Crítica de Un lío de millones, el remake de Mis queridísimos hijos

Crítica de Un lío de millones, la comedia protagonizada por Gracia Olayo, Antonio Resines, Clara Lago y Alberto Olmo que es un remake de Mis queridísimos hijos.
Los remakes de comedias francesas de éxito siguen siendo gasolina para el cine español, que se nutre de ellas una vez más en Un lío de millones, dirigida por Susan Béjar. Y es la tercera peli con este origen que llega en el transcurso de dos semanas después de Al otro barrio y ¿Quién es quién?
La película de origen, Mes très cheris enfants, escrita y dirigida por Alexandra Leclère, supuso un éxito de taquilla, de modo que no es de extrañar que trate de replicarse en nuestras fronteras, aportándole al proyecto su propio regustillo local. Esto se consigue actualizando un poco el discurso y con los cameos de turno entre los que se cuelan Raúl Cimas o Pepe Rodríguez.
Millones de razones
El tema no es otro que el del síndrome del nido vacío. En un pueblo de la Sierra de Madrid, Bego (Gracia Olayo) y Agustín (Antonio Resines) viven una jubilación tranquila entre la cocina y los juegos de cartas con los amigos.
Eso sí, echan de menos a sus hijos a rabiar, de modo que los invitan con frecuenta a su casa, pero Carla y Miguel (Clara Lago y Alberto Olmo) tienen sus propias preocupaciones y, desde que se independizaron, les han ido prestando paulatinamente menos atención, al punto de que parecen auténticas rémoras que solo acuden a ellos cuando les hace falta.
Cuando no se presentan para la celebración del cumpleaños de Miguel, que han preparado con esmero, y anuncian que no festejarán con ellos la Navidad, Bego se enfada de verdad. Agustín empieza urdir un plan para gastarles una broma pesada que además les sirva para tomarle el pulso a su relación. ¿De verdad son tan rastreros como parecen o les aprecian con sinceridad?
La idea es fingir que les ha tocado el premio gordo de la lotería y que son multimillonarios, lo que atrae a sus descastados hijos, cada uno de los cuales tiene grandes planes para gastar la fortuna de sus progenitores. Ellos, no obstante, se las ingenian para que sean ellos los que gasten sus ahorros y los ponen en verdaderos aprietos.
Las relaciones familiares como tema central de una comedia familiar navideña son un leit motiv que siempre funciona, pero para ello necesitas intérpretes a la altura del reto.
Es un lujo contar con Antonio Resines en un papel protagonista, pero la gran estrella de esta cinta de humor es la hilarante Gracia Olayo convertida en una suerte de pretty woman castiza adornada con todas las bagatelas de un asiático, orgullosísima de su ordinariez.
Porque lo suyo es hacerse pasar por una millonetis pero con los exiguos medios de un par de pensionistas con un pellizco de ahorros. La transformación es uno de los momentos más impáticos de la cinta (y da los momentos clave de los clásicos reels de tomas falsas que hay en los créditos finales).
El guión de Un lío de millones está trufado de minisketches y gracietas de todo tipo: desde la escurridiza manera de hablar de la protagonista, incapaz de nombrar correctamente ni una sola vez al personaje interpretado por Bianca Kovacs hasta un Raúl Cimas en el rol de gurú empresarial sin una gota de talento ni ganas de currar.
En un segundo plano, sin conseguir ser verdaderamente divertida nunca, encontramos a Clara Lago, que tiene un rol muy antipático en la película (le toca defender los chistes escatológicos) y que se acompaña de Izan Escamilla, uno de los integrantes de Élite en busca de nuevos horizontes interpretativos.
La parte de drama romántico la cubren con solvencia, pero sin originalidad Alberto Olmo y Lucía Caraballo.
Estamos, en resumidas cuentas, ante una película de humor bastante blanca, que supera a la cinta original (o al menos funciona mejor en nuestras fronteras gracias al talento de los intérpretes principales) y tiene un buen potencial en el contexto de la taquilla navideña.
No reinventa la rueda, pero sí consigue pulir y añadir suficientes elementos como para agradar a una audiencia amplia, sin ofender a nadie ni meterse en jardines ideológicos que tampoco vienen a cuento. Un entretenimiento eficaz, sin grandes pretensiones, que incide en la triste realidad de que el dinero no solo no nos da la felicidad sino que nos puede provocar más de un disgusto.
Valoración
Nota 67
La versión española de Mis queridísimos hijos actualiza el relato y cuenta con una pareja protagonista con una vis cómica excepcional, de la que se nutre esta película de humor familiar de lo más apropiada para las fechas.
Lo mejor
Gracia Olayo desatada hace honor a su nombre y genera risas instantáneas. El momento Pretty Woman.
Lo peor
Todo lo relativo a la vida personal de los hijos es la parte menos satifactoria, a nivel cómico, de la película.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
