirá más de una mueca al enfrentarnos a una construcción paciente de situaciones que funcionan como un espejo distorsionado —y no para hacerlo más surrealista— de la realidad.

Cobeaga y San José no han pisado el freno en términos de irreverencia y han dotado con habilidad narrativa a su nueva serie, encontrando en la humanización su equilibrio para evitar reducirla a un desfile de zascas ingeniosos.
Vas a sonreír resignado ante la absurda situación y concepción del poder que nos rodea, apuntando con el dedo lo que todos ya sabemos y sabiendo lanzar de forma subrepticia un brindis al descaro de quienes hicieron de El Jueves "la revista de humor más temida".
La nueva serie de Amazon no va a cambiar España. Tampoco parece que lo vaya a hacer la monarquía, ni los jueces. Pero nos recuerda que, aunque la realidad parezca inamovible, siempre podremos reírnos de ella... si el Tribunal Supremo lo permite.
Valoración
Nota 74
Su majestad no es la comedia más desternillante de Cobeaga y San José, pero sí una sátira que disecciona a la familia real con humor y cinismo, sostenidos por el trabajo de Anna Castillo y Ernesto Alterio.
Lo mejor
La mordacidad y la sátira en una ficción que es superada por la realidad, con una Anna Castillo brillante.
Lo peor
El arranque es titubeante y algunas escenas y conversaciones no terminan de estar tan bien apuntaladas para su género.
Su majestad
Plataforma
Prime Video
Título original
Su majestad
Género
Comedia
Duración
30 min.
Temporada
1 temporada
Pais
España
