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El diablo a todas horas
Análisis

Crítica de El diablo a todas horas, con las excelentes interpretaciones de Robert Pattinson y Tom Holland

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de El diablo a todas horas, el drama rural escrito y dirigido por Antonio Campos en base a la novela de Donald Roy Pollock protagonizada por Tom Holland. Estreno en Netflix el 16 de septiembre de 2020.

El diablo a todas horas es un viaje alucinante que no te lleva a ningún lugar en concreto. Queda constancia de que la voluntad del relato, que salta de las páginas de la novela de Donald Roy Pollock a la pantalla de la mano de Paulo y Antonio Campos, no es otra que la de señalar la perversión que suele ocultarse detrás del fanatismo religioso y/o de la búsqueda de una espiritualidad más o menos oculta en lo cotidiano. Pero más allá de esa cuestión, que vertebra una historia que se desarrolla a lo largo de dos décadas, es difícil saber cuál es la finalidad última de una película plagada de muertes truculentas y de personajes escabrosos o corruptos.

Tenemos un narrador omnisciente que nos mete en la piel del protagonista desde niño: Arvin Russell (Tom Holland). A través de él y sus pensamientos, pasados por el filtro, como decimos, de un narrador capaz de leerle la mente y de meterse en sus entrañas, conocemos a sus padres, cómo se conocieron y cómo se va tejiendo una maraña de relaciones que, en algún momento, llegarán a cruzarse de forma más o menos fortuita y que, en la mayor parte de los casos, tendrán un desenlace fatal.

El diablo a todas horas arranca con una historia de amor atípica. Recién llegado del frente, su padre Willard Russell se enamora de una camarera llamada Charlotte. Juntos se mudarán a un nuevo hogar que con el paso del tiempo seguirá siendo un lugar hostil para ellos, los únicos forasteros en un entorno rural en el que todo el mundo está emparentado. Acosado en la escuela, Arvin recibirá una serie de instrucciones de su padre para defenderse en la vida: hay que atacar escogiendo el mejor momento.

Una enfermedad terminal amenazará la vida de su madre y llevará a su padre a realizar grandes sacrificios con la finalidad de salvarla, pero no terminarán ahí sus desgracias, dado que con el paso del tiempo también tendrá que lidiar con un nuevo y hedonista predicador local y con los tejemanejes de un policía corrupto, que tratará de encubrir a toda costa a su hermana y a su esposo y sus coqueteos con la "fotografía creativa".

Un manto de sordidez envuelve esta apuesta cinematográfica por desnudar los peores pecados que puede cometer el ser humano y que, en buena medida, provienen de una falta de brújula moral para los personajes que, abocados por una fe imprecisa y una enorme falta de cultura, se ven atrapados en un medio en el que la relación con lo espiritual pasa por el dolor y la muerte.

Estamos hablando de una película de dos horas y veinte minutos de duración que nos lleva a recorrer algo más de veinte años (desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 hasta mediados de los 60) y a meternos de cabeza en la Norteamérica más rural y reaccionaria y, por tanto, un entorno bien conocido para el autor de la novela, Donald Roy Pollock, natural del lugar en el que se desarrolla la historia: Knockemstiff, en Ohio.

Si en las páginas de su novela te hace vivir momentos de desesperación y casi terror reviviendo las experiencias de Willard en el frente, analizando las ínfulas de los dos crueles predicadores del lugar o mostrando el modus operandi de un particular asesino en serie, la película no se queda atrás.

Contribuyen a crear esa atmósfera malsana e inquietante la fotografía de Lol Crawley (El jardín secreto) y la banda sonora de Danny Bensi y Saunder Jurriaans y, sobre todo, la labor de edición de Sofía Subercaseaux en los momentos en los que se alza la violencia, que es cuando el montaje es más dinámico y picado y cuando se nos ofrecen las imágenes más impactantes.

El diablo a todas horas es una película que no te deja indiferente pero a cuyo guión parece faltarle algo para ser redondo del todo. No llega a ser una historia de suspense ya que el espectador conoce de antemano las relaciones que hay entre los personajes y no hay grandes revelaciones finales, pero tampoco es un drama particularmente emocional, ¡y no será porque no sucedan desgracias!

En cualquier caso la historia está poblada de personajes impredecibles y te arrastra en su maremágnum manteniendo el interés en todo momento gracias en buena medida a interpretaciones excepcionales de un elenco que funciona de maravilla, encabezado por un Tom Holland tan inspirado como Robert Pattinson (Tenet) o Bill Skarsgård (It) por no nombrar el amplio elenco de secundarios entre los que es imposible dejar de nombrar a Haley Bennett (Hardcore Henry), Riley Keough (Mad Max: Furia en la carretera), Eliza Scanlen (Heridas abiertas), Sebastian Stan (El soldado de invierno) o Mia Wasikowska (La cumbre escarlata).

Tener tanto talento ya es meritorio, saber dirigirlo para que cada uno le aporte a la película lo que mejor sabe, mejor todavía.

Hay imágenes que se te quedan grabadas en la mente (ojo a los negativos de las fotos, que son muy perturbadores) y en las que sigues pensando varios días después del visionado, así que está claro que merece la pena dedicarle su tiempo.

Valoración

El diablo a todas horas es un descenso a los infiernos más rurales de la América profunda: un viaje terrorífico al origen del fanatismo y la cuna del pecado que no es otra que la ingenuidad y el analfabetismo.

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

La atmósfera, la fotografía y el apartado de las interpretaciones en el que brillan Bill Skarsgård, Haley Bennett, Tom Holland y Robert Pattinson.

Lo peor

Más allá de contener un mensaje contra el fanatismo religioso y la incultura que te arroja en sus brazos, se echa en falta cohesión en el guión.

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