Crítica de La casa al final de la curva: un angustioso thriller en modo "profecía autocumplida"

Crítica de La casa al final de la curva (Sharp Corner), el thriller canadiense escrito y dirigido por Jason Buxton con Ben Foster y Cobie Smulders como protagonistas. Estreno el 6 de junio.
Os traemos un thriller desquiciante como pocos esta semana: La casa al final de la curva (Sharp Corner), es una película de origen canadiense escrita y dirigida por Jason Buxton en base a una historia original de Russell Wangersky con Ben Foster (El superviviente de Auschwitz) y Cobie Smulders (Cómo conocí a vuestra madre) como protagonistas principales.
Vaya por delante que es en apariencia sencilla, pero está muy bien empaquetada e interpretada, de manera que consigue mantener a los espectadores imantados a la pantalla de principio a fin.
Entre sus mayores fortalezas la capacidad del director para crear tensión narrativa. Cada destello, cada sonido, cada cambio en la atmósfera parece ser un anticipo de catástrofe: un elemento premonitorio que nos mantiene al filo de la butaca a la espera de lo peor.
Disociación y fatalidad
Como muchas otras películas de terror y suspense, La casa al final de la curva arranca con una mudanza. Rachel y Josh se mudan con su hijo pequeño a un nuevo hogar algo retirado pero que consideran la cima de sus sueños.
Se trata de una vivienda con terreno, amplios ventanales y espacio de sobra para poder disfrutar del crecimiento de Max con el plus de permitirles respirar algo de aire puro, lejos de los ruidos, luces y gases tóxicos de la gran ciudad.
Apenas han terminado de sacar sus enseres de las cajas de cartón, cuando se produce un fatal accidente. Un joven conductor ebrio se estrella contra la fachada de la vivienda, muriendo en el acto. Esto supone un verdadero terremoto en la familia: Max queda muy impresionado y sus padres empiezan a pensar por qué la vivienda tenía precio de chollo.
Poco tiempo después, otro accidente vuelve a ponerles los pelos de punta. Queda bastante claro que la casa está en un cruce peligroso que en condiciones adversas de visibilidad como las que provocan la lluvia y la niebla, es un verdadero punto negro.
Josh cada vez pasa más tiempo pensando en ello mientas que Rachel le urge a tomar la decisión de volver a mudarse, cada vez más preocupada por la estabilidad emocional de su hijo. Pero él insiste en quedarse, haciendo oídos sordos e investigando a las víctimas de los siniestros.
Paulatinamente se va obsesionando con la idea de rescatar a los supervivientes de accidentes automovilísticos al punto de dejar de lado algunas de sus responsabilidades más obvias como su trabajo o el cuidado de su hijo y poniendo en riesgo su matrimonio.
El guión de La casa al final de la curva es como el papel en que se ha plasmado: puede parecer inofensivo, pero el filo tiene la capacidad de hacerte un buen corte.
Durante la mayor parte del metraje, no sabemos qué pasa por la cabeza de Josh, solo lo acompañamos en su viaje de disociación en el que va perdiendo la capacidad de discernir el límite de lo que es real y lo que no lo es.
Pero lo interesante es que somos los mirones de un mirón. Es decir, que la misma obsesión que crece en el interior de Josh es la que se va cultivando en la audiencia, ávida por ver a dónde nos lleva observar a este pequeño diablo y cuáles son sus verdaderas intenciones. Como si necesitáramos constatar o negar su maldad o comprobar de qué pasta está hecho.
Así que no solo es un thriller psicológico sobre un personaje morboso y actitud perturbadora, sino que nos pone en una situación incómoda para pensar qué es lo que esperamos nosotros de su historia y por qué.
Qué resortes hay en nuestras cabezas para que deseemos que suceda una cosa o la contraria y si hay algo que llegue a justificar su comportamiento. Y en este punto hay algo en esta película de la esencia de Rompiendo las olas, aunque con un código estilístico diferente.
En el plano formal es una película sencilla que no requiere ni un extenso reparto ni demasiadas localizaciones. Ni siquiera se enreda demasiado con los efectos especiales salvo estricta necesidad porque es sobre todo el diseño de sonido, la banda sonora y la iluminación las que anuncian un siniestro: no necesitamos verlo para darnos cuenta de las consecuencias y repercusiones.
En suma, Buxton consigue mantenernos en alerta gracias a una muy bien planificada puesta en escena y a una dirección de actores que exprime la parte más inquietante de Ben Foster, absoluto y enigmático protagonista. Dentro de su sencillez, La casa al final de la curva resulta cautivadora a su manera... maquiavélica pero creíble.
Valoración
Nota 70
Angustiosa y desquiciante, esta película le saca un gran partido a Ben Foster en uno de sus papeles más paradigmáticos y a la puesta en escena, gracias a la cual se consigue mantener la tensión de principio a fin.
Lo mejor
La atmósfera y la sensación de alerta permanente que genera en el espectador el tratamiento del sonido y del espacio.
Lo peor
Es una historia sencilla que no da demasiadas vueltas.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

