Crítica de La mesita del comedor, comedia negra perturbadora y cuajada de tensión

Crítica de La mesita del comedor, la comedia negra de Caye Casas protagonizada por David Pareja y Estefanía de los Santos. Estreno el 1 de diciembre.
El cine de Caye Casas es del que se recuerda por mucho tiempo. Quien pasara por la experiencia de visionado de Matar a Dios ya sabe cómo se las gasta a la hora de conjugar humor negro con drama, tensión y mala uva. Sus películas son, a fin de cuentas, retratos del alma humana y eso solo se puede trazar un ese mix de géneros en los que se ve lo mejor y lo peor que llevamos dentro.
En La mesita del comedor vuelve a hacer gala de una máxima importante: que el presupuesto se tiene que ir a un buen reparto y que si la idea que hay detrás del guión es buena, que el diseño de producción vaya algo justo da lo mismo.
Guión y personajes son los que hacen la película: da lo mismo que la tonalidad de la sangre sea más o menos adecuada o que no haya recursos para demasiadas florituras. A veces una elipsis o el manejo del espacio fuera de campo es mucho mejor que mostrarlo todo, porque se deja margen al espectador para imaginar sus propios horrores.
Muerte por decoración
En La mesita del comedor conocemos a una pareja que atraviesa un momento delicado. Acaban de ser padres después de un largo proceso y no se encuentran en las mejores condiciones para afrontar el reto. En plena mudanza, están aún adecuando el espacio a la llegada del recién nacido y, como es habitual en estas circunstancias les faltan horas de sueño y paciencia para llegar a acuerdos.
En ese impás, se ven abocados a tomar una decisión que parece nimia pero que va a cambiarles la vida para siempre: elegir la mesita del comedor. Juan se ha encaprichado de una pieza que el vendedor tilda como vintage pero que a María le parece espantosa. Trata de disuadirlo de llevársela a casa pero él está emperrado en comprarla, por más que las artimañas del vendedor sean ridículas.
Uno de sus argumentos de venta es que el cristal es irrompible y que su calidad es incuestionable.... algo que pronto descubrirán que dista de ser cierto. Pero Juan se enroca: considera que lleva mucho tiempo sin tomar decisiones en su relación y que es el momento de imponer su criterio.
De regreso a casa, la inestabilidad aumenta entre ellos: María no solo está disgustadísima por la mesita sino que encima descubre que le falta un tornillo de sujeción, así que decide irse a comprar y dejar a Juan con el bebé a solas por primera vez y con la dichosa mesa a medio montar.
De rebote, una vecina les va a dar aún más dolores de cabeza. No parece que la mesita vaya a inundar su casa, precisamente, de felicidad, como les habían prometido.
La mesita del comedor es una película sencilla (apenas un par de localizaciones y salvo la secuencia inicial, una concepción casi lineal del tiempo), pero muy eficiente a la hora de crear desasosiego. De forma que consigue mantenerte en vilo de principio a fin.
Como decíamos más arriba, la clave está en implicar al espectador convirtiéndolo en testigo de lo que está pasando, pero manteniendo a varios personajes en el desconocimiento hasta el final. Esto nos hace ser casi cómplices de lo que sucede y sentirnos aún más apegados al protagonista al desplegar una empatía casi involuntaria.
A lo largo de sus incómodos 91 minutos de metraje, vamos viendo cómo la situación se va convirtiendo en una olla a presión que va cogiendo cada vez más temperatura hasta que solo puede estallar. Reman en la misma dirección los diálogos naturales y la puesta en escena cotidianas, la dirección de actores y las lineas de diálogo afiladas.
Pero quizás uno de los elementos más meritorios de La mesita del comedor es el montaje, que evita a toda costa mostrar determinados elementos, pero no deja de rodearlos o evocarlos mediante metáforas visuales de todo tipo.
La tragedia es el corazón de una historia en la que la mala suerte, la ironía y el látigo del karma fustigan a unos personajes sin margen para la redención. Que de aquí podría salir hasta una saga, tomando como elemento funesto la maldita mesita de comedor, con un toque fantástico a lo Chicho Ibáñez Serrador, nadie lo discute.
Valoración
Nota 70
Tensa, pesadillesca e imprevisible, la película arranca en clave de comedia casi costumbrista para transformarse en la huida hacia delante del personaje principal, atrapado en una mala decisión cuyas consecuencias son insoslayables. Tremenda por momentos, brutal y cruel de forma constante.
Lo mejor
El manejo de la tensión narrativa y cómo el tono de la película va virando de la comedia negra a la pesadilla pura y dura.
Lo peor
Es una película de bajo presupuesto y se nota en la factura técnica, por más que sea resultona.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
