Crítica de Nosferatu: Robert Eggers vende su alma para hacer una película de otro tiempo

Crítica de Nosferatu, la nueva película de terror del cineasta Robert Eggers inspirada en la película escrita por Henrik Galeen y la novela de Bram Stoker.
Vieja historia, nueva forma de narrarla. Nosferatu es fascinante porque Robert Eggers se erige cual demiurgo para traer a la vida al viejo vampiro, el conde Orlok, interpretado por un irreconocible Bill Skarsgard transformado hasta lo más íntimo de su ser.
No solo ha sido caracterizado de forma extrema sino que ha trabajado su registro vocal con una coach de ópera para rebajar una octava su timbre de voz.
El resultado es escalofriante y portentoso: no queda nada de él en un papel que hiela la sangre. Su personaje se aleja de la imagen sexy, cultivada y misteriosa del vampiro clásico para mostrarnos su lado más perturbador, satánico y malévolo.
Eggers, por un lado, homenajea los modos del expresionismo alemán en su Nosferatu, pero por otro sabe bien desligarse de Murnau y cómo colocar la cámara para generar inquietud y hacernos sentir como en uno de los trances oníricos de las víctimas del conde. Cuanto más loco se vuelve en su propuesta y más al extremo la lleva, más subyugadora es.
A fin de cuentas, se trata de un relato sobre la seducción y Eggers conseguirá que el público se rinda ante su película... por propia voluntad, tal y como debe ser.
Nosferatu nos traslada a la ciudad alemana de Wisborg en 1838 para presentarnos a Ellen Hutter, una mujer consumida por las pesadillas que rehace su vida junto al hombre que ama, Thomas, con quien acaba de contraer nupcias.
Viven felices hasta que el oscuro agente inmobiliario Knock decide enviar a Hutter a Transilvania para cerrar un negocio con el conde Orlok. Se trata de la venta de una destartalada finca de Wisborg.
Durante el largo viaje, Hutter se encuentra en situaciones desconcertantes que no sabe cómo encajar: la población local le impide pronunciar siquiera el nombre de Orlok y la noche que pernocta en una posada, es testigo de la exhumación de un cadáver y de un rito para evitar que vuelva a la vida.
Una vez en el castillo, es recibido por el siniestro conde que le apremia a firmar unos papeles mientras se encuentra bajo una suerte de hechizo. Al día siguiente, Hutter amanece marcado y comprueba que le ha robado el guardapelo con el que le obsequió su esposa.
Ella padece brotes de lo que considera melancolía cada noche desde el momento en el que se ausenta su marido y recibe cuidados en la mansión de los Harding por parte del doctor Wilhelm Sievers.
Orlok se dirige entonces a Wisborg, desatando en el navío que le conduce hasta la costa germana el pavor hacia la peste. Su obsesión es poseer el cuerpo y la mente de Ellen y hará cualquier cosa para lograrlo.
Uno de los aspectos mejor trabajados y más satisfactorios a nivel estético es el de las sombras: ya sea recorriendo la ciudad, las estancias o cerniéndose sobre sus víctimas, estar bajo la sombra de Orlok es estar a merced de su embrujo en una atmósfera malsana, cual marionetas poseídas.
Eggers busca ahondar en el folklore para devolver al vampiro a sus orígenes y no perdona un solo leit motiv asociado a Drácula: es bastante fiel al material original, respetuosa y hasta tierna con sus inicial ingenuidad pero sabe incidir en su macabro erotismo componiendo un cuento gótico eficaz, tan trágico como hermosamente compuesto.
Por otra parte, está repleta de interpretaciones comprometidas. Lily-Rose Depp se deja la piel en el papel de Ellen Hutter, y, por sí misma, en sus raptos sonámbulos y esquizoides, da más miedo que el mismísimo señor de las sombras.
Nosferatu entra por derecho propio entre las mejores películas de 2024, siendo un relato de terror tejido con esmero para aunar lo ya conocido con lo nuevo. Rezuma un amor lánguido por las viejas leyendas europeas sin descuidar nuevos elementos y lecturas mucho más turbias que contribuyen a intensificar su desgarradora emocionalidad.
Como es su costumbre, además, recupera elementos diferenciadores que ligan el relato al devenir de la historia. Todo el planteamiento estético: iluminación, vestuario, maquillaje, peluquería, atrezzo, dirección artística, etc. busca una verosimilitud que hace que resulte aún más atractiva y audaz su propuesta narrativa.
En suma, propone un viaje de cerca de 135 minutos impregnado en la tradición. Es una de esas películas de las que ya no se hacen y que consolida al director como uno de los creadores más lúcidos e influyentes de su generación.
Otro título a celebrar en su carrera junto con La bruja, El faro y El hombre del norte y una de las entradas más potentes del año en el género del terror, por más que llegue casi como broche de oro en los últimos impases del 2024. Es una muestra de lo que se puede llegar a hacer cuando te apasiona lo que quieres contar. Imposible no rendirse a Orlok y recibirlo con los brazos abiertos.
Valoración
Nota 93
Eggers compone un relato fascinante. Tiene la capacidad de hipnotizarte como el propio Orlok y cuanto más oníricas son las secuencias que compone, más te subyuga. Consigue embarcarte en una atmósfera tan inquietante como absorbente.
Lo mejor
El uso de las sombras, el diseño de sonido, el trabajo de Skarsgard como Orlok y de Lily-Rose Deep como Ellen Hutter.
Lo peor
Tiene un momento valle a mitad de metraje que tarda un pelín en remontar.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

