Crítica de La hermanastra fea, una brutal nueva versión del cuento en clave de horror corporal

Crítica de La hermanastra fea, la versión más brutal del cuento de Cenicienta, contada desde el punto de vista de Elvira, una de sus hermanastras. Estreno el 17 de octubre.
¿Quién no conoce el cuento de Cenicienta? El primer contacto pudo ser con la versión de Perrault o la de los hermanos Grimm. Quizás fue audiovisual, por medio de la versión animada de Disney de 1950 o alguna de sus adaptaciones live-action: la del 97, la de 2026 o la de 2021. Todas ellas tienen en común el punto de vista adoptado: el de la propia Cenicienta.
Emilie Blichfeldt dinamita esta perspectiva para desplazar nuestra mirada hacia Elvira, una de sus hermanastras, obsesionada por conquistar el amor del príncipe Julian aunque eso suponga transformar su cuerpo por completo para amoldarse al gusto del momento.
Así que... ¡seguimos en plena Spooky Season sacándole punta a los clásicos en una película que tiene más de terrorífico que de cuento de hadas!
Magnífico desempeño el de la actriz Lea Myren que se transforma en la pantalla de arriba a abajo y traslada de maravilla la intensidad los cambios a los que se somete.
La hermanastra fea es sobre todo una propuesta de terror corporal que busca denunciar las hipocresías que subyacen en la historia echando mano de un humor negro extremo y momentos verdaderamente vomitivos de esos que te obligan a apartar la mirada o mirar de forma intermitente mientras te tapas la cara con la mano.
Lo que sea por entrar en el dichoso zapato
Elvira ha crecido leyendo los poemas de su amado príncipe Julian en los que apela a la figura de una virginal muchacha a la que convertirá en su esposa cuando elija entre las principales candidatas tras un fastuoso baile.
Ella y su hermana Alma, se mudan junto a su madre Rebekka a la casa de un anciano al que se desposará en segundas nupcias. Sin embargo, en el banquete de boda, él muere de manera repentina dejando a su única y bellísima hija Agnes a su cargo.
Elvira no puede competir con su elegancia natural ni sus facciones perfectas así que, cuando se descubre que tiene una aventura con el caballerizo, es defenestrada y obligada a trabajar como sirvienta, quedando privada del derecho a asistir al baile real.
Entre tanto Elvira cruzará todas las líneas posibles para convertirse en la mujer de los sueños de Julian asistiendo a clases de danza y sometiéndose a una ortodoncia, una rinoplastia, cosiéndose unas pestañas postizas e incluso ingiriendo un huevo de tenia para adelgazar y lucir más hermosa.
Sin embargo y a pesar de sus esfuerzos, Agnes se las apañará para empañar su sueño presentándose de incógnito en el baile y perdiendo un de sus diminutos zapatos, que será la prueba de su identidad.
El discurso de La hermanastra fea es demoledor por lo que entraña y por la forma explícita y brutal en la que se traslada. Nadie es lo que dice ser en un mundo en el que imperan las apariencias: ni Agnes es una ingenua y virginal joven enamorada del príncipe, ni éste es un caballeroso y apuesto príncipe.
Tampoco Rebekka es una doliente viuda ni Elvira el cisne en el que se transforma el patito feo. Sencillamente, nadie es lo que aparenta y los personajes están privados de libre albedrío en la medida en que deben amoldarse al papel que les ha tocado en esta historia.
Retorcer el cuento y hacernos empatizar con Elvira, cuya ambición no conoce límites, aunque se someta a una tortura corporal constante, es una genialidad para el propósito de denunciar el cinismo social sobre todo en lo que relativo a la presión a la que se ven sometidas las mujeres y los estereotipos que ayudan a perpetuar los (en apariencia) inocentes cuentos de hadas.
La puesta en escena es una contradicción constante: imágenes almibaradas, en tonos pastel incluso, con leves desenfoques esteticistas y suaves contraluces y un tenebrismo creciente a medida que nos internamos en los asuntos relativos a la transformación física.
El paralelismo con La sustancia es evidente porque coinciden en maneras y en ideas aunque aquella sí que puso toda la carne en el asador hasta el mismísimo final mientras que La hermanastra fea se queda sin clímax con una resolución precipitada en la que no termina de lanzar los últimos cohetes. Huelga decir que no es para estómagos sensibles ni para fans de los clásicos
Valoración
Nota 70
Brutal e inmisericorde nueva versión de Cenicienta a la que Emilie Blichfeldt le extirpa cualquier dulzura para hablar de modelos aspiracionales románticos imposibles, crímenes estéticos en pro de encajar en los cánones y figuras femeninas sumisas y discordantes. Es una relectura tan repugnante como afilada.
Lo mejor
Lo bestia, explícita y guarrindonga que es (y lo bien hecha que está, oblogándote a mirar a otro lado).
Lo peor
Le falta clímax al final, después de tanta intensidad durante el metraje.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
