Crítica de Escape, la surrealista propuesta de Rodrigo Cortés

Crítica de Escape, la nueva película dirigida y escrita por Rodrigo Cortés en base a la novela de Enrique Rubio con Mario Casas y Anna Castillo como protagonistas.
Ya lo dice el propio tráiler de Escape: no es comedia, ni es tragedia, ni suspense, ni acción... es una mezcla explosiva de géneros que hacen que la película sea inclasificable. Como darle a vuelta a "El proceso" de Kafka con un personaje protagonista convencido de querer ser carnaza para el Estado.
Si Cadena perpetua y tantos clásicos anteriores como El conde de Montecristo, Papillón o La fuga de Alcatraz nos hicieron pensar en el valor de la libertad humana por encima de todo, aquí esa premisa queda subvertida por un hombre cuya meta es el sometimiento absoluto y la privación no solo de su capacidad de moverse sino de tomar decisiones por sí mismo.
Es una cinta descabellada, sí, y ese es su gran valor, porque no será una comedia, pero te saca más de dos carcajadas cuando, por ejemplo, el sistema se afana en evitar llevar a este tipo preso poniendo de relieve la incapacidad del funcionariado para cumplir su labor pero de modo distinto al habitual.
Loco por entrar
Escape nos presenta a N, un hombre carcomido por la culpa que está roto de dolor por dentro. Habla poco y parece sonado porque ha tomado la decisión de apearse del mundo y dejar de tomar decisiones. Vive con su hermana Abril, que está bastante harta de su actitud y de sus dramas, pero que a pesar de todo se preocupa por él y lo apoya de manera incondicional.
N decide primero borrar su identidad yendo al registro a que le quiten su nombre, pero, como eso no es posible, terminan cambiándoselo por el número de su DNI. Después toma como objetivo prioritario ingresar en la cárcel para lo cual comete todo tipo de felonías.
Sin embargo, hasta en eso le falta fortuna: comete robos, atenta contra la autoridad y emplea toda su inventiva para buscar un ingreso en prisión que nunca llega, incluso a pesar de llegar a declarar ante un juez que lo toma por demente.
Su hermana, lógicamente, trata de disuadirlo sin suerte. Será capaz de ir escalando hasta conseguir su propósito y solo así conseguirá sentir algo parecido a la satisfacción.
Rodrigo Cortés vuelve a hacer gala de su capacidad para reinterpretar mitos y darles la vuelta como un calcetín para hacer algo nuevo y estimulante. Después de la injustificablemente ignorada El amor en su lugar hilvana un relato cautivador por su innovador punto de vista con una inversión de las tornas de los relatos clásicos.
Lo hace además extrayendo una interpretación fabulosa de Mario Casas, en una historia en la que pasa por la personalidad de los siete enanitos de Blancanieves: Mudito, Tímido, Tontín, Gruñón, Mocoso, Dormilón y Feliz.
Se acompaña de la siempre natural y resuelta Anna Castillo y de secundarios excepcionales cuya vis cómica aflora en unos diálogos ágiles, perspicaces y berlanguianos a más no poder puestos en boca del gran José Sacristán, de Josep María Pou, de Blanca Portillo, David Lorente o Juanjo Puigcorbé.
Escape entra en el terreno del esperpento: propone una deliciosa locura en la que las expectativas de los espectadores son constantemente contravenidas para crear una obra singular.
Viene avalada por la producción de Martin Scorsese, pero brilla especialmente en su regusto local y en su capacidad para realizar inusitados homenajes al Arte con mayúsculas ya sea escuchando a Antonio de Molina o bailando una jota además de apuntar a películas como Tesis con la recuperación de la historia del sapo y el escorpión (deformada en mil versiones multiversiales).
En suma, Escape en una rara no, rarísima avis en el cine español. Un soplo de aire fresco, la consolidación de que se puede contar una historia con discurso desde un lugar diferente, con personalidad, arrojo y destreza. Cortés sigue sacando músculo y constatando su gran talento.
Ya avisamos al personal de que no será del gusto de todo el mundo pero los que gozaron con Amanece que no es poco o con El verdugo, estarán de enhorabuena. Ojalá que esta vez esté más reconocido su trabajo, porque sin lugar a dudas es una de las mejores películas españolas del año.
Valoración
Nota 80
Rodrigo Cortés apuesta por una propuesta cinematográfica de corte surrealista, tan original y refrescante como desconcertante y atrevida.
Lo mejor
Los diálogos, el curiosísimo sentido del humor, la deconstrucción de una fuga y las secuencias del tribunal presidido por José Sacristán.
Lo peor
No es una comedia para todos los paladares.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
