Okko, el hostal y sus fantasmas
Análisis

Crítica de Okko, el hostal y sus fantasmas, de Kitaro Kosaka

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de Okko, el hostal y sus fantasmas (Okko's Inn), dirigida por Kitaro Kosaka, antes vinculado al Studio Ghibli. La película llegará a los cines españoles el 31 de mayo de la mano de Cinemaran.

Los amantes del anime y en concreto de las imágenes kawaii tenéis una cita ineludible con los cines el próximo 31 de mayo, momento en el que Cinemaran estrenará en España la película Okko, el hostal y sus fantasmas (Okko's Inn).

Ojo, porque el director no es otro que Kitaro Kosaka, que anteriormente había trabajado en el Studio Ghibli codo con codo con Miyazaki. También participó en la elaboración de películas clásicas consideradas como la cumbre de la animación tradicional, como Akira y Metrópolis, y fue ascendiendo y demostrando su talento en cintas como El viaje de Chihiro, El castillo ambulante o Ponyo en el acantilado, hasta ser key animator en obras maestras más recientes como El viento se levanta, El recuerdo de Marnie o El niño y la bestia.

Además, la historia ha sido escrita por Reiko Yoshida (guionista de películas como A Silent Voice y Lu Over the Wall), basándose en la novela juvenil escrita por Hiroko Reijō e ilustrada por Asami. Anteriormente, había dado el salto a la televisión con la serie Waka okami wa shôgakusei! de un total de 24 episodios. 

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La historia nos lleva a conocer a una niña de diez años llamada Okko que pierde a sus padres en un accidente de tráfico. Poco después de esta tragedia personal, se muda a vivir al campo con su abuela, que dirige una posada tradicional japonesa de aguas termales en la que encuentra su vocación: tomar el relevo de la gestión del balneario y de este modo honrar la memoria de su familia.

Mientras se prepara para ser la próxima dueña de la posada y afronta el reto personal de superarse a sí misma, Okko conoce a varios fantasmas que habitan allí, los cuales tratarán de ayudarla y acompañarla en los momentos más duros de este proceso.

Hasta este punto, tras leer la sinopsis de Okko, el hostal y sus fantasmas, es probable que cualquier espectador se haga una idea de lo que va a ver y, en este sentido, la película no defrauda: es cierto que desarrolla una trama principal sobre la superación del duelo y que sabe apoyarse sabiamente en el elemento fantástico para acompañar la inocencia de la infancia hacia una resolución de esos problemas de aceptación de la pérdida.

Sin embargo, también es cierto que a esta película de anime le pesa el carácter episódico de las secuencias: la visita de determinados huéspedes se convierte en una escalera que la protagonista debe trepar para conseguir pasar página y seguir adelante despidiéndose de sus padres, pero no termina de quedar claro qué saca de cada uno de esos encuentros. Menos justificable aún es la competición con una niña de una posada cercana, con la que mantiene varios choques o cierta oda al consumismo que una de sus huéspedes le propone para salir de su estado de tristeza.

Salvando estos puntuales momentos de descoloque total, Okko, el hostal y sus fantasmas es una película tierna y agradable a la que le falta, probablemente, una resolución más reposada y menos precipitada, así como algo más de profundidad. El propio director admite que evitó "tocar los aspectos más oscuros de la humanidad como el resentimiento o los celos", pero sí sabe explotar muy bien otros aspectos como la dedicación y la entrega a los demás como vía de perfeccionamiento y la defensa de la tradición como perpetuación del amor hacia los demás tomando el testigo de una empresa familiar.

En este sentido, la película es muy "recogida", dado que las aspiraciones de la pequeña Okko rápidamente se centran en algo tan concreto que solo cabe la mejoría constante. En un mundo tan cambiante y regido por el entorno virtual, es casi un remanso de paz ver una historia tan directa y sencilla pero a la vez tan funcional y tan clara que se desarrolla en un medio natural y sanador como un balneario.

Respecto a la animación, quienes esperen una obra magna pueden verse algo frustrados dado que es una cinta más bien modesta, muy colorista y eficiente, pero sin abordar ningún reto técnico que la haga especialmente memorable (sin ir más lejos, los fondos hiperrealistas de Quiero comerme tu páncreas nos dejaron tan locos como las capas que desarrollaba el guión de Una voz silenciosa o el preciosismo de la fotografía de Your Name). De hecho se le podría haber sacado mucho más partido a la mayoría de los personajes dándole algo más de profundidad psicológica. El lado tierno te lo despiertan de inmediato, pero también te dejan con ganas de saber más y de profundizar en sus historias.

En suma, Okko, el hostal y sus fantasmas se merece un visionado de sobra y ofrece un entretenimiento muy digno y agradable del que se pueden extraer valores muy positivos como el de la superación personal mediante la entrega a los demás y la búsqueda de la excelencia.

Valoración

Okko, el hostal y sus fantasmas es una agradable y simpática película de animación que deja buen sabor de boca, aunque también cierta sensación de que podría haber profundizado más en su premisa principal.

Hobby

75

Bueno

Lo mejor

Tiene momentos muy emocionantes en los que es fácil empatizar con su protagonista y con sus ganas de salir adelante pese a todo.

Lo peor

Hay aspectos muy banales que lastran la historia: la oda al consumismo y la competición con una niña de una posada adyacente no aportan nada.