The Prodigy
Análisis

Crítica de The Prodigy, la nueva película de terror

Por Raquel Hernández Luján

Nicholas McCarthy nos presenta una película de terror de esas de "niño que da mal rollo" con The Prodigy. Está protagonizada por Taylor Schilling, Brittany Allen, Jackson Robert Scott y Colm Feore y llega a los cines el 8 de febrero de 2019.

Digna heredera de películas de posesiones como El muñeco diabólico y de niños terroríficos como los que nos presentaron en La profecía o La huérfana, The Prodigy es una película de miedo que se mueve en dos planos distintos: coquetea con el cine de terror de serie B, sembrando pequeñas dosis de humor negro con los que arremete contra el sistema educativo basado en la corrección política y, de vez en cuando, se desmelena para dar algún brochazo realmente inquietante en el plano psicológico e incluso apelando a la visceralidad del gore.

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En The Prodigy, Sarah da a luz a un bebé heterocromo (es decir, que tiene cada ojo de un color diferente) el mismo día en el que un asesino en serie es abatido a tiros. Pronto el niño demuestra tener un desarrollo precoz, consiguiendo hablar antes de su primer año de vida y manifestando una inteligencia superior al resto de los niños de su edad. Miles es muy especial y sus padres le procuran una educación acorde a sus necesidades con la idea de que pueda desarrollar todo su potencial.

Sin embargo, las cosas se tuercen cuando llega a los ocho años y su comportamiento empieza a ser perturbador. Las evaluaciones psicológicas no parecen arrojar luz sobre su estado, pero su madre sospecha que necesita otro tipo de ayuda cuando Miles da muestras de un sadismo y una crueldad que no se corresponden con su personalidad.

Aquellos que hemos crecido amando los géneros del fantástico y el terror y cultivándolo en festivales como el de Sitges, podemos decir sin lugar a dudas que esta película es carne de este tipo de escenarios, de modo tal que la incomprensión del gran público está casi asegurada: solo le van a encontrar la poesía sus más asiduos y fieles seguidores.

Y es que el trabajo de Nicholas McCarthy está plagado de referencias y guiños a grandes piezas del género. Por ello, el trabajo del guionista Jeff Buhler, que también se ha hecho cargo de la serie Nightflyers y de la nueva versión de Cementerio de animales, es en cierta forma una carta de amor a su cine de referencia, lo que hace que sea una película, como poco, recomendable de por sí. En un plano negativo, significa que se visitan los clichés posibles: el escenario de Halloween, la desgraciada mascota de turno, las decisiones paternales ilógicas, la imposición de la oscuridad como premisa para dar miedo... Con lo que supone para un espectador que puede anticiparse con facilidad a lo que va a pasar al instante siguiente.

También es tremendamente irregular: sin quererlo, a veces te saca la típica risa de "venga, anda ya" y con su torpe puesta en escena se carga algunos momentos que podrían resultar mucho mas aterradores. Y no son, precisamente aquellos en los que hay más sangre en el plano, sino más bien los que corresponden al duelo madre-hijo en el que la gran duda es quién está realmente a los mandos de la mente del pequeño. De esta forma, la manita que acaricia la de su progenitora de repente deja de ser inocente y amorosa para parecer amenazante y hasta lasciva.

The Prodigy

El pecado de The Prodigy es el de no arriesgarse lo suficiente. Ni apuesta decididamente por dejar al espectador el cuerpo cortado (tendríamos que tener un crescendo en momentos como el anteriormente relatado, que llevaran a un desenlace mucho más tenso) ni se toma a sí misma a guasa tanto como para permitirle arrojarse a los brazos de la parodia de género, que también podría haber funcionado muy bien. En su lugar, opta por un final abierto que desprende aroma a inicio de franquicia y arrebata la genialidad a una propuesta que podría haber apuntado mucho más alto.

Respecto a las interpretaciones, la protagonista de Orange Is the New Black Taylor Schilling realiza un buen trabajo en algunos momentos pero en otros parece, literalmente, que va a echarse a reír. Mucho más sólida es la interpretación del pequeño Jackson Robert Scott, al que reconoceréis por su papel de Georgie en el remake de It y que, por cierto, de seguir así va a conseguir hacerse un hueco en el género (en televisión está siguiendo el mismo camino participando en series como Fear The Walking Dead y Locke & Key). 

The Prodigy

A pesar de todas sus inconsistencias, que son unas cuantas, The Prodigy tiene ideas cinematográficas, que ya es más de lo que ofrecen la mayoría de las producciones de terror que llegan a carteleras cada año. Puede que solo sean destellos de maestría repartidos a lo largo del metraje, pero hay un par de genuinos momentos que hielan la sangre. Queda patente también que el montaje del desenlace de la cinta ha sido objeto de debate y posterior reempalme. Se nota que el final iba a ser otro y que se ha forzado una conclusión distinta, a buen seguro, "suavizada". Nos queda la duda de qué era lo que en verdad nos querían haber contado: cuando Miles se pone "bestia" no solo deja boquiabierto a su terapeuta sino que deja a la audiencia ojiplática, ¿para cuándo más?

Valoración

Heredera del terror noventero de manual, The Prodigy cuenta con secuencias de alta tensión, propina un par de buenos sustos y desprende aroma a inicio de franquicia.

Hobby

68

Aceptable

Lo mejor

Todo lo que atañe a la dualidad de la personalidad del niño: Jackson Robert Scott consigue dar muy mal rollo y los efectos especiales ayudan.

Lo peor

Taylor Schilling parece que está a punto de echarse a reír en algunas secuencias. La película es bastante clásica en su planteamiento y queda abierta.