Crítica de El origen del mal, una película francesa sobre una familia en la que nadie es quien dice ser

Crítica de El origen del mal, el tercer largometraje de Sébastien Marnier, protagonizado por Laure Calamy, Jacques Weber, Dominique Blanc, Doria Tillier y Véronique Ruggia.

Las mejores historias surgen en el seno de una familia, y si esa familia es como la que protagoniza El origen del mal de Sébastien Marnier, el espectáculo está más que servido.

Stéphane (Laure Calamy) es una mujer que tiene una novia presidiaria, problemas de alquiler y un padre ausente al que un día decide contactar por primera vez. Los primeros compases de la cinta son de auténtico cine francés, con una historia intimista de pocos diálogos y planos largos con fundidos encadenados.

El reencuentro entre padre e hija, después de toda una vida separados, es cálido, tan cálido que Serge (Jacques Weber) decide llevar a su primogénita perdida a casa. “Casa” es un eufemismo, porque el hombre tiene una inmensa mansión, de varios pisos, y jardines, con hasta un yate privado para acceder a ella.

La casa no solo es excesiva en tamaño, también en desorden, con una nutrida colección de taxidermia y cajas sin abrir, como reflejo del extravagante grupo de personas que la habitan:

La esposa de Serge con silogomanía (Dominique Blanc), su hija líder de un negocio (Doria Tillier), su nieta apasionada de la fotografía (Céleste Brunnquell), y una empleada del hogar que siempre elige el bando de la esposa (Véronique Ruggia).

Podría parecer que la vida de Stéphane está a punto de solucionarse, pero a medida que nos acercamos con ella a la mansión, nos comenzamos a dar cuenta de que las cosas van a empezar a complicarse, aunque todavía no sabemos de qué manera.

Por lo pronto, ninguna de las mujeres que convive con Serge se alegra por él. El hombre, que ha sufrido varios ictus, es constantemente atacado por su familia, y la única que parece tener un poco de empatía es su hija recién aparecida, pero ella también es víctima de sus feroces ataques.

L'origine du mal nos enseña el lado más perverso de una familia

La costumbrista película francesa que prometía ser en un principio El origen del mal empieza a coger forma a medida que avanzan sus 125 minutos de metraje. Siempre hay algo que desconcierta, algún comentario fuera de lugar que no se acaba de entender, o por el contrario algún comentario ausente. 

Te preguntas qué está pasando, y entonces la cinta alcanza su primera mitad con un plot twist que explica muchas de esas actitudes al tiempo que empieza a sembrar la duda sobre otras. Antes tenías claros los roles de cada personaje, sabías de qué lado posicionarte. Ahora ya no, porque todos esconden secretos y no eres capaz de discernir quién está mintiendo.

Una profundidad que se consigue transmitir gracias a las excelentes interpretaciones de su elenco protagonista, encabezado por: Laure Calamy, Jacques Weber, Dominique Blanc, Doria Tillier y Véronique Ruggia.

Y por el uso de un recurso cinematográfico no demasiado común y que nunca pasa desapercibido: la división de la pantalla en varios planos que nos muestran acciones simultáneas. Sébastien Marnier lo utiliza en pocas ocasiones, para solucionar algunas conversaciones y sustituyendo un montaje paralelo.

Esto podría parecer tanto alarde del director como vaguería, ¿pero entonces por qué elige esas secuencias específicas para utilizarlo? Acompañando al avance de los acontecimientos, este montaje sirve para reflejar y señalar la posición de sus personajes, para que veamos quiénes comparten un mismo espacio en el plano visual y emocional en ciertos momentos. 

Si la primera parte de El origen del mal era sutilmente inquietante, su segunda mitad desborda tensión, y está plagada de situaciones tan excéntricas que desembocan en lo hilarante, pero es mejor no profundizar en ninguno de sus giros de guion para no chafar la sorpresa. Sólo resta decir que la fortuna de un hombre es capaz de unir o dividir a su familia de una forma tan realista como dramática.

Tras su paso por el Festival de Cine de Venecia, donde casi se alza con el León Queer y el Premio del Público, El origen del mal de Sébastien Marnier se estrena en los cines españoles el próximo viernes 7 de julio.

Valoración

Nota 82

El origen del mal no es una película sobre un reencuentro entre una hija y su padre, es un intrigante drama familiar lleno de secretos, que se va intensificando a medida que avanza el metraje.

Lo mejor

Las dinámicas de sus personajes, que te hacen dudar de todos ellos.

Lo peor

El principio es un poco lento y puede confundir.

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