Los ojos de Tammy Faye

Crítica del biopic Los ojos de Tammy Faye, producido y protagonizado por Jessica Chastain y Andrew Garfield sobre una pareja de telepredicadores cristianos.

Emparentada argumentalmente con Los Gemstone, la serie cuya segunda temporada se encuentra en emisión en HBO Max, Los ojos de Tammy Faye condensan en dos horas las vidas de dos telepredicadores evangelistas estadounidenses que erigieron un imperio de la nada.

A pesar de que el tono sea muy distinto, el corazón de ambos proyectos es el mismo: poner de manifiesto hasta donde puede llegar la hipocresía de quien se aprovecha de la credulidad de los demás (sea esto algo premeditado o derivado de una vida de excesos en la que se ha perdido el norte).

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Tráiler de Los ojos de Tammy Faye, con Jessica Chastain irreconocible

Jim Bakker y su esposa Tammy Faye comenzaron haciendo giras en los años 70 con un espectáculo de marionetas con el que se dirigían al público infantil para trasladar sus ideas religiosas y fueron creando un pequeño emporio que les llevó hasta la televisión.

Con el paso del tiempo consiguieron una inmensa popularidad alumbrando una de las cadenas religiosas más grandes del mundo, en rápida expansión gracias a la mejora de la tecnología con la señal vía satélite.

Su sello era proclamar la búsqueda de la prosperidad, la aceptación de los demás y, sobre todo, el amor. Tammy Faye además se convirtió en una figura legendaria, famosa por su aspecto físico (sobre todo sus impresionantes pestañas), su particular voz, que la llevó a grabar varios discos, y por abrazar a minorías apestadas en la época como los enfermos de SIDA.

Sin embargo, ella y su marido caerían en desgracia cuando las irregularidades financieras, las rivalidades con otros predicadores y facciones religiosas y los escándalos personales (explotados en horario de máxima audiencia) destrozaron su matrimonio y acabaron con la gallina de los huevos de oro.

No os vamos a engañar, Los ojos de Tammy Faye no es una película nada sencilla y, a pesar de ser bastante mejor de lo que se podía esperar de un biopic de estas características, tampoco es una de esas cintas que apetezca revisionar. 

El gran atractivo de la película y lo que la sustenta de principio a fin es la interpretación Andrew Garfield y sobre todo la de Jessica Chastain, muy disfrazada, pero también muy humana bajo las muchas capas de prótesis y maquillaje. Su interpretación es brillante mimetizándose con ella con muchos looks distintos, pero manteniendo su forma de moverse o de reír.

Si ayer mismo os hablábamos de la transformación de Lily James para dar vida a Pamela Anderson en Pam & Tommy y hace unos meses comentábamos la de Nicole Kidman en Being the Ricardos (con la que se impuso en los Globos de Oro), hay que decir que no es menos sorprendente el cambio físico de la actriz aquí, dado que además la historia se desenvuelve a lo largo de un extenso periodo de tiempo.

Conocemos a Tammy Faye justo antes de que se quede prendada de quien sería su marido, cuando ambos eran estudiantes y llegamos hasta el momento en el que comienza a recuperar su dignidad tras perderlo prácticamente todo. Tiene que empezar de nuevo y encontrar su camino en solitario superando una crisis personal que había arrasado con su autoestima.

Los ojos de Tammy Faye

La película deja de lado su segundo matrimonio con Roe Messner, dueño de una empresa de construcción dedicada a la edificación de templos religiosos y su muerte, producida por un cáncer de colon.

Tampoco se refleja en la cinta la incursión Jay, el hijo de Tammy y Jim, en el mismo mundo de sus padres, tras un periodo de desmadre en su juventud, derivado del ostracismo al que fue relegado por el desmoronamiento del imperio familiar. Así que hay hasta material para una secuela.

Sus vidas, queda claro, están llena de excentricidades, glamour y excesos de todo tipo, pero el guión de Abe Sylvia basado en el documental homónimo de Fenton Bailey y Randy Barbato, humaniza a Tammy Faye al destacar su lado más amable y cercano con la gente, que en buena medida encontró consuelo en sus palabras (mientras, eso sí, les sangraban la cuenta bancaria con su beneplácito).

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Por fortuna, Los ojos de Tammy Faye no cae en el terreno de la hagiografía ni pretende tapar los escándalos derivados de forma en la que los Bakker destinaron fondos de sus seguidores para fines propios, dándose a una vida de lujo.y opulencia, aunque nos lleve a empatizar con ella y a desarrollar su personaje en un plano psicológico que nos permite comprender su inseguridad y dependencia.

Lo que queda claro y además pone la historia en consonancia con la actualidad es que la telerrealidad no se ha inventado en el siglo XXI y que la explotación mediática de la intimidad ha sido y es moneda de cambio en nuestra imperfecta sociedad, siempre ávida de escándalos y catarsis grandilocuentes. Todo es carne de espectáculo: las relaciones sexuales, la política y cómo no, la religión.

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VALORACIÓN:

Sorprendentemente divertida pero sin dejar nunca de lado la empatía hacia Tammy Faye, la película funciona tanto como biopic, como drama personal y por supuesto como crítica a la espectacularización de la religión, pero además tiene una lectura más actual, poniendo de manifiesto las que fueron las primeras experiencias de telerrealidad.
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LO MEJOR:

El humanismo de la película, al intentar comprender a personajes que resultan muy cargantes. Jessica Chastain, irreconocible.
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LO PEOR:

Es una historia muy dirigida a la audiencia estadounidense, donde el público estará familiarizado con la temática y las personas de las que se habla.
Hobby

70

Bueno

Y además