Crítica de El vengador tóxico, un remake sin calidad ni gracia con Peter Dinklage como protagonista

Crítica del remake de El vengador tóxico (Toxic Avenger), dirigida por Macon Blair y protagonizada por Peter Dinklage, Jacob Tremblay y Kevin Bacon. Estreno el 26 de septiembre.
Después de ser abucheada en Sitges (y este dato no es baladí, porque se ve muuuucho cine en el festival y hay que ganarse a pulso la decepción de un público tan fiel) y dormir dos años en un cajón, el remake de El vengador tóxico se estrena por fin este viernes en salas comerciales.
De por sí y teniendo en cuenta el material de base, tampoco es que se le pidiera a esta producción un nivel altísimo, pero sí que es cierto que las expectativas aumentaron a raíz del anuncio del reparto con Peter Dinklage (Juego de tronos) en el papel principal, Jacob Tremblay (Wonder) en el rol de su hijo, Kevin Bacon como el villano Bob Garbinger y Elijah Wood (The Monkey) como su mano derecha.
Decir que El vengador tóxico no es buena, es quedarse muy corto. El vengador tóxico carece de atractivo alguno. No aporta nada nuevo mas allá de un sosainas drama familiar que no casa en absoluto ni con el personaje de Troma ni en general con el tono de la película, que debería estar destinada a satisfacer al público más salvaje con ingentes dosis de humor políticamente incorrecto.
Por el contrario, no adopta ni un solo riesgo narrativo, ni le saca jugo al elenco, que es una de sus pocas bondades. El director y guionista es el también actor Macon Blair que con ésta firma su segunda peli de largometraje. Y el resultado es paupérrimo, una verdadera pérdida de tiempo que hará a los espectadores pasar del sopor a la estupefacción por la adaptación tan deficiente del personaje.
Un padre en apuros
Esta nueva versión de El vengador tóxico nos presenta a Winston, un padre viudo y bastante pusilánime que es diagnosticado de una enfermedad cerebral terminal. Para su desgracia, su cuenta bancaria está en números negativos y no tiene un seguro de salud que le respalde para someterse a un tratamiento.
Sabiendo que el dueño de la empresa en la que trabaja como conserje nada en la abundancia, se decide a colarse en una de sus fiestas para hablar con él y apelar a su humanidad para que le ayude, puesto que ha sido un leal empleado durante años.
Bob Garbinger, por su parte, es el clásico hedonista enamorado de sí mismo y obsesionado con crear un suero para incrementar las virtudes del cuerpo humano, aunque sea a costa de crear vertidos tóxicos capaces de destrozar vidas.
Cuando Winston entra en contacto accidentalmente con una de esas sustancias su cuerpo se deforma, pero adquiere la capacidad de regenerarse y con su fregona radiactiva no duda en desafiar a las corruptas élites de la ciudad que solo piensan en forrarse a costa de sus tejemanejes y le han dado largas.
Garbinger, rabia al ser desafiado por Toxie, que deja de ser un paria para convertirse en el salvador del pueblo de moda. Así, insta a sus científicos a rehacer la sustancia que ha transformado a Winston para conseguir sus mismos poderes. Lo que acaba, claro está, en desgracia.

No queda nada del espíritu original de la historia: es asombrosamente plana de principio a fin, aburridísima en muchos tramos y en otros vacía: haciendo gala de unos efectos especiales tan malos (malos en plan mal, no en plan serie B) que no son ni graciosos.
Es extradecepcionante la dependencia de un CGI sin carácter que solo puede arrastrar a la audiencia más cañera, la que busca salpicones de sangre y algo de guarrería artesanal, a un chasco tremendo. Es, de largo, la peor película de lo que va de año, de ahí que no sean de extrañar los abandonos de la sala y la tambaleante taquilla en Estados Unidos.
Los personajes no enganchan, los diálogos son infantiloides, los chascarrillos no funcionan y no hay por dónde agarrar la película que, a pesar de durar poco más de 100 minutos, se hace larguísima.
Entras a la sala de cine con ganas de fiesta, despiporre y entretenimiento canalla y sales al borde de la depresión, con la sensación de que te han tomado el pelo y con poco que reseñar. Más que un remake, El vengador tóxico es una desgracia audiovisual de ínfima calidad y nula gracia.
Valoración
Nota 25
Un remake que no aporta nada más que sopor a un argumento al que no sabe sacarle partido por el terreno del humor ni el terror. Más que prescindible, nada recomendable.
Lo mejor
Poco, a decir verdad: algún momento psicotrópico puntual.
Lo peor
El grueso de la película: es cutre, aburrida y dramática de más. no sabe dirigirse a su público objetivo y es un destropósito.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
