Crítica de Presence, una peculiar reinterpretación del cine de fantasmas por parte de Soderbergh

Diamond Films

Crítica de Presence, la propuesta sobrenatural de Steven Soderbergh rodada desde la perspectiva de un fantasma con Lucy Liu, Chris Silluvan, Callina Liang y West Mulholland. Estreno en cines el 7 de febrero.

Cuando crees que lo has visto ya todo, hay películas que consiguen sorprenderte en el plano formal. Lo hizo Zemeckis con Here y lo hace ahora Soderbergh con Presence. Ambas películas comparten una aproximación estética diferente a géneros que, al menos aparentemente, están muy trillados y un montaje que las hace especiales e ingeniosas.

Que la premisa principal de la película no le haga pensar a algún rezagado que estamos ante una película de terror, porque no es el caso, es más bien una thriller psicológico con elementos paranormales y toques de drama que nos hace entrar en el tono de la narración muy pronto gracias a una preciosa y evocadora banda sonora que bien podría haber pertenecido a algún clásico de Hitchcock.

Es obra de Zack Ryan, que se ha encargado en los últimos tiempos de un trabajo tan distinto como el revival de Los Fraguel, una de las series infantiles más celebradas y disfrutonas. Y es una de las cartas de presentación de la cinta en la medida en que nos introduce en el misterio. Si no sería muy fácil virar hacia el horror.

El guión de Presence corre a cargo de David Koepp, archiconocido por su trabajo en la saga Parque Jurásico e Indiana Jones, nos lleva a conocer a una familia bien posicionada que se acomoda en una nueva residencia.

En ella, no obstante, no van a estar solos, dado que una presencia mora allí y parece observarlos en todo momento. Rebekah y Chris, los padres de Tyler y Chloe, no perciben nada extraño. De hecho, solo su hija parece tener la capacidad de "presentir" a la entidad que les ronda.

La razón es que Chloe ha perdido recientemente a una amiga, que ha fallecido en circunstancias violentas, lo que parece despertar en ella un sexto sentido. Al principio opta por el silencio pero a medida que se intensifica la actividad del espíritu, la familia decide pedir ayuda a una médium que constata su presencia y trata de avisarles de una amenaza inminente.

Hay muchos aspectos interesantes en Presence. Lo que más salta a la vista (y al oído) es la forma en la que Soderbergh mueve la cámara recorriendo los espacios y la exquisita música que acompaña a dichos movimientos.

En principio se entiende que ha debido ser una producción poco onerosa al desarrollarse de forma casi íntegra en una única localización y con apenas un puñado de actores. Pero es lo que tienen las buenas idea, no precisan de nada más.

Como además, como espectadores, adoptamos en todo momento su punto de vista, es muy importante que seamos testigos de los hechos más relevantes, si bien partimos del mismo desconocimiento: el ente desconoce su identidad y su propósito, no tiene el don de la ubicuidad y está, por así decirlo, "atrapado en el tiempo" en un plano que va más allá de lo comprensible.

Este aspecto de la película es una de las grandes bazas que juega la historia para llegar a la resolución y es probable que no satisfaga a todo el mundo por igual. Generará debate y controversia entre los seguidores y detractores de la idea, que tiene un puntito de tramposilla.

Otra de las grandes curiosidades de la película es la de la forma en la que adopta el reto de hacernos sentir como un ente etéreo jugando con las ópticas y los efectos especiales, flotando por las estancias, percibiendo la realidad de una manera peculiar y dejando constancia de lo que siente cuando consigue interceder con objetos reales para desatar su furia o su preocupación.

Las tres claves para que Presence funcione como un reloj suizo son la dosificación de la información, las interpretaciones y la definición del espacio. La casa en la que se desarrollan los acontecimientos, y de la que apenas llegamos a salir, nos la conocemos al dedillo gracias a los recorridos de nuestro fantasma y así nos llevan a anticipar el peligro y crear suspense.

En suma, estamos ante una película de ajustada duración, apenas 85 minutos de metraje, pero que sabe bien mantener la expectación y desarrollar de forma progresiva sus ideas. Más allá de la resolución de quién y por qué es nuestro ente, hay una historia que toca el corazón de amor y apoyo intrafamiliar que resulta emotiva de verdad. Muy recomendable.

Valoración

Nota 82

Con una factura técnica soberbia y un diseño de sonido espectacular es imposible no entrar de lleno en una historia que se va revelando ante nuestros ojos por medio de puro lenguaje cinematográfico. Un desafío tan asfixiante como ingenioso.

Lo mejor

El trabajo de cámara es fantástico y la idea de narrarlo todo desde la perspectiva de un personaje externo original y efectiva.

Lo peor

Hasta que te acostumbras a "flotar" por la casa, marea un poco. Habrá quien encuentre el desenlace tramposo, aunque se autojustifica en el desarrollo.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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