Crítica de Una quinta portuguesa: el reto de encontrarse a uno mismo adoptando otra identidad

Crítica de Una quinta portuguesa, la nueva película escrita y dirigida por Avelina Prat con Manolo Solo, María de Medeiros y Branka Katic como protagonistas. Estreno el 9 de mayo de 2025.
Llega a los cines Una quinta portuguesa, coproducción hispano-portuguesa nominada a la Biznaga de Oro en Málaga que supone su segundo largo de ficción tras el estreno de Vasil en 2022. Se trata de una película cocinada a fuego lento que se apoya en dos grandes bazas ganadoras: una premisa inicial intrigante y muy buenas interpretaciones.
El trasfondo resulta de lo más asequible para cualquiera: los personajes se buscan a sí mismos y su lugar en el mundo, pero no lo hacen desde sus propias experiencias, sino adoptando la identidad de otros y abrazando el cambio. Aunque a veces el germen provenga de una sacudida inesperada.
El punto de giro respecto a otras historias similares es que no media la avaricia ni la maldad: los personajes no son villanos sino simples mortales en busca de respuestas que siguen un camino titubeante.
El sentido de la vida
Un buen día Milena hace una maleta y decide desaparecer. Es una mujer sobre la que sabemos muy poco: deja así atrás a su esposo Fernando, con el que llevaba años casada, y su hogar, sin dejar tras de sí ninguna nota ni aclaración.
Él se queda devastado y, tras acudir a la. policía y constatar que su desaparición ha sido voluntaria, decide dejar las cosas como están y no tratar de perseguirla, a pesar de tener serias dudas sobre la vida que puede estar llevando o los peligros a los que ha decidido exponerse.
Sin embargo, tampoco encuentra paz ni consigue concentrarse en su labor como profesor de geografía y emprende un viaje a Portugal en el que conoce de forma fortuita a un compatriota nacido allí que cruza a menudo la frontera.
Él le habla de una preciosa y tranquila quinta portuguesa a la que va a ir a trabajar como jardinero,, en busca de la paz que procura el contacto con la naturaleza y el plácido ritmo de vida de la zona. Una tragedia repentina deja vacante el puesto y Fernando no se lo piensa dos veces: decide presentarse allí para ocupar el cargo y establece pronto lazos duraderos con la dueña.
Una película tan peculiar como ésta, con estos mimbres, nunca podría sostenerse sin un reparto entregado. La terna protagonista de Una quinta portuguesa, compuesta por Manolo Solo (30 monedas), María de Medeiros (Pollo con ciruelas) y Branka Katic (The King's Man: primera misión), goza de esa atípica aura de bondad de tanto escasea.
Interpretan a personajes imperfectos, marcados por un pasado que necesitan dejar atrás y desde luego no siempre toman las mejores decisiones, pero es fácil identificarse con ellos, comprender su punto de vista y acompañarlos en su viaje de autodescubrimiento.
Y en todo ello media el espacio, el lugar que deciden ocupar y el rol que asumen, como aquello que los define: estamos ante personas desarraigadas que echan raíces en un lugar que, en principio, no es el que les correspondería, si es que se puede asegurar que de hecho algo nos corresponda.

Una quinta portuguesa es además muy consciente de los contrastes: la ciudad y el campo, la repetitiva función de un profesor frente a la libertad de trabajar al aire libre, los automatismos versus las decisiones conscientes...
Por eso el mensaje de la película es tan universal. Al final lo que define quiénes somos es un cúmulo de circunstancias que se nos escapa de las manos, pero sobre el que podemos hacer palanca para congraciarnos con el universo.
Ojo a los espectadores impacientes porque esta película no es para ellos: está articulada en torno a acciones y no a diálogos. Descubrimos quiénes y cómo son los personajes a través de lo que les pasa y cómo reaccionan ante ello y el devenir de los acontecimientos es de lo más pausado. Habrá a quien le llegue a parecer estático en ocasiones, tendiendo hacia el sopor.
Sin embargo, no se nos puede escapar que, probablemente, es el ritmo que la película necesita. Al fin y al cabo es una apuesta humanista que requiere de cierto naturalismo narrativo. No precisa ni de volantazos ni de demasiados aspavientos para hacerle llegar las ideas al público, sino la serenidad reposada y contemplativa que llena los ojos y apacigua el espíritu.
Valoración
Nota 67
Una quinta portuguesa es un drama psicológico solvente y pausado que desarrolla una historia sencilla pero muy bonita sobre encontrar el lugar de uno en el mundo a través de la suplantación de identidad. Es una película hermosa y humanista que refleja una bondad pocas veces vista en el cine.
Lo mejor
Su paradógica premisa y las comprometidas interpretaciones son su punto fuerte. Se apoya poco en diálogos y mucho en acciones concretas.
Lo peor
Si te gustan las películas con ritmo, Una quinta portuguesa no es para ti: por momentos tiene el mismo efecto que un somnífero.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
