Crítica de The Last Showgirl: Pamela Anderson y Jamie Lee Curtis imantan la pantalla

Vértigo Films
Crítica
Añádenos en Google

Elígenos como tu fuente preferida en Google.

Crítica de The Last Showgirl, el drama dirigido por Gia Coppola y escrito por Kate Gersten con Pamela Anderson, Jamie Lee Curtis y Dave Bautista. Estreno el 20 de junio.

Llega a España más que tarde, tardísimo, pero merece mucho la pena. Pamela Anderson dio un giro su vida hace mucho tiempo: decidió que ya había sido explotada durante demasiado tiempo, se lavó la cara y empezó a negarse a usar maquillaje ni a exhibir sus curvas.

Una decisión que vino acompañada también de un enorme cambio de actitud respecto a su propia carrera. Fuera frivolidades y dentro una reformulación de prioridades. Y esto tuvo su efecto cascada en otras celebridades que decidieron seguir su ejemplo y romper con los estándares de belleza impuestos por una sociedad voraz, especialmente con las mujeres

Esta pequeña nota biográfica viene muy a cuento si nos fijamos en el argumento de The Last Showgirl, un drama que aborda temas como el edadismo, la picadora de carne que es la industria del entretenimiento (máxime la relacionada con la comercialización del erotismo), de relaciones familiares rotas y de la decadencia de Las Vegas, que parece no tocar nunca fondo.

Echar la vista atrás

Pamela Anderson interpreta en la película a Shelly, una mujer de su edad, 57 años, que lleva más de 30 trabajando en un show de Las Vegas como bailarina erótica cuando descubre que solo restan un puñado de funciones y que, tras echar el telón, no va a ser capaz de volver a trabajar en el sector ni va a tener ningún tipo de apoyo.

Tomar esta decisión ha tenido consecuencias demoledoras en su vida: renunció a su hija por entender que era incompatible su crianza con su trabajo, considerado como poco inapropiado.

A pesar de sus esfuerzos por recomponer su tensa relación con ella, Hannah jamás comprendió a su madre y no la perdona por dejarla de lado, más aún teniendo en cuenta que ella no encuentra ningún valor artístico en su labor.

Por su parte, Shelly ha terminado convirtiéndose, por paradógico que parezca, en una figura materna para sus compañeras más jóvenes, ávidas de consejos para salir adelante en un entorno bastante hostil. Pero no es lo que ella necesita: ya es madre y quiere recuperar a su hija.

Ella nunca quiso abandonar su sueño de ser bailarina, pero comprende que ha tomado las decisiones equivocadas cuando ya es tarde y no sabe cómo desengancharse de la extasiante sensación de estar bajo los focos..

Hay muchos aspectos reseñables de esta película. El primero de ellos la decadencia que subyace a la puesta en escena tanto en la filmación de exteriores en Las Vegas que dan cuenta de que sus días de esplendor quedaron muy lejos como en la degradación de las personas que allí trabajan y parecen abocadas a un descenso a los infiernos si pretenden subsistir.

Las mujeres que ya entran en una etapa de madurez son descartadas de inmediato de los procesos de casting: mejor cuanto más joven y "acrobática" y los propios shows son cada vez más zafios y soeces dejando atrás el glamour de tiempos pasados, los decorados artísticos, los vestuarios de ensueño... 

A nuestra protagonista se le cae la venda de los ojos cuando descubre que, tras haber dedicado su vida al escenario, éste no va a devolverle absolutamente nada de nada. Por supuesto, cero reconocimiento puesto que se considera que su profesión es "sucia" y sus méritos eran únicamente su edad y atractivo sexual, que han ido decreciendo con el tiempo.

Pero es que tampoco va a obtener ningún tipo de paga o pensión con la cual mantener su seguro médico o una mínima cobertura con la que salir del paso. Aunque sus compañeras más jóvenes comparten algunas de sus inquietudes, aún tienen la oportunidad de revertir sus decisiones, reinventarse y salir de la tela de araña.

Shelly, sin embargo, está atrapada en un mundo muy pequeño en el que todo el mundo la juzga, le reprocha que antepusiera las lentejuelas a la creación de una familia y la minusvalora. Todos menos su mejor amiga Annette, una mujer alcohólica que sirve copas en los casinos y la entiende mejor que nadie.

Pamela Anderson y Jaime Lee Curtis brillan con luz propia en en una película que quiere denunciar la explotación del cuerpo de la mujer en un mundo que ni la respeta ni cubre sus necesidades más esenciales. Pero también que está en proceso de evolución a peor, confirmando que Las Vegas es un vertedero de vanidades y lo más parecido a un estercolero moral sin fondo.

Dura, pero afilada, presenta un mundo muy poco condescendiente con algunos de los pilares de la sociedad de consumo desaforado de los Estados Unidos, lo que puede haber servido quizás para ralentizar su carrera de cara a los Óscar, donde competía dignamente con La sustancia y quedó rezagada en favor de una película como Anora. El chiste se cuenta solo.

Valoración

Nota 75

Esta película es un crudo retrato del fin de una era y cómo eso afecta a un grupo muy concreto de mujeres, cuya carrera profesional se ha basado en las explotación de sus cuerpos y que de un día para otro se ven desamparadas, sin coberturas sociales ni redes de apoyo familiar.

Lo mejor

La sensibilidad con la que está contada la historia, que es bastante dura. Las interpretaciones de todas las actrices, fabulosas.

Lo peor

Es una película muy decadente y triste: te deja empapado en la sensación de que el ser humano ha tocado fondo.

Otros artículos interesantes:

Más información sobre: