Los muertos no mueren
Análisis

Crítica de Los muertos no mueren, la película zombi de Jim Jarmusch

Por Raquel Hernández Luján

Jim Jarmusch escribe y dirige Los muertos no mueren (The Dead Don't Die), una comedia de terror en la que aparecen Bill Murray, Adam Driver, Tilda Swinton, Chloë Sevigny, Steve Buscemi, Iggy PopRZA, Selena Gomez y Tom Waits, entre otros. Estreno el 28 de junio de 2019.

A Jim Jarmusch (Los límites del control, Flores rotas) le sale la amargura en cada línea de guión de la película Los muertos no mueren. Por supuesto, se trata de una película de zombis con un fuerte componente fantástico pero, atendiendo a su filmografía, ya era de esperar que tuviera también algo de crítica social: en este caso, hacia la abulia de la sociedad.

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En este sentido, hay una carga hacia casi todo: la apatía de la gente en general, la estrechez de miras del supremacista de turno, las fake news, las teorías conspiranoicas, los jovencitos influencers... El director no deja títere con cabeza.

El problema de la película es que quiere revestir esta idea con el manto de la comedia, sin demasiado éxito. Mucho más logrado es su tributo al cine de George A. Romero, del que toma prestadas estampas muy concretas: desde esas manos saliendo de las tumbas hasta hasta el Pontiac LeMans que conducen Zoe, Zack y Jack en esta película, que es calcado al que sale en el prólogo de La noche de los muertos vivientes.

Ojo también a la forma en la que Jarmusch escoge los nombres para sus personajes ,cuando quiere dejar claro que para él son como fotocopias.

La acción de la película tiene lugar en Centerville, nombre que hace referencia a la ciudad ficticia de la película de Frank Zappa 200 motels. Allí, el jefe Cliff Robertson y el oficial Robbie Peterson (Bill Murray y Adam Driver, de Star Wars: Los últimos Jedi, conforman esta delirante pareja de representantes de la ley, que tan claramente recuerda en su concepción a Fargo) comprueban alarmados cómo las horas del día se alargan de forma injustificada.

Por su parte, los informativos empiezan a dar la alarma en base a preocupantes datos: los animales empiezan a manifestar un comportamiento agresivo y los muertos salen de sus tumbas dispuestos a devorar a los vivos, si bien conservan parte de su memoria.

De esta forma, los lugareños deben dejar atrás sus diferencias para luchar y sobrevivir a la horda zombi. Solo un personaje parece al margen de toda esta situación: la recién llegada Zelda Winston (Tilda Swinton, Doctor Strange), que trabaja en la funeraria local y tiene desconcertados a los vecinos con sus extrañas costumbres.

Parece bastante obvio que Jarmusch se toma Los muertos no mueren como un juego, casi como si rodara con sus colegas una cinta con final improvisado. El reparto avanza que vamos a disfrutar de muchos cameos interesantes (Iggy Pop, RZA, Danny Glover, Selena Gomez...) además de unos protagonistas excepcionales (ya simplemente la aparición del gran Bill Murray que ya incursionó en el género con Bienvenidos a Zombieland y coincide con Carol Kane 30 años después de Los fantasmas atacan al jefe, es un aliciente) pero es que además el cineasta se permite hasta hacer bromas metalingüísticas unamunianas permitiendo que sus personajes se sepan inmersos en una ficción. No se puede decir que Los muertos no mueren no sea una propuesta original, por más que no sea enteramente satisfactoria.Las 7 películas de zombis imprescindibles

En todo caso, es una película muy especial, destinada a una parroquia tan concreta y limitada, que se cierra ella misma las puertas a llegar a un público más amplio. Ni te ríes a carcajadas, ni pasas miedo, ni los momentos gore te asquean como para dejarte huella. Sí que hay posibilidades de disfrute si eres un incondicional del terror y sabes leer los códigos que usa (y rompe) hasta llegar a un final impredecible y algo caótico.

Y no se resiste a sacar punta a tener a Kylo Ren del lado de la justicia, mostrando el llavero del agente con el logo de Star Wars. Del mismo modo, una de las lápidas del cementerio muestra el nombre de Samuel Fuller, director con el que trabajó y colaboró en el documental de Mika Kaurismäki titulado Tigrero - La película que no se llegó a hacer de 1994. En suma, Jarmusch ha hecho lo que le ha dado la gana. Te puede gustar más o menos, pero es auténtico, incluso en su amarga lectura de la actualidad.

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Valoración

Muy irregular, esta comedia de terror de Jim Jarmusch conseguirá entusiasmar más al público fiel al género que a los nuevos espectadores. Es menos divertida de lo que pretende y deja un regusto amargo.

Hobby

60

Aceptable

Lo mejor

Ver a Tilda Swinton cercenando zombis con su katana al estilo samurai es una gozada, así como algunos pasajes concretos y el diseño del sonido.

Lo peor

La sensación que deja de insatisfacción: los chascarrillos no funcionan, los recursos estilísticos como la repetición tampoco y no da miedo.

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