Matar a Dios
Análisis

Crítica de Matar a Dios, premio del público en Sitges

Por Raquel Hernández Luján

La ópera prima de los directores Caye Casas y Albert Pintó y premio del público en Sitges, Matar a Dios, ya está disponible en cines desde el 21 de septiembre y os ofrecemos la crítica de esta película cargada de humor negro.

Hay películas que son un pequeño festín: puede que no tengan grandes efectos especiales ni famosos nombres detrás, pero nos procuran un rato de asueto de lo más entretenido. Tal es el caso de Matar a Dios, una comedia negra de esas que tienen su dosis justa de gore y que hacen las delicias del público de Sitges, donde por supuesto, la audiencia reconoció su regustillo, concediéndole su pertinente premio.

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A pesar de que vamos a ofreceros la sinopsis y el tráiler para que podáis haceros una idea de cómo es la película, sí que tenemos que avisaros de antemano que nada podrá prepararos para lo que vais a ver. Es una "ida de olla" que rezuma mala baba, pero que si se ve con las expectativas ajustadas, resulta de lo más divertida... Pero divertida de risa sardónica, para entendernos.

El argumento de Matar a Dios nos cuenta la historia de Ana y su marido Carlos, que están organizando una extraña cena de Nochevieja familiar en una antigua y espeluznante masía a las afueras de Tarrasa. En ella, solo estarán junto a ellos Santi, el hermano depresivo de Carlos, y su padre, que aún no ha superado la muerte de su esposa. Mientras cenan en un ambiente hostil debido a que Carlos ha descubierto que Ana le ha sido infiel irrumpe un vagabundo en la casa afirmando ser Dios.

Por supuesto, ninguno de ellos le cree hasta que realiza una demostración de su poder. Atendiendo a sus amenazas, sólo se salvarán dos personas en el Juicio Final, y la familia ha sido elegida para escoger a esos dos únicos supervivientes cuya misión será repoblar el planeta. El destino de la Humanidad recae en cuatro desgraciados que, evidentemente, van a querer salvarse ellos mismos, pero que encima tienen problemas personales graves entre ellos... ¿Queda futuro a la especie?

Matar a Dios cuenta con personajes gloriosos y sabe "salir por peteneras" para sorprender al espectador, que no sabe exactamente qué es lo que está sucediendo ante sus ojos hasta el mismísimo final de la película.

Esta comedia negra cuenta con un reparto pequeño pero entregado, compuesto por Eduardo Antuña (800 balas), Emilio Gavira (Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo), David Pareja (Magical Girl) y Boris Ruiz (Los ojos de Julia), pero el rostro que más sobresale es el de Itziar Castro, a la que hemos visto de forma reciente en la tercera temporada de Vis a vis y que demuestra tener la capacidad de sacar adelante un papel protagonista sin despeinarse demasiado.

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Vaya por delante que esta película española ha salido adelante sin ayudas estatales y sin el apoyo de ninguna televisión, ni privada ni pública, lo que ha propiciado una libertad creativa sin ningún tipo de cortapisa. Vamos, que hay diálogos que son una locura y situaciones extremas desternillantes que se dirigen a un público adulto. 

Matar a Dios

Eso sí, se nota también la escasez de medios: aunque la trama pide una puesta en escena claustrofóbica con un único escenario, hay fallitos de raccord y alguna que otra incongruencia que atestiguan que la producción es muy modesta.

Los también guionistas Caye Casas Albert Pintó demuestran tener imaginación, buena mano con el casting y una certera idea de a qué público quieren dirigirse, por no hablar de su estilo que podríamos comparar con un cruce entre Javier Fesser y Álex de la Iglesia. Así que, aunque no sea una película perfecta, sí que merece un visionado. Puede que más de uno se sorprenda de lo que pueden hacer los talentos emergentes cuando consiguen volar por libre.

Valoración

Divertidísima propuesta de humor negro, sencilla pero eficiente que sabe dosificar la información y dejar al público con el culo torcido.

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

Los personajes y las interpretaciones: el reparto lo da todo y, si entras en la propuesta, la disfrutas mucho.

Lo peor

La puesta en escena es muy teatral y se busca de forma recurrente un gran efectismo. Aunque es resultona como ópera prima, es también muy sencillita.