Crítica de Los Rose: el amor-odio entre Olivia Colman y Benedict Cumberbatch desborda

Crítica de Los Rose, remake de La guerra de los Rose, la película dirigida por Danny DeVito en 1998 con Olivia Colman y Benedict Cumberbatch como protagonistas. Estreno el 29 de agosto.

Se quieren pero se odian. Se odian pero se quieren. Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, reza la copla y es aplicable a los protagonistas de Los Rose, una suerte de remake o reinterpretación de La guerra de los Rose, aunque con grandes alteraciones en la historia. Como trasfondo, de nuevo, los personajes creados por Warren Adler en 1981.

La producción ha reunido a dos actores colosales para interpretar los papeles protagonistas: Olivia Colman y Benedict Cumberbatch que se entregan a un libreto en el que los diálogos son pura dinamita. Es en los lances dialécticos donde la película es más fuerte gracias, en buena medida, a la articulación y la expresividad de dos artistas de semejante calibre.

Esto hace que los bandazos que da la pareja en la ficción se traduzcan en una respuesta en la audiencia: emocionan, despiertan sentimientos de antipatía y repulsión cuando caen en los puntos más bajos y compasión y ternura cuando despliegan su faceta más humano. Al final Los Rose propone un pulso en el que ambos pierden, pero el espectador gana.

Le dijo la sartén al cazo...

Los Rose son un matrimonio en crisis que está en pleno proceso de recibir terapia a fin de arreglar sus diferencias. Los dos tienen un concepto increíblemente horroroso del otro, lo que hace que su consultora se llegue a plantear ese desprecio mutuo como irremediable causa de ruptura.

Pero, ¿cómo empezó todo? Ivy y Theo recuerdan cómo se conocieron y lo rápida y sencilla que fue su relación al principio cuando eran ambiciosos pero también algo imprudentes. Ella apoyaba el sueño de él de convertirse en un gran arquitecto y él el de ella de ser chef, cocinar con esmero y servir sus platos a multitudes.

Sus carreras prosperaron de forma desacompasada, no obstante. Ante el ascenso de Theo, Ivy reaccionó quedándose en casa para cuidar al hogar y a sus dos hijos. Pero cuando un revés del destino forzó que tuviera que asumir un rol más activo y que los papeles se invirtieran, las grietas en un matrimonio que parecía perfecto comenzaron a aflorar en forma de guerra de egos.

A medida que se fue agriando el ambiente y la tensión entre ellos fue aumentando, sus posesiones se tornaron en un arma arrojadiza que no deseaban poseer por exceso ambición o por egoísmo sino simplemente para herir al otro. La casa familiar se termina convirtiendo en el epítome de sus desavenencias y también en el campo de batalla en el que librarán la última de sus discusiones.

Los Rose gana enteros cuando se centra en el desajuste de esta pareja de verbosos cónyuges británicos, nada interesados en insultos fáciles o en escarnios sencillos.

Lo suyo son las lenguas afiladas y las jugarretas de aúpa maceradas en mucha complicidad por su origen que hace que se sientan cómodos en su acritud por considerarla muy suya. Las espinas de las rosas, vamos. Un tira y afloja que roza la comedia negra sin alcanzar a hacer reír pero que también deja entrever que se importan el uno al otro lo suficiente como para odiarse con ganas.

La hiel viene de los afectos descuidados, las autoestimas zaheridas y las soledades compartidas porque llega un momento en el que son perfectos desconocidos que añoran quienes fueron pero no pueden evitar haber llegado a un punto de no retorno. O si. Porque del amor al odio hay un paso. Y viceversa.

El salto a llevarlo todo a lo físico se relega para el mismísimo final tomando como excusa la naturalización de la violencia en Estados Unidos (donde descubren, por ejemplo, los campos de tiro como forma de ocio gracias a sus amigos yanquis) y choca un poco por su salvajismo, en contraposición al tono del resto de la película.

Gran trabajo de dirección de actores por parte de Jay Roach (El escándalo) que no tiene tanta fortuna con los secundarios, quedando estos últimos en una posición más incómoda, especialmente Andy Samberg y Kate McKinnon, que no consiguen dar rienda suelta a su vis cómica, por más que lo intenten. Lujazo tener a Allison Janney en un rol que le va como anillo al dedo.

Veredicto: merece mucho la pena el visionado aunque solo sea como ejercicio de contraste si conoces la novela y/o has visto la película de DeVito. Y si no es así, disfrutarás de dos papeles memorables de la pareja protagonista. Ni tan mal.

Valoración

Nota 75

Hay amores que matan. Por fortuna, Olivia Colman y Benedict Cumberbatch muestran una química envidiable en la salud y la enfermedad en una película que explora el amor y el desamor como pocas.

Lo mejor

Los lances dialécticos entre Cumberbatch y Colman, dos actores de verdadero lujo que reunidos son un festival.

Lo peor

Hay secundarios que deberían ser alivios cómicos y no hacen más que entorpecer la narración. 

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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