Crítica de Flow, un mundo que salvar, la ganadora del Globo de Oro a mejor película de animación

Crítica de Flow, la película de animación letona que se alzó con el Globo de Oro convirtiéndose en una de las nuevas favoritas al Oscar en la nueva edición de los premios.
Adso Films y FilmIn traen a la cartelera española una película que habría pasado prácticamente por debajo del radar de no ser porque fue galardonada con el Globo de Oro imponiéndose a algunas de las películas de animación más aclamadas de la temporada como Robot salvaje o Del revés 2. Hablamos de Flow, un mundo que salvar.
Una proeza digna de mención si tenemos en cuenta que competía con películas avaladas con sellos tan potentes como el de DreamWorks o Pixar. Pero es que también competía con otras cintas tremendamente populares como Vaiana 2 o Wallace y Gromit: La venganza se sirve con plumas.
Este galardón se suma a los otros 52 que acumula ya y que atestiguan el carácter excepcional de esta película letona dirigida por Gints Zilbalodis y supone el segundo largo de su carrera tras el estreno de Away en 2019.
¿De qué trata la película?
Flow ofrece una historia sencilla en la que no hay diálogos porque no hay presencia de humanos. La acción la guía un minino que un buen día ve cómo el agua se alza a su alrededor engulléndolo todo. La riada, arrasa por donde pasa, anegando los bosques, tragándose árboles, montañas y la única casa que parece haber estado habitada recientemente por personas y era su hogar.
El instinto de supervivencia le lleva a buscar los lugares más altos a su alcance, pero llega un momento en el que incluso estos quedan inundados. Su única escapatoria será entonces meterse en una barca que navega a la deriva y a la que irán incorporándose nuevos miembros, en la misma situación de desesperación.
De esta manera, un capibara, un lémur, varios perros y una garza terminan creando una inusual alianza mientras recorren ciudades en ruinas que en otros tiempos debieron ser enclaves espectaculares y ven aflorar criaturas marinas gigantescas.
La animación
La plasmación de la naturaleza en pantalla es, en pocas palabras, espectacular y diferente. Como lo es también el punto de vista que adopta la historia. Pero si triunfa en los entornos, lo tiene mucho más crudo en cuanto a los propios personajes. La calidad de la animación del pelaje dista de estar tan cuidada.
En Flow recorremos los bosques a ras de suelo, siguiendo a un animal que, en el fondo, quiere ser la metáfora de una persona, igual que el resto.
Así que, a pesar de no contar con las principales características que podría antropomorfizarlo, que serían que hablara y caminara sobre dos patas, sus acciones no llegan a corresponderse del todo con las de un gato al uso, porque termina obrando como si tuviera una comprensión que va mucho más allá del instinto.
La película deja en manos de la música, los sonidos que emiten los animales y el propio marco natural y el diseño de los personajes toda la expresividad. De ahí los ojos grandes y los elocuentes maullidos cargados de sentimiento y significado.

Una de cal y otra de arena
Pero, analizada toda la parte majestuosa de la animación en la que el entorno es casi más importante que los personajes, inmersos en una situación de supervivencia extrema, hay que preguntarse: ¿qué nos quiere contar la película? ¿Cuál es su intención? ¿Algo tan sencillo como la importancia de trabajar en equipo y establecer lazos afectivos?
Parece quedarse corto para una película de 85 minutos de duración. Robot Dreams no contaba tampoco con una sola palabra y te llevaba a pasar por muchas emociones fuertes y a emocionarte de forma genuina e íntima. Flow es una película de sensaciones. Hay cierta luz en el desenlace, pero también una profunda desesperanza hacia un futuro incierto.
Es el discurso que parece articular habida cuenta de su estructura circular, con un plano muy similar como arranque y desenlace. El otro parece estar ligado a los problemas que se avecinan si el cambio climático continúa avanzando, aunque la película no da demasiadas pistas en ese sentido: no hay explicaciones ni un contexto cronológico concreto, es bastante confusa en ese plano.

La propia elección de los animales que forman equipo es chocante puesto que no suelen vivir en los mismos hábitats: mientras los capibaras se sitúan cerca de lagos, ríos o marismas, los lémures prefieren regiones secas y la criatura marina es directamente inclasificable, parece un fósil viviente, una especie de Leviatán que asociaríamos alegóricamente con el fin de los tiempos.
Por no hablar de perros y gatos, que son animales domesticados por el ser humano. Así que, hasta cierto punto, es como un episodio de la serie documental Life After People (La vida sin nosotros) pero con interludios místicos crípticos como el ascenso de la garza.
Para llegar a comprender el por qué de esta elección de animales hay que acudir a entrevistas a su creador que expone que el gato refleja la resistencia al cambio y la capacidad de adaptación, el perro la confianza, el desarrollo de la autonomía y el crecimiento personal, el lémur el valor único más allá del rol del grupo y las pertenencias , la garza el liderazgo y el capibara la figura del mentor.
Tiene sentido, pero si para encajar las piezas hacen falta tantas explicaciones, es que probablemente a la película le falta algo que la haga inteligible más allá del pálpito que deja. La belleza y las sensaciones son sus dos mejores bazas, la interpretación queda en manos del espectador. Y quien busque una idea concreta sufre el riesgo de sentirse bien desencantado.
Valoración
Nota 70
Visualmente encantadora pero críptica en su interpretación, Flow pone de manifiesto que hay otras maneras de concebir la animación al margen del trabajo de los grandes estudios, aunque el resultado no sea perfecto.
Lo mejor
La exquisita plasmación de la naturaleza en los entornos en los que se mueven los personajes. El mensaje sobre la resiliencia y el trabajo en equipo.
Lo peor
Las texturas de los pelajes de los animales no están conseguidas y la propuesta es sencillísima.
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Flow, un mundo que salvar (2024)
Título original
Straume
Lenguage original
lv
Duración
1h 24m
Ingresos en taquilla
11.019.823,00 $
Presupuesto
3.500.000,00 $

Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
