La peste 2
Análisis

Crítica de La peste temporada 2: la mano de la Garduña

Por Raquel Hernández Luján

¡Volvemos a la Sevilla del siglo XVI! Crítica de La peste temporada 2: la mano de la garduña, la serie de Alberto Rodríguez y David Ulloa para la plataforma Movistar + como una de sus series originales.

La segunda temporada de La peste está disponible en Movistar + desde hoy mismo y ya hemos visto los seis episodios que la componen para poder ofreceros una valoración de una de las series más prestigiosas y populares de cuantas componen el catálogo de originales de la plataforma. Alberto Rodríguez en esta ocasión solo ha dirigido un episodio, el primero titulado "El nuevo mundo" dándole más cancha a David Ulloa.

Después de los acontecimientos que nos narraron en la primera, Sevilla vive un nuevo renacer, ahora que ha superado la peste pero eso no implica que la ciudad se desenvuelva en una balsa de aceite. 

Disfruta del mes de prueba de Amazon Prime Video

Mateo está al borde de la muerte en Tierra de Fuego, muerto de hambre y frío hasta ser rescatado por una tribu local que le permite salir adelante. Teresa le escribirá una desesperada carta pidiéndole ayuda: Valerio está liberando prostitutas ilegales que trabajan sometidas para la Garduña (la mafia de la ciudad) y han intentado matarlo.

Cuando Mateo decide volver a Sevilla, Baeza, un joven trabajador de la mancebía amigo de Valerio, acepta, por imposición de la Garduña, el encargo de asesinarlo. 

A todo esto, hay que añadir la aparición de una nueva figura política en escena: Pontecorvo. En la temporada 2 de La peste e presenta en Sevilla de forma clandestina para conocer su realidad antes de ser nombrado asistente de la ciudad y capitán general de Andalucía, en pago por su participación en el aplastamiento del Levantamiento de Aragón. Su finalidad será la de limpiar las calles y hacer lo mejor por la prosperidad de Sevilla aunque nunca pierde de vista la corte y su deseo más ambicioso: codearse con el rey.

Si la primera temporada de La peste era un policiaco con unas coordenadas temporales peculiares, la segunda tiene también elementos que nos remiten a otros géneros: el misterio sigue siendo fundamental para guiar los pasos de los personajes, pero esta vez se desecha el elemento sobrenatural que sobrevolaba la trama anterior para darle a ésta un impacto aún mayor y encontramos otros aspectos que nos remiten a las sociedades secretas asimilables a la masonería.

Se trata, obviamente, del elemento que acompaña al título: la Garduña, una sociedad cuya existencia misma ha sido cuestionada por los historiadores dada la falta de documentación que podría probar su existencia, pero que sirve como elemento de inspiración para condensar en ella una comunidad criminal de largos tentáculos que consigue permear hasta lo más alto de las cúpulas del poder.

"Nunca creas que son más que tú. Ni que nadie"

Otro de los elementos que se desarrollan más y mejor en esta nueva tanda de episodios es la enorme desigualdad que impera en una sociedad que, siendo cada vez más rica gracias al comercio con las Indias (y la erradicación de la enfernedad que la arrasó), cuenta sin embargo con individuos que viven peor que esclavos, generalmente, mujeres obligadas a ejercer la prostitución y de la peor manera posible. En gran parte el foco se pone sobre ellas desde el primer episodio y su aspiración de embarcarse de camino a las colonias se termina convirtiendo en el símbolo mismo de la libertad.

La simbología, de nuevo, vuelve a ser muy importante. Tanto si comulgamos con la idea de que existiera o no la Garduña en realidad, lo cierto es que de haber operado lo habría hecho en el mayor de los secretos, escondiendo siempre a sus máximos representantes, pero instigándolos a trabajar en su favor, marcando a sus integrantes y poniendo a prueba su fidelidad. Es decir, justo lo que muestra la serie.

Sobre la fotografía y la dirección artística de La peste podríamos escribir un tratado: de nuevo son numerosos los planos en lúgubres interiores iluminados por velas o irradiados por haces de luz que provienen de vanos, pero también tenemos en esta ocasión exteriores más abundantes e incluso cielos azules y cuadros más brillantes. 

Por supuesto, la paleta de colores oscila de forma notoria en función del estatus social de los personajes: los vibrantes colores están restringidos a las élites, a las que vemos en esta ocasión más a menudo gozando de sus privilegios tanto en la intimidad como en pomposas fiestas mientras que los tonos ocres y desvaídos son para el pueblo llano.

Los tejidos, los objetos, los muebles e incluso los ornamentos de artesonados o iglesias son objeto de recreación por parte de la cámara en no pocas ocasiones dado que brindan información muy relevante acerca de los personajes. Respecto a la "lucha de clases" si quiere verse así hay dos personajes que la desafían de formas totalmente distintas: María de la O tratando de ascender y Teresa Pinelo haciendo justo lo contrario, es decir, hermanándose con aquellas mujeres que menos tienen e incluso deshaciéndose de sus pertenencias para poder ayudarlas.

Ambos personajes, el de Estefanía de los Santos y el de Patricia López Arnaiz sobre todo son dos auténticas maravillas mientras que Mateo, Valerio y Eugenia siguen siendo defendidos de forma muy solvente por Pablo Molinero, Sergio Castellanos y Cecilia Gómez respectivamente. La sorpresa la da Jesús Carroza con Baeza, que tiene un gran protagonismo en esta ocasión además de una gran evolución. A ellos se unen verdaderos actorazos entre los que destacan Luis Callejo, Julián Villagrán, Claudia Salas, Fede Aguado o Manuel Morón, completando un dream team interpretativo difícil de superar.

En su segunda temporada, La peste solventa una de las críticas más habituales que tuvo en la primera: el ritmo. La serie incorpora más acción y a partir del tercer episodio mete el acelerador para imprimirle más ritmo a la trama, aunque cae en algunos pasajes redundantes y en otros muy desagradables que se antojan algo gratuitos, reincidiendo en la sordidez de la primera y elevando el listón incluso. Vamos, que una de sus virtudes no es la insinuación, al punto de que en un momento dado vemos cómo le cortan a un hombre una oreja y le sacan un ojo de la cuenca, tal cual.

Los delicados de estómago, es mejor que se abstengan de viajar a esta Sevilla tan brutal y salvaje. Los valientes que superen el trago y se repongan a él van a poder disfrutar como niños con otros aspectos, como esos encuadres tan pictóricos que a veces nos hacen sentirnos como si estuviéramos en una galería de arte y la cuidadísima puesta en escena. Aunque en conjunto sea algo más débil que su predecesora, La peste es, de nuevo, un hito entre las series españolas por su factura cinematográfica y su elevadísima calidad. El visionado no es fácil, pero está bien cerrada y merece la pena el esfuerzo.

Valoración

La segunda temporada de La peste va de menos a más: le cuesta encontrar el ritmo, pero queda bien cerrada. Eso sí, se lo hace pasar al espectador francamente mal antes de llegar al desenlace.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

El trabajo de fotografía de Andreu Adam Rubiraita y la dirección artística de Pepe Domínguez del Olmo son espectaculares.

Lo peor

Es todavía más desagradable y sórdida que la primera temporada. También algo redundante en algunos pasajes y decididamente no es nada fácil.

Y además