Crítica de Custodia repartida: es enero y ya tenemos una de las mejores series españolas del año del director de Campeones

La serie Custodia repartida de Javier Fesser en Disney+ una dramedia conmovedora sobre la familia, la pareja, los abuelos y las paradojas del amor y el odio.

Nada tan divertido como un buen drama. Así se presenta Custodia repartida, la nueva propuesta dirigida por Javier Fesser, creador de Campeones, ya disponible en Disney+ para convertirse en una de las mejores series del año.

Parece atrevido, ¿verdad? Una dramedia familiar española con brochazos de costumbrismo capitaneando el listado de lo mejor del año. Con sólo un mes a la espalda podría quitarme responsabilidad como el que se sacude el hombro, pero vamos a seguir el envite: junto a Los años nuevos, Querer o Mamen Mayo, estamos ante una maravillosa época para el género.

Creada por Juanjo Moscardó y María Mínguez, Custodia repartida tiene ocho episodios de media hora de duración en su primera temporada que podrás devorar en una tarde. Y lo harás. Y deberás. Porque es una de las representaciones con más pulso del divertido infierno de la pareja, la paternidad y la esclavitud de los abuelos.

Un retrato familiar honesto y universal

Cris (Lorena López) y Diego (Ricard Farré) acaban de separarse. Después de tantos años y momentos vividos, lo suyo no terminaba de funcionar. Entre medias está su hija, Cloe (Lucía de Gracia), y como adultos que quieren ser, van a separarse de mutuo acuerdo y como amigos. O esa es su intención.

Entre medias del desastre psicológico al que se enfrentan, la nueva serie de Javier Fesser acompaña a la pareja escapando del cliché de lágrima fácil del drama o de la infantilización posible de la comedia, ofreciendo una mirada exquisitamente equilibrada.

No necesita ni un sólo episodio completo para que estemos involucrados en sus sonrisas y sus discusiones. Todo el que ha vivido en pareja lo sabe. Empieza por dejar atrás el hogar donde tenían su corazón para volver al punto de partida: la casa de sus padres.

Allí esperan —procedo a quitarme el bombín— Adriana Ozores y Francesc Orella como padres de Diego, y Fernando Sansegundo y Aten Soria como padres de Cris. Los padres de Diego son infinitamente más controladores y crueles emocionalmente. Representan a una familia acomodada, rígida y ególatra. 

Por otro lado, los padres de Cris son más laxos y sensibles. Jubilados de un bar de barrio, siguen sacrificándose por sus hijas. Este contraste social se enmarca con un trabajo interpretativo soberbio del que vas a leer más adelante.

Los abuelos son el corazón emocional de la historia y Javier Fesser ha dedicado una oda a su esclavitud permanente con los nietos. Porque claro, nos encanta decir que nuestros padres se hacen mayores y no saben lo que hacen, pero, a la vez, les confiamos a las personas más importantes de nuestras vidas cuando nos descuadran la agenda.

Una paradoja ridícula y bochornosa que representa la realidad del día a día de muchas familias en España. Abuelos que ejercen una segunda paternidad, hipotecando sus vidas en una decisión que nunca depende de ellos.

Habrá momentos para el caos de nietos que se convierten en Gremlins en contacto con el azúcar, pero que servirán risa y reflexión cuando los padres quieren alejarlos de los móviles o los procesados y acaban siendo víctimas de sus propias palabras.

Custodia repartida trata infinidad de temas alrededor de una separación: la complicidad, los recuerdos, el egoísmo y la condescendencia. El amor... y el odio. Esa forma tan visceral y tan humana con la que tratamos a quien entregamos la totalidad de lo que somos.

Cloe será el detonante del conflicto en todas esas etapas, desde los choques entre familias políticas a la división entre su grupo de amigos. También será la espada afilada que se clava cuando ven en ella la luz que había tapado la venganza.

La mano de Fesser se hace carne en el tono íntimo de cada plano, haciendo florecer la compasión y la complicidad entre el caos de las dinámicas familiares. Es una historia más pequeña, pero también universal, haciendo de su trabajo en lo cotidiano un espejo de nuestra humanidad.

Todo esto lo consigue sin sacrificar un minuto de nuestro tiempo. La serie fluye de forma orgánica, implicándonos en el desarrollo del conflicto y de la perspectiva de cada personaje sin posicionarnos, dejándonos en el papel de juez, pero también de víctima de emociones que también son nuestras.

Un convenio de interpretaciones exquisitas

Tengo que seguir hablando de Cloe. Y no digo de Lucía de Gracia, digo de Cloe. Porque su trabajo, a su edad, es tan preciso, tierno y adorable que es imposible despegarla del personaje. Como ocurre con los terremotos insufribles de sus primos, el trabajo de casting puede llenarse de flores.

En el terreno de los abuelos, y con sólo una mirada, Adriana Ozores nos pone a bailar. Como Susana, la madre de Diego, es una señora pija y elegante sin pelos en la lengua para criticar a Cris. Es la semilla de muchos de los conflictos de la pareja, pero también un pilar emocional de la serie con quien reirás tanto como se te encogerá el corazón.

Con personajes a primera vista menos lucidos, también Francesc Orella, Fernando Sansegundo y Aten Soria tienen una química que mantiene en la balanza la divertida brecha generacional y la ternura con una sensibilidad que no me voy a hartar de aplaudir, tanto por sus interpretaciones como por la maestría con la que construyen cada escena.

Pero quienes llevan a su espalda toda la carga dramática de la serie son Lorena López y Ricard Farré. Con especial énfasis en el episodio 7, el penúltimo de la serie, su trabajo tiene una aproximación teatral profundamente humana, con todas sus contradicciones reflejadas en cada palabra y cada gesto.

Cris es una mujer atrapada entre su carrera profesional y su rol de madre, sacrificando demasiado de lo segundo para satisfacer el esfuerzo titánico de sus padres por el que ha podido llegar a la cima. Diego encarna la vulnerabilidad más entrañable que excusa sus errores en la falta de empatía de su familia y su aciago destino laboral.

En el penúltimo episodio aguantan una escena larguísima sobre la que pesa toda la carga emocional recogida durante la temporada y el resultado es brillante. Rotos, injustos y dolidos con la herida abierta de un amor que ya no es, pero con una luz que asoma entre los escombros de lo que alguna vez fue.

Con unos diálogos dispuestos para elevar su trabajo, como hacen con el resto de la serie, la serie vive de sus personajes más que de una historia que sirve como vehículo en el que se transportan las emociones de una realidad en la que todos podemos vernos reflejados.

Es un ejercicio encomiable de empatía el de Custodia repartida. Y de equilibrio, una vez más. Lo díficil que es desarrollar el tema desde una perspectiva inteligente y emocional sin perder el ritmo o la inherente comicidad de algunas situaciones. Pero lo consiguen.

En el límite de la lágrima, codeándose con la carcajada, sin impedir ninguna de las dos. Javier Fesser ha vuelto a poner su imaginación al servicio del corazón en una historia cotidiana que no surge de su puño y letra, pero que palpita de la misma realidad que con tanta sinceridad reflejó en Campeones.

Valoración

Nota 85

Custodia repartida es un ejercicio brillante de empatía y equilibrio. Con un elenco excepcional y una narrativa conmovedora, refleja las luces y sombras de la familia moderna. Javier Fesser eleva lo cotidiano a lo universal ofreciendo reflexión, humor y emoción sin despegarse de la realidad.

Lo mejor

El reparto está sobresaliente en un equilibrio exquisito, inteligente y difícil entre comedia y drama para hacer universal una historia tan personal.

Lo peor

Hay menos precisión en algunos tramos de la resolución que quedan a un peldaño del sobresaliente del resto de la serie.

Custodia repartida

Custodia repartida

Plataforma

Disney+

Título original

Custodia repartida

Género

Comedia, Drama, Familia

Duración

30 min.

Temporada

1 temporada

Pais

España

Hobby85Muy bueno
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