Crítica de Las niñas de cristal: Netflix hace Cisne Negro al estilo ibérico

Las niñas de cristal (Netflix)

Las niñas de cristal es la nueva película española de Netflix, protagonizada por María Pedraza y Paula Losada. Una revisión de Cisne Negro de producción patria.

El éxito, a menudo, está ligado al sufrimiento. La cultura del esfuerzo no es únicamente una página en blanco en el manual del emprendedor, ese que te pregunta en mitad de una fiesta, a gritos, si quieres ser tu propio jefe y te habla de no sé qué criptomoneda que está holdeando, sea lo que sea holdear.

La cultura del esfuerzo no es solamente un leitmotiv heredado de Estados Unidos o un dogma del neoliberalismo. Existe, especialmente en aquellos apartados donde la competición no forma parte de la vida, sino que la sintetiza y representa. Estamos hablando, evidentemente, de los deportes.

En los últimos años, hemos visto a decenas de deportistas de élite mundial tirar la toalla en el momento más importante de sus carreras. Han esgrimido el guante de la presión, el estrés, la ansiedad. Algunos han visto en esto la maldición del millennial y otros, los menos empáticos, han esgrimido el argumento de «la generación de cristal».

Sin embargo, detrás de todas estas historias no hay ninguna ficción o explicación generacional. La cultura del esfuerzo en el deporte, fórmula del éxito en determinados contextos, es agotadora y demencial, suprime a un individuo y lo anula hasta convertirlo en un autómata que sólo se mueve en dirección a un fin concreto.

El mundo del ballet es igual de deportivo —o más— que el fútbol, el baloncesto, el atletismo o el tenis, por decir algunos. Habitan en Internet innumerables reportajes que ponen de manifiesto la violencia extrema y el sacrificio autoimpuesto al que se someten decenas de bailarinas en todo el planeta para llegar a formar parte de la élite.

Cisne Negro, la película de Darren Aronofsky que le valió el Oscar a Natalie Portman, es un magnífico ejemplo cinematográfico de lo que estamos hablando. No es la única película, obviamente. Existen muchas representaciones audiovisuales de esta índole. Y la nueva película española de Netflix se suma a esa lista temática.

Las niñas de cristal es una película de Netflix que ya está disponible en la plataforma. De hecho, junto a Anatomía de un escándalo, se ha abierto paso en el catálogo streaming y se ha consolidado como uno de los productos más reclamados por los usuarios. Unos usuarios que, por cierto, están cayendo en picado últimamente.

Las niñas de cristal está dirigida por Jota Linares, cineasta tras títulos como Animales sin collar (2018) y ¿A quién te llevarías a una isla desierta? (2019). María Pedraza, la niña bonita de Netflix, une fuerzas con Paula Losada para liderar un reparto entregado a una dura historia sobre competición, sufrimiento, pérdida y sacrificio.

Las niñas de cristal (Netflix)

La película recoge directamente el testigo de Cisne Negro en muchos sentidos, no sólo en el ballet. El murmullo del suicidio permea la cinta desde los primeros compases, cuando la primera bailarina del Ballet Clásico Nacional decide acabar con su vida de forma trágica y posibilita el curso de la acción de la protagonista.

Irene (María Pedraza) será la encargada de heredar el puesto como Giselle en la compañía. El resto la verá como una «apestada», alguien que no merecía ese papel, pero que lo ha conseguido por el suicidio de otra compañera, aunque poco o nada tenga que ver Irene con el trágico final de su antigua amiga.

Encontrará en Aurora (Paula Losada) un hombro en el que sostenerse, un espejo en el que mirarse, un lugar en el que refugiarse. Las dos muchachas se nutrirán la una de la otra para sobrevivir en un mundo donde la realidad es tan cruel que decidirán inventarse una nueva en la que respirar un aire mucho más limpio y puro.

De hecho, la aparición de la imaginación como bálsamo curativo de una realidad opresiva y asfixiante es, conceptualmente, lo más interesante de Las niñas de cristal en Netflix. Una extensión de algo tan psicológico como cierto. Si no me creen, lean sobre trastornos de personalidad múltiple y sus vínculos con la infancia. Les recomiendo La casa al final de Needless Street, de Catriona Ward.

Pese a ello, y aunque el reparto está extraordinario, los dos primeros actos de Las niñas de cristal son pesados y convulsos. Jota Linares parece tener muy claro a dónde quiere llegar, pero no cómo hacerlo. En ese sentido, la trama se ve afectada por un inicio irregular que, finalmente, es elevado en el tercio final.

Como es habitual en Netflix, el apartado técnico es impecable. La película está a la altura en todos los sentidos, a excepción del expuesto en la parcela rítmica. El retrato sobre la cultura del esfuerzo, la presión deportiva, la competición y los daños colaterales que va dejando por el camino es clara y concisa, a la par que resueltamente manida.

Nada de lo que veas en Las niñas de cristal mejora, supera o hace olvidar Cisne Negro. Las comparaciones, en esta ocasión, han sido totalmente inevitables. Y, a pesar de ello, no se esfuerza en copiarla. Ninguna de las actrices trata de ser Natalie Portman. Jota Linares no pretende emular a Darren Aronofsky.

Las niñas de cristal es una película de Netflix con personalidad. Ofrece una perspectiva cruel y trágica de un mundo que sólo podemos contemplar desde la distancia. Hay cinematografía y ficción en este filme, pero también algo de realidad. Y la lectura sobre la imaginación es poderosa, está bien ejecutada y se convierte en lo mejor de la cinta.

En definitiva, esta película es muy recomendable si buscas un drama con tintes realistas en el que la música, la tragedia, la imaginación, lo visual y estético del baile y el carácter castizo de nuestra producción patria se combinan en un todo que funciona muy bien, especialmente en el tercio final de su historia.

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VALORACIÓN:

Las niñas cristal recoge el testigo de Cisne Negro sobre la cultura del esfuerzo, el drama de la competitividad y las consecuencias de todo esto en el mundo del ballet. Una producción patria de Netflix liderada por María Pedraza donde la imaginación funcionará como bálsamo para unas protagonistas que se han cansado de sufrir en el mundo real.
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LO MEJOR:

El recurso de la imaginación como vía de escape a una realidad dura, triste, dramática y dolorosa.
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LO PEOR:

Los dos primeros actos son pesados y agotadores. Las comparaciones con Cisne Negro serán inevitables.
Hobby

65

Aceptable

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