Crítica de Lazarus, los artífices de Cowboy Bebop y John Wick unen fuerzas para deslumbrar a la audiencia

Crítica de Lazarus, el nuevo anime de Shin'ichirō Watanabe que cuenta con Chad Stahelski como asesor de acción y puede disfrutarse en la plataforma de streaming Max.
El mes de abril de 2025 le pertenece por completo a Max si nos paramos a pensar en la artillería pesada que va a desplegar. Al final de la tercera temporada de The White Lotus, que ha arrasado en audiencia, se une el estreno de Lazarus, de la temporada final de El cuento de la criada y de la segunda temporada de The Last of Us.
No se puede pedir más en menos tiempo, aunque como suele ser costumbre, los placeres nos lleguen dosificados a razón de un episodio por semana. En el caso que nos ocupa, cada domingo tendremos un nuevo capítulo del anime hasta completar la emisión de los 13 que conforman la primera temporada el próximo domingo 29 de junio.
Lazarus nos desplaza a un futuro en el que el dolor se ha superado gracias a un potente y barato analgésico llamado Hapna. En el año 2052, la aparente calma que respira la humanidad se verá perturbada por un mensaje que aparece en todos los canales de streaming: su inventor, el profesor Skinner, pone fecha de caducidad a la humanidad.
Al parecer, tras tres años circulando por todo el mundo, Hapna va a mostrar su toxicidad provocando la muerte en quienes lo hayan consumido. Si en 30 días no han dado con su paradero, el desenlace será inevitable.
Así es como surge un grupo llamado Lazarus, encargado de descubrir dónde está y por tanto de parar la cuenta atrás hacia el desastre. Axel, que se encuentra cumpliendo condena en una prisión estatal, recibirá una visita para ser reclutado, aunque sus planes pasan más bien por una espectacular fuga.
Lo primero que hay que decir de Lazarus es que es prácticamente imposible no compararla con Cowboy Bebop, cuya magia fue imposible de replicar en acción real, aunque haga un ejercicio importante por desmarcarse del legado de una de las series anime más influyentes y veneradas de la historia de la televisión.
Hay muchos elementos que se asemejan, desde el diseño de algunos personajes hasta el gusto por el ritmo asociado a una potente banda sonora, el estilo de lucha del protagonista, el hecho de que esté integrado en un grupo heterogéneo y de ciertos elementos que le aportan misterio y halo poético.
Shin'ichirō Watanabe no obstante ha trabajado duro para ofrecer una experiencia muy diferente.y para eso se ha rodeado de especialistas en diversas áreas que pudieran darle ese enfoque diferenciador.
El primero de ellos, Chad Stahelski, director de la saga John Wick, con la que ha reformulado por completo el cine de acción, poniendo en el lugar que le corresponde a los equipos de especialistas. Su entente es digna de celebración porque gracias a su asesoramiento en el campo de la acción podemos ver a nuestro protagonista moverse como nunca antes en un anime.
No se trata solo de destreza (que también, porque sus cabriolas son dignas de un artista como Ryan Klarenbach) sino de punto de vista. A menudo la imagen se centra en planos en subjetiva en el que el personaje se ve a sí mismo colgando o aterrizando en el suelo consiguiendo una ilusión de movimiento especial y diferente.

En un panorama audiovisual en el que hay un dominio absoluto de CGI y de series atiborradas de efectos (ahí dejo una pequeña pulla a la recientemente estrenada Devil May Cry que no ha conseguido hacerle justicia al videojuego en el que se basa), ver algo distinto, con alma y creado desde el trabajo de personas reales, es un gustazo.
El segundo elemento diferenciador es la banda sonora. Cowboy Bebop contaba con un paisaje sonoro jazzístico de primer nivel que nunca le agradeceremos lo suficiente a Yoko Kanno y la banda Seatbelts. Aquí, le debemos la diversidad musical a Kamasi Washington, Floating Points y Bonobo. Es una experiencia muy distinta y rica.
Ojo, que Lazarus no deja de ser una serie evasiva a la que hay que hacerle muchas concesiones. Tampoco es perfecta, pero sí que aporta por un lado un grado suficiente de originalidad como para desmarcarse de las tendencias manoseadas y por otra parte una nutrida galería de personajes y un abanico de piezas musicales que hacen que vaya variando su sabor.
No es ni mucho menos una serie barata pero hay que reconocer que la inversión que se ha hecho en ella, hace que luzca de manera despampanante.
Valoración
Nota 85
Watanabe regresa por sus fueros con una serie bien disfrutona a la que es fácil engancharse y en la que ofrece algo muy distinto a lo que se ofrece en el panorama del anime actual. Hace que productos coetáneos palidezcan.
Lo mejor
Las secuencias de acción son realmente impresionantes, con muchos planos en subjetiva y una planificación exquisita.
Lo peor
Es una serie de entretenimiento con un guión al que hay que "comprarle" muchas ideas, no todas del todo convincentes si se examinan con lógica.
