Crítica de El color púrpura, la nueva adaptación musical de la novela de Alice Walker

Warner Bros.

Crítica de El color púrpura (The Purple Color), la nueva adaptación musical de la novela de Alice Walker por parte del director Blitz Bazawule. Estreno el 9 de febrero de 2024.

Con un material de partida tan bueno como el premio Pulitzer de 1983 de Alice Walker, es difícil que una adaptación sea insatisfactoria. La versión anterior El color púrpura de 1985, de Steven Spielberg, se alzó con 11 nominaciones a los Óscar, si bien no materializó ninguna de sus opciones.

Ahora es Blitz Bazawule el encargado de la dirección  mientras que Spielberg y Oprah Winfrey se encargan de la producción de la cinta, que tiene como principales cometidos acercar esta historia a nuevos espectadores y honrar la aclamada obra original.

La historia nos presenta a la joven Celie, una muchacha afroamericana que tiene una dura vida a comienzos del siglo XX.

Celie tiene 14 años y está embarazada, por segunda vez, de su padre que le arrebata al bebé tan pronto da a luz para venderlo. Poco después hace lo propio con ella ofreciéndola en matrimonio a un hombre que la maltrata tanto física como psicológicamente y la tiene esclavizada durante la mayor parte de su vida.

Nettie, su querida hermana, desaparece de su vida a la fuerza, prometiendo escribirle tanto como le sea posible, pero pasan los años y no tiene noticias sobre ella.

Durante el desarrollo de su vida, Celie conocerá a distintas figuras femeninas que le darán un impulso indispensable para superar su dolorosa existencia: serán Sofía y Shug quienes influirán enormemente en el recorrido biográfico de este personaje.

Una montaña rusa de emociones

El color púrpura tiene un arranque potente, y un nivel de intensidad que en rara ocasión se relaja: nos mantiene durante buena parte de sus 141 minutos de metraje en la cresta de la ola, mostrando sin tapujos las casi insoportables condiciones de vida de una mujer que recibe un trato deplorable y su paulatina recuperación a base de cultivar su autoestima.

Los mensajes antiesclavistas y feministas que caracterizan esta historia se reafirman con una puesta en escena decididamente más arriesgada, colorista y visceral, con números musicales muy sexys liderados por la explosiva Taraji P. Henson. El gospel y el rhythm and blues resuenan en las voces de intérpretes vocales fascinantes.

La mayor carga dramática, cae sobre los hombros de una entregada Fantasia Barrino, aunque la actuación que más ha llamado la atención ha sido la de Danielle Brooks (única nominación a las estatuillas de este año), que ya nos hechizó en su día en Orange Is The New Black. Es una actriz tocada con el superpoder de llevarte de la risa al llanto como le da la gana.

Juego, set y partido para la exquisita fotografía de Dan Laustsen (John Wick 4), que le saca un partido increíble a los contraluces y los emplazamientos naturales en los que se sitúa la acción.

¿Dónde genera más dudas El color púrpura? En el exceso: hay varias secuencias que rozan un patetismo extremo con el potencial handicap de sacarte de la historia mientras que ciertos números musicales son puro Broadway, pero en sentido negativo, al punto de que su teatralidad les resta impacto emocional.

En suma, es algo inconstante por el enfoque (no deja de ser la espectacularización del maltrato al modo hollywoodiense) y la duración (y eso que es más corta que la versión anterior) pero cuenta con momentos brillantes muy disfrutables que nos hablan de temas tan importantes como la reivindicación de la mujer, de los orígenes del pueblo afroamericano y del amor a la familia.

Definitivamente no se le puede recomendar a todo el mundo: la disfrutarán sobre todos los amantes de los musicales que busquen una versión más luminosa y puede que también algo más amable y distendida de una historia que siempre deja huella. Es, sea como fuere, una película con una fuerte impronta de identidad y una fiesta en torno a la comunidad afroamericana.

Valoración

Nota 67

El color púrpura es una película irregular pero está llena de talento. Solo recomendable para los amantes acérrimos de los musicales: pasa de números preciosos a otros en los que roza lo ridículo. El conjunto, no obstante, es satisfactorio.

Lo mejor

Es un musical potente y compacto, repleto de imaginería, color y ritmo. Destaca la fotografía de Dan Laustsen.

Lo peor

Mantiene un nivel de intensidad casi constante que la hace agotadora a veces y otra al borde del patetismo extremo.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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