Vida perfecta
Análisis

Crítica de Vida perfecta, la serie de Movistar premiada en Cannes

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de la serie original de Movistar + Vida perfecta, escrita, dirigida y protagonizada por Leticia Dolera. Se estrena el 18 de octubre de 2019 en la plataforma.

Mucho se ha hablado de las polémicas que han rodeado a la serie Vida perfecta y bastante menos del resultado final en sí. En Cannes gustó mucho y se alzó el con el premio a la mejor serie y a la mejor interpretación para sus tres protagonistas femeninas: Aixa Villagrán, Celia Freijeiro y la propia Leticia Dolera.

En el marco de la 67 edición del Festival de Cine de San Sebastián (SSIFF) también han podido verse los ocho episodios de unos 25 minutos de media que componen la primera temporada y la acogida ha sido igualmente cálida.

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Cuando una serie tiene un titulo como éste y a sus protagonistas cabeza abajo en el cartel, es porque, evidentemente, le va a dar al espectador justo lo contrario de lo que proponen las letras. Tenemos a tres mujeres que, habiendo alcanzado cierta madurez, no consiguen encarrilar sus vidas de manera satisfactoria. 

Ellas son María y Esther, dos hermanas muy distintas entre sí y su amiga Cristina, una abogada bien asentada, casada y madre de dos hijas que descubre que la monotonía está arruinando su matrimonio.

María, que se presenta como una mujer calculadora, cuadriculada y muy previsora, rompe con su pareja el día en el que van a formalizar la hipoteca y rompen su compromiso de matrimonio. Esther lucha con otros fantasmas internos: no consigue ganarse su independencia vendiendo sus creaciones artísticas y es reacia al compromiso y las ataduras, lo que la condena a vivir una especie de eterna juventud de la que empieza a cansarse.

Todo estallará a raíz de un encuentro sexual fortuito de una achispada María que la llevará a quedarse embarazada y a tener que lidiar con un millón de preguntas: ¿quiere tener al bebé? ¿Debería contactar con su padre? Mientras la apoyan en sus decisiones, Cristina y Esther van descubriéndose a sí mismas y buscando su propio lugar.

El punto original de Vida perfecta es el de mostrar lo que es una realidad para muchas mujeres: esas citas ginecológicas que se hacen eternas con espéculos que parecen salidos de una película de terror, esa necesidad de sentirse libres cantando a pleno pulmón en un karaoke, la locura de lidiar con la libido en pleno embarazo o la encarnizada lucha con la autoestima pasados los treinta. Todo resulta familiar en este sentido y pocas veces se explora de una forma tan desprejuiciada y libre en la ficción (algo de ello pudimos verlo en clave más humorística en Mira lo que has hecho).

El guión de Leticia Dolera y Manuel Burque no sentencia ni encasilla nunca a sus personajes, deja que se desenvuelvan incluso cuando toman malas decisiones y que se enfrenten a las consecuencias sin llevar el drama a la tragedia. Por el camino, se dejan también muchos enteros en comedia y verosimilitud y no pueden evitar caer en el gran tópico que ha venido gestándose desde que el mundo es mundo: las tres mujeres protagonistas se definen en buena medida por sus relaciones sentimentales sean éstas de la índole que sean.

Rupturas, traiciones, encuentros, infidelidades se suceden en Vida perfecta de modo que podemos hablar mucho del plano afectivo, pero muy poco de otros que deberían ser tanto o más importantes en la ficción. De hecho, cuando se tocan, aunque sea de soslayo, es algo bastante satisfactorio.

Que una mujer trabajadora y con dos hijas que prácticamente tira del carro sola tenga tiempo para tener citas y encuentros sexuales es ciencia-ficción, que María vaya a ser madre soltera y no pise la clínica dental en la que trabaja, tampoco tiene mucho sentido pero. sin embargo, que Esther haga todo un alegato en contra de la cultura del éxito, es revelador, si no catártico. Cuánto dañito ha hecho que la gente se crea esa vacía frase de Coelho de que "Cuando deseas algo con mucha fuerza, el Universo conspira para que realices tu deseo". Pues no, puedes desear algo con todas tus fuerzas y no alcanzarlo jamás. Y ojo, que lo mismo es positivo.

Vida perfecta, que en un primer momento iba a llamarse Déjate llevar habla, de hecho, de algo tan universal como que la vida es lo que te pasa mientras esperas alcanzar la felicidad. Es decir, que lo importante es el camino que se va haciendo al andar y que puede llevarte muy lejos de tus objetivos, sin que por ello el resultado tenga por qué ser peor. Y lo hace valiéndose de los hitos vitales de tres mujeres que pasan por momentos diferentes pero que comparten esa sensación de andar perdidas incluso dentro de su propia piel. Está claro que Dolera es un diamante en bruto que, si se pule con el tiempo, podrá deslumbrar. Mientras tanto, esta serie es un trabajo muy digno que a lo mejor contribuye a visibilizar realidades ocultas a pesar de ser cotidianas.

Valoración

Atípica pero no revolucionaria, la nueva serie que se suma a la cartera de originales de Movistar + nos narra una crisis de identidad de tres mujeres que superan la treintena. Más cerca del drama que de la comedia, muestra un amplio abanico de situaciones por las que podría pasar cualquiera.

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

Machi y Colomo como pareja. Villagrán brilla con luz propia, sobre todo por su espontaneidad y la forma en la que carga contra la cultura del éxito.

Lo peor

Que no consiga hacer un retrato de ninguna de las protagonistas prescindiendo de una sobreinflada vida sentimental.

Y además